Opinión / Columna
 
Fernando Hintelhoizer 
Enfermedades de la democracia
El Sol de Puebla
16 de julio de 2009

  Fernando Hinterholzer Diestel

Los pasados procesos electorales de los años 2003, 2006 y especialmente en este de julio del 2009 han sido sumamente aleccionadores sobre los nuevos fenómenos que se desprenden de la actitud del elector y de la forma en que emplea su única arma, que ha mostrado efectividad: el sufragio. Una de las características de los comicios de este lapso, especialmente las del 5 de julio pasado, es la determinación nítida del elector de castigar la gestión del partido en el gobierno.

En el pasado, la forma de explicar el comportamiento del elector era recurrir a la teoría sociológica, de psicología social y de la política, sustentando en el principio esencial de que el ciudadano reaccionaba según sus características sociodemográficas -de edad, sexo, escolaridad, religión, ingreso, actividad, estado y municipio donde provenía, entre muchas otras-, que el comportamiento político del ciudadano promedio y su preferencia electoral, por lo tanto, se podía explicar teniendo como punto de partida lo que era y no de lo que pensaba, opinaba o de las reacciones que tenía o iba desarrollando hacia la política.

Se llegó a establecer inclusive especies de biotipos políticos, como por ejemplo un campesino de edad media, baja escolaridad y bajos recursos, tenía una alta probabilidad de ser militante priísta (integraba el voto duro del PRI); en cambio, un hombre joven, de clase media, de alguna ciudad del norte del país, con una escolaridad e ingreso por arriba del promedio nacional, casi seguro sería panista; y un joven proveniente de provincia, de clase media baja o hijo de obrero, con cierta escolaridad, pertenecería a un partido de izquierda, el PRD.

El elevado abstencionismo observado en los comicios del 5 de julio (55%) y el voto anulado (5.8%) representan un grave problema para todo el sistema político, porque la población empadronada que no acudió a las urnas, que dejo de votar, disminuye sensiblemente la representatividad de toda elección (le importará esto a la Partidocracia acaso?) Con el apoyo explícito de una minoría de los ciudadanos (dos quintos del total) las dirigencias de los partidos seguirán recibiendo el gran subsidio público, los diputados cobrarán sus jugosas dietas, pronunciaran discursos, emitirán declaraciones y harán o modificarán leyes como si tuvieran efectivamente el respaldo entusiasta de la mayoría ciudadana.

El elector de estos tiempos ha estado sometido a la falta de cumplimiento de las promesas de campaña, a las controversias, descalificaciones y falta de acuerdo entre los políticos, preocupados más por el poder que por la sociedad. La percepción generalizada entre la ciudadanía sobre el desempeño mediocre en la gestión pública y con magros resultados, así como la baja productividad en el trabajo legislativo, donde la sociedad no se siente representada. La clase política y el fenómeno de la partidocracia que ha despertado grandes expectativas ciudadanas, que al no cumplirse ha generado una decepción inversamente proporcional a la de las falsas promesas.

"El resultado de las elecciones intermedias de 2009 mostraron la enfermedad que aqueja a nuestra incipiente democracia, y abre la posibilidad de tener al pasado como futuro. Una parte de la sociedad mexicana simplemente pareciera haber desistido de su interés por el cambio vía una derecha sin rumbo ni objetivo, que resulto ineficaz y más alejada del ciudadano común".



Consultor fhinter@hotmail.com


 
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