Opinión / Columna
 
Jorge Lerín Valenzuela 
Justicia mediática
El Sol de Puebla
29 de septiembre de 2009

  La expresión de medios de comunicación televisivos, noticiarios, prensa, radio, imagen e Internet, etc., han adquirido relevancia al hablar de la verdad o popularidad, derivándose de este acontecer diario el adjetivo mediático; esto es, relativo a los "mass media", siendo estos los estímulos ante los que responden la gran mayoría de televidentes.

Así tenemos, que los medios de comunicación han ingresado en los campos de la impartición o procuración de justicia mediática, a través de los informes o testimonios que rinden ante los diversos medios de comunicación, se aborda el caso del fanático religioso que secuestró un avión; la aplicación del rigor de la pena de prisión al criminal del Metro del Distrito Federal, tal parece que a ciencia cierta nadie sabe, si es un desequilibrado mental o un fanático religioso o político, o si por cuestiones emotivas perdió el control, al pretender grafitear frases "gobierno ratero" "gobierno que nos tiene muertos de hambre" disparando un arma de fuego, y matando a un policía que trató de impedírselo, y a un civil que pretendió detenerlo; y la inconmensurable campaña de patrocinio de la indígena Jacinta Francisco Marcial, puesta en libertad por insuficiencia de pruebas de responsabilidad en supuesto delito de secuestro de agentes de la antigua Agencia Federal de Investigación (AFI) y en espera de que otras detenidas sean puestas en libertad por la misma razón legal; surtiendo efectos la aplicación del principio latino que reza: "In dubio pro reo", deberá estarse siempre a lo más favorable al acusado, y el reclamo a las autoridades de la Procuraduría General de la República, de que sean indemnizadas por daños ocasionados, por estar injustamente privadas de la libertad; y que no decir de la lucha emprendida para que se haga justicia a las dizque "violaciones sexuales a mujeres de Atenco; ¿Acaso no es aplicable el principio constitucional "de presunción de inocencia" en la justicia mexicana? Tal parece que este principio a la fecha es letra muerta, y en la legislación mexicana primero eres culpable y después sin pruebas que sustenten la culpabilidad te declaran inocente.

Lo que es peor, es que los medios de comunicación puedan inferir en las determinaciones de un Juez, quedándose a la orilla los derechos fundamentales, recordemos que en Estados Unidos, los Jurados no pueden estar sujetos a los juicios y criterios de los medios de comunicación, incluso cuando existe el riesgo fundado de que su determinación, pueda sufrir interferencia alguna por causa de los medios de comunicación, se podrá excusar y será otra delimitación territorial en donde se determine la resolución que emita el Jurado, subrayó la importancia que esto tiene y que no podemos permitir que se violente el estado de derecho, por acoso de los medios de comunicación, en México y en todo el mundo los únicos facultado para determinar la culpabilidad o en su caso la falta de esta, serán los jueces o el poder judicial.

Empero, es un hecho irremediable que el número de horas que pasa una persona frente al televisor va en aumento, por tanto, la información que recibe de alguna forma es valorativa, en cuanto a los juicios que habrá de tener frente a determinadas noticias que se dan por ciertas circunstancias de la vida pública nacional, los jóvenes y adultos se vuelven sordos de por vida, y no se permiten trabajar un juicio confiable por perezosos y se atienen a los apocados juicios valorativos de los medios de comunicación. Cabe entonces formularse la pregunta: ¿La vida mediática tiene efectos en los procesos de averiguación (delitos, delincuente) y judiciales (juzga, sanciona al responsable)? La respuesta es sí, y por es por ello se empieza hablar de la justicia mediática, por la notoria influencia de los medios de comunicación en las decisiones de las Procuradurías General del Justicia Federal y Estatal, Jueces y Tribunales, y la influencia de los medios en la población grupos antagónicos del gobierno, al realizar una justicia paralela sobre algunos casos concretos; plasmados por argumentos mediáticos, discursos audiovisuales, con privilegio de imágenes, que realiza un medio de comunicación en abono o cargo de un individuo sujeto a una averiguación por comisión de delito, o efectuada para provocar que las autoridades que procuran e imparten justicia, se les provoque para la apertura de proceso judiciales, contando un revisor de las etapas, es más algunas veces, ya se consideran responsables según su óptica y sancionan a las personas involucradas, sin que se haya cumplido con principios constitucionales de presunción de inocencia, defensa adecuada y debido proceso; descargos y ataques que no sólo comprenden a las partes, sino que abarcan a Procuradores de Justicia, Agentes del Ministerio Público, Jueces y Tribunales, acusados, ofendidos o víctimas del delito, terceros coadyuvantes en los procesos y procedimientos etc.

Cuantas horas al aire en medios de comunicación, mediáticamente se utilizan todo género de argumentos (entrevistas a los abogados defensores, familiares de los detenidos, hasta el lugar donde estén radicando) generando justicia mediática con alto grado de presión para las autoridades. Me viene a la mente el caso de Gloria Trevi, donde se desplazó un enorme dispositivo informativo para desacreditar su imagen y qué fue lo que en la realidad sucedió, hoy la vemos nuevamente en todos los medios de información de espectáculos, con una carrera artística prometedora, y dónde quedaron entonces todos los delitos que se le imputaron, o nunca existieron o pusieron al descubierto la corrupción de la justicia en México.

Pero, el ejercicio de la misión informativa apuntala la función judicial, alguno de mis lectores se preguntará, en el fondo hay una libertad de informar que tienen los medios de comunicación y con alguna frecuencia las críticas expresadas, son hechas sin el conocimiento concreto de las sentencias y se basan en elementos de simpatía hacia ciertas personas o de animadversión a algunos funcionarios. Sin embargo estas censuras, difundidas entre los medios de comunicación, sí llegan a afectar la confianza o credibilidad que debe merecer las autoridades que procuran e imparten justicia. Urge sanear la veracidad de los medios, en beneficio de ellos mismos y como consecuencia del bien común.




 
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