Opinión / Columna
 
David Bravo y Cid de León 
Parlamento
El Sol de Puebla
25 de septiembre de 2009

  Asentir y disentir

Las comunicaciones sociales son las que relacionan, unen y vinculan a las personas mediante la información y ejercen poderosa influencia en la formación de la opinión pública. La información si guarda y observa fidelidad en la noticia, en la crónica y en lo que narra contribuye a la formación de la opinión pública acorde con la objetividad y realidad de las cosas, si se aparta de la fidelidad, entonces, deforma la opinión, y una opinión deformada aleja de la realidad a las personas. Dicho de otro modo la falsificación de la realidad confunde a la sociedad, y una sociedad que vive en la confusión y en la irrealidad pierde su capacidad de realización.

Esto explica el porqué siempre serán cosas distintas la información y la opinión pública.

La Opinión Pública es el fruto de la reflexión sobre la información, y éste, en un proceso natural se inicia por el sentido común que presiente lo que puede ser cierto y lo que es engañoso. El sentido común es una cualidad natural de las personas, se encuentra entre la razón y el entendimiento, misma, que no puede alterarse por elementos externos a ella, no hay manera de someterla al error y mucho menos ser sujeto de manipulación; pertenece al fuero interno de la persona en el que sólo ella es la que manda, a pesar de las adversidades y de las insidias que le asaltan. Tenga mucha o poca inteligencia la persona siempre llega a descubrir cuando ha sido sujeto de engaño. Esto explica porqué la distinción entre la opinión publicada y la opinión pública.

Los medios de comunicación son los vehículos que transmiten a la gente aquellos elementos que influyen en la parte psicológica de las personas y contribuyen a la formación o deformación del modo de ser de cada persona. El grado de educación, la cultura y la capacidad de discernimiento influyen determinantemente en el tiempo que se tarda el sentido común en descubrir el engaño o la veracidad que avala la noticia. La parte racional de la persona le conduce a tres apetencias de orden natural, a saber: de veracidad, de evidencia y de certeza de lo que ve escucha o lee. Esto explica, indirectamente, el auge sorprendente de Internet, de la telefonía celular y de las redes de información y comunicación. Dicho con otras palabras la necesidad de interrelacionarse las personas, entre sí, no se atora en el esparcimiento sino que se orienta a la búsqueda de la veracidad en lo noticioso; de la evidencia de la interdependencia y de la certeza de la información por la comunicación.

En este orden de ideas es menester mencionar que existen verdades que no necesitan demostración porque su valor es universal: Es verdad que el tamaño del todo es mayor que el tamaño de cada una de las partes; Es verdad que el todo se forma por las partes que lo integran; Es verdad que la parte no puede ser igual al todo; Es verdad que la causa genera un efecto, pero existe otro principio con rigor universal que impone orden en la verdad de las cosas y dice: Una verdad no puede ser contraria a otra verdad. Si es verdad que la parte no es igual al todo, el todo no puede ser igual a una de sus partes.

Esta discusión nos conduce a reflexionar sobre la validez de los sondeos de opinión también llamados encuestas. No está a discusión si las empresas que hacen las hacen son honestas o no, tampoco está a discusión el método y procedimiento científico aplicado. Lo que está a discusión es si la estadística puede ser cierta, veraz y evidente en tratándose del estado de ánimo de las personas que son interrogadas en los sondeos de opinión.

De la definición de estadística en la Real Academia Española se desprende, sin rebuscamientos interpretativos, que el estudio de los datos cuantitativos, materia de la estadística, tienen- I}- masa [ y por lo tanto peso]; II-}-tienen-extensión [ ocupan un lugar en el espacio]; III-}- tienen dimensión horizontal y vertical, es decir hacen referencia: sea al número de la población; sea a los recursos naturales, sea a los fenómenos atmosféricos, sea a datos industriales, sea al volumen del tráfico, a preferencias de productos comerciales etc, etc, etc,

Un estado de ánimo no tiene masa que le de peso físico, su presencia es intangible. No tiene longitud ni dimensión horizontal o vertical, no es tridimensional. La gente experimenta muy variados estados de ánimo, su mente, su inteligencia, su voluntad son variables dinámicas de su entendimiento, no son cosas estáticas, que una vez conocidas se congelan para no cambiar perdiendo su natural dinamismo.

Los resultados de los sondeos de opinión sólo tiene validez para el número de encuestados y para el periodo de tiempo que su peculiar estado de ánimo le concede. La persona no es cosificable {tomarla como cosa}

El dato que revela una preferencia del estado de ánimo es válido sólo para los que fueron encuestaos. Un ejemplo nos da luz y claridad en estas reflexiones: 1-}Supongamos una organización con una membresía repartida en el Estado de Puebla que alcanza el número de 150,000 afiliados, simpatizantes y miembros activos. 2-} Que se selecciona por los métodos aleatorios 3000 personas en diversas zonas del estado para interrogarlas y captar su opinión. 3- Que se procesan las respuestas suponiendo sobrada honestidad y harto profesionalismo de las encuestadoras 4- El resultado será cierto para ese número de encuestados. Ahora bien, admitiendo sin conceder que todos piensen igual, El porcentaje referido al todo de la membresía resulta de dividir 3000 entre el todo que es 150,000 esto nos da =a 0.02%. 4- Este 0.02% no puede ser igual al 100% que es el todo. La verdad es difícil de decir, pero es más difícil aceptarla. Si la dicha organización, que mencionamos hace igual un 0.02% al 100% de sus agremiados está engañando al 98% de ellos. La encuestadora no puede igualar una parte al todo. Si lo hace, entonces la causa del engaño es corrupción y el efecto de la causa es la tapadera de una imposición.



davidbravocid@yahoo.com


 
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