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Municipios
Día de Muertos, fiesta en Acatlán de Osorio
Están toda la noche en el panteón. Foto Bibiana Díaz
El Sol de Puebla
3 de noviembre de 2009
Maritza Mena
SIERRA DE LA MIXTECA, Pue.- El olor a incienso y a flor de cempasúchil se percibía en el aire, a pocos metros antes de llegar al panteón municipal de Acatlán de Osorio, aquí, la celebración de los muertos ha alcanzado su punto máximo, pues resguardar las tumbas de quienes se han ido de este mundo es una verdadera fiesta. Antes de entrar la madrugada del 2 de noviembre, los habitantes de este lugar ya habían comprado ceras y flores para adornar las criptas de sus difuntos, de los que se cree, regresan para convivir con sus familias. El camino hacia este municipio enclavado en la Sierra de la Mixteca, a tres horas y media de distancia de la capital de Puebla, ya lucía atestado de vendedores de flores, de velas, de incienso, pero también de una rica variedad de comida, cerveza, discos pirata y hasta aparatos electrónicos pequeños. El acceso al panteón se hace a través de los puestos que ofertan diversos productos, desde afuera, el recinto lucía iluminado por las ceras y el humo proveniente de los incensarios provocaba una bruma que se extendía metros arriba de los árboles del cementerio. La entrada era limitada, pues tal vez cientos de visitantes ingresaban por minuto al campo santo, cruzando una puerta de no más de cinco metros de longitud. Adentro ni la crisis, ni el incremento a los impuestos importó, pues los adornos que las familias hicieron sobre las tumbas en honor a sus difuntos, lucieron majestuosos. Faltaban sólo 20 minutos para la media noche del 1 de noviembre y el panteón municipal lucía repleto. A esa hora continuaban llegando tanto familias grandes como pequeñas; sus integrantes de todas las edades se dedicaban a adornar las criptas o a rezar alguna plegaria frente a sus muertos resguardados en concreto. Los cánticos provenían de todos puntos cardinales y de diferentes instrumentos musicales, hasta la voz servía para amenizar el ambiente que también fue invadido por el alcohol, pues muchos visitantes aprovecharon la ocasión para beber alguna cerveza o un vaso de tequila. Era medianoche cuando Juan llegó al cementerio, con dificultad cargaba un modesto ramo de flores color naranja, de cempasúchil, que puso haciendo una cruz sobre el altar de color azul de su padre, Ricardo Mejía. El hombre ya tiene 72 años de edad, y aún conserva la tradición, le compró a su padre una cera de un kilo y dos más de color rosa que adornaban la cabecera de la cripta que lucía con pocas flores. Sus movimientos lentos al tomar la garrafa que contenía agua y que luego inclinó para rociar las flores, dieron cuenta de que los años no han pasado en vano. "Ya tiene muchos años que vengo, desde que era chico, venía con mi papá, ahorita también vengo a visitar a mi suegra y a una cuñada". Este hombre ha perdido a sus padres y a tres hermanos, todos, según dijo, están enterrados en el panteón del municipio de Acatlán de Osorio, como él, miles de personas acudieron a visitar a sus difuntos la madrugada del 2 de noviembre. UNA TRADICIÓN QUE NO MUERE A 20 minutos del municipio de Acatlán de Osorio se encuentra San Pedro Yeloixtlahuaca, también municipio. El ingreso a esta comunidad de alrededor de cuatro mil habitantes, conserva hasta esta fecha la tradición de esperar la llegada de los muertos durante la madrugada del 2 de noviembre. El reloj marcaba la 1:00, y el panteón hecho de adobe en su fachada lucía brillante por las miles de velas encendidas que provenían de su interior. Crisantemos, gladiolas, nubes y terciopelos eran cargadas por los visitantes del cementerio, que luego fueron colocadas en las criptas, junto a ceras de diferentes tamaños. Los niños más pequeños corrían entre las tumbas y los adultos se sentaron alrededor de ellas, consigo llevaron alimentos para pasar la noche, además de chamarras, cotones o cobijas, a pesar de que la madrugada fue calurosa. La noche fue iluminada por la luna llena y el panteón por las ceras que alumbraron sin cesar hasta que llegó el alba, cientos permanecieron sentados a esperar los rayos del sol, que consigo trajeron el día y se llevaron a los espíritus, que, según el ritual de Todos Santos, estuvieron por una noche en la tierra de los vivos. HISTORIAS DE LOS MUERTOS Pedro Ramírez Ambrosio, de 68 años de edad, fue a visitar a su padre y abuelo al panteón del municipio de San Pedro Yeloixtlahuaca, acudió sólo con su esposa, pues dijo que sus hijos están trabajando en Estados Unidos y es difícil para ellos regresar a su comunidad. Antes, señaló, era más fácil. "Como no tienen papeles es más difícil para ellos venir". Estaba sentado frente al altar de su padre, Juan Ramírez Santos, y meditaba antes que este diario le solicitara una entrevista. Pedro lleva 40 años visitando el panteón, el tiempo que tiene su padre de muerto. "Yo pienso que la tradición no se va a terminar, pues viene mucha gente, como todo creyente católico", dijo. Había llegado al cementerio desde las 8:00 horas del 1 de noviembre y dijo que esperaría el amanecer. Prisiliana Reyes Aguilar llegó alrededor de las 11:30 horas, acompañada por su madre, Virginia Aguilar López. Ellas estaban frente a la tumba de su padre, pero también visitaron a su hermano poco después. Prisiliana comentó que la tradición de velar a los difuntos continúa, a pesar de la crisis económica. Mencionó que la gente sigue llegando año con año a este lugar, pues los habitantes de San Pedro tienen arraigada la tradición que al paso del tiempo, incluso, más gente joven se ha incorporado a la fiesta de los muertos. |
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