Opinión / Columna
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José Alarcón Hernández
Carta a Juan de Palafox y Mendoza
El Sol de Puebla
5 de octubre de 2009
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Te saludo con alegría inmensa en estos trescientos cincuenta años de tu vuelta a la casa del Padre.
Como muchos, también te admiro por el testimonio que diste de conducta evangélica, durante tus cincuenta y nueve años que viviste aquí en la tierra.
La verdad es que los cargos que desempeñaste como pastor y como autoridad civil significaron un reto que sólo tú, como pocos, pudiste realizar, por ser un hombre de fé, de oración y de dominio de las ciencias religiosas, jurídicas y del ejercicio político.
Con motivo de ese aniversario, te reitero, que vives en el corazón de los poblanos que conocemos lo que hiciste durante tu episcopado, por tus amados angelopolitanos.
Conmemoramos esa celebración con un coloquio organizado por el Secretario de Cultura, Alejandro Montiel Bonilla, con el agrado del gobernador Mario Marín Torres.
La doctora Raquel Gutiérrez Estupiñán, habló de tí maravillas y de tu amistad, con Santa Teresa de Ávila, de la vida mística de ustedes dos, que te dio fuerza para superar las contrariedades que enfrentaste.
Escuché a la doctora Marcelina Arce Sainz, que refirió tus múltiples escritos, que te acreditan como uno de los autores eminentes del siglo y de la cristiandad en América.
Al terminar la conferencia magistral en tu honor, fue repartida una oración privada para pedir por tu beatificación. El grabado que contiene corresponde a un oleo, poco conocido, que se encuentra en la casa presidencial de México.
Mientras esto ocurría, recordé que la congregación para la causa de los santos, ha aprobado tu beatificación y que en cualquier momento, el Papa Benedicto XVI, firmará y emitirá el decreto.
¿Qué organizaremos los poblanos y la iglesia de México, para celebrarlo, cuando conozcamos que el sucesor de Pedro te ha declarado beato?
Tú mereces, aún cuando no te agrade que te lo diga, todas las demostraciones de admiración por el ejercicio eficiente de los cargos, como obispo de Puebla, que estoy seguro, que fue el que más quisiste, independientemente del de Visitador, el de Virrey, el de Capitán General de la Nueva España y Arzobispo electo de México.
En todas las responsabilidades civiles que desempeñaste, demostraste ser un político justo, eficaz y leal, por eso, eres un modelo de conducta. A propósito, una vez escuché a Jesús Reyes Heróles citarte, diciendo: "...como afirma Juan de Palafox y Mendoza": "hay que gobernar por prevención y no por remedio".
En tu servicio como pastor, hasta tus adversarios religiosos reconocen tu rectitud, pues lo que hiciste para reformar al clero, era sólo aplicar los mandatos del Concilio de Trento. Sabemos que visitaste toda tu diócesis, cuyo territorio abarcaba dos o tres tantos más del actual, pues comprendía del Golfo al Pacífico.
Estimado Juan: En la ciudad de Puebla existe un monumento tuyo en la avenida Reforma y trece norte, diseñado y esculpido por el connotado Jesús Corro Ferrer, donde apareces junto a un indígena para representar la especial protección que brindaste a nuestra raza. Una de las cuatro calles principales, de esta tu ciudad episcopal, lleva tu nombre y un municipio del estado de Puebla se llama San José Chiapa, para recordar que allí estuviste oculto para protegerte de tus perseguidores. El bachillerato de la localidad lleva tu nombre.
Tú nos dispensarás, porque no hemos tenido el valor, tal vez, por los prejuicios, para poner tu nombre en el Salón de Sesiones del Congreso del Estado.
Cuando fuiste obispo de Puebla, atendiste la educación, esa sí de calidad, ahí están en pie los edificios educativos, que ahora, forman parte del corazón del Centro Histórico y la biblioteca que lleva tu nombre; también te preocupaste por la salud, una muestra de ello es el ex hospital de San Pedro, entre otros. Proveíste de agua y alimentos a la población, porque durante tu episcopado, también se presentaron sequías y calamidades.
Vuelvo al coloquio en tu honor. El maestro Jesús Joel Peña Espinosa, disertó acerca de la reforma eclesiástica y la administración de los sacramentos, que aplicaste, como uno de tus ejes pastorales. Vivías para tus fieles, con el Evangelio de Jesús y por amor al Padre.
La doctora Montserrat Galí Boadella, autora de un libro, "La Pluma y el Báculo. Juan de Palafox y el mundo hispano del seiscientos", ponderó la construcción del palacio episcopal de Puebla, como un modelo.
El profesor Pedro Ángel Palou Pérez, hizo por demás brillante, una semblanza de la Biblioteca Palafoxiana, que se inició con la donación de cinco mil libros de tu biblioteca.
El dos de octubre el maestro, presbítero, Sergio Fuentes, pronunció la elegía de la herencia palafoxiana que nos hace sentir orgullosos de tu legado.
El doctor Rafael Sánchez Vázquez, fue el último expositor al hablar de la impronta del venerable humanista Don Juan de Palafox y Mendoza, promotor de la cultura jurídica de México.
No omito decir que el primero de octubre, el Secretario de Cultura, inauguró en la Sala Fabián y Fuero, la exposición titulada: "El legado de Palafox".
La UPAEP ha presentado una exposición, en su museo, ubicado en la once poniente mil novecientos catorce, en tu honor, que durará varias semanas.
Don Juan: era importante platicarte algo relacionado contigo. Ahora, aprovecho para referirte algunas de nuestras aflicciones de las que estás enterado:
La tercera parte de los mexicanos viven en pobreza alimentaria y la cuarta parte en pobreza patrimonial; varios millones están desempleados, muchas familias carecen de ingresos para hacerle frente a sus gastos en médicos y medicinas y para colmo de males, la influenza amenaza con eliminar de esta tierra a cientos de miles.
También estás informado del caso de las Juanitas, del hoyo financiero, de la evasión y la elusión fiscales, de la actitud patrimonialista de los partidos, etcétera. No es momento de referirte nuestros males, pero sí, te pido que nos ayudes a ser más responsables para ser mejores cristianos y ciudadanos cabales.
Muchas cosas más tengo que decirte, pero ya no quiero atosigarte, sólo déjame expresarte mi felicidad porque sé que también fuiste especial amigo de otro grande de la cristiandad intelectual: Baltazar Gracian Morales.
Me despido refiriéndote que conozco el libro que escribió Genaro García, uno de tus biógrafos más distinguidos, publicado en México, por la librería de Bouret, en 1918.
El libro "Una mitra sobre dos mundos", de Sor Cristina de la Cruz de Arteaga y Falguera, es extraordinario, publicado el primero de agosto de mil novecientos noventa y dos, durante el gobierno del Lic. Mariano Piña Olaya, con la dirección editorial de Sabino Yano Bretón, siendo Secretario de Cultura el Lic. Eduardo Arroyo Cruz.
El padre Ildefonso Moriones, quien ha sido, con gran éxito, el promotor de la causa tu beatificación, me obsequió tres libros: "Vida Interior", de tu autoría; "Il Venerabile Giovanni de Palafox", de Riccardo Fernández Gracia y "La Causa de Beatificación de Juan de Palafox", de Don Ildefonso.
Cuando Juan Pablo II, visitó la ciudad, en mil novecientos setenta y nueve, al pasar frente a la Catedral que tu ordenaste terminar de construir, exclamó admirado: "¡Esta es la gran Catedral del Obispo Palafox!".
¡Adios Don Juan, espero tu contestación, pronto te mandaré otra carta, mientras tanto, bendícenos!.
Estimado lector, tengo un correo electrónico que pongo a sus órdenes: alarconpuebla@yahoo.com.mx
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