Opinión / Columna
 
Fernando Hintelhoizer 
Qué esperar del 5 de julio
El Sol de Puebla
19 de mayo de 2009

  Fernando Hinterholzer Diestel

En medio de una crisis económica de magnitudes impredecibles, de una guerra declarada a la delincuencia organizada, y de una epidemia "mediática" del virus de influenza humana, las campañas de los partidos políticos para las elecciones del 5 de julio se presentan como una actividad fuera de lugar y difícilmente creíbles para la mayoría de los mexicanos.

Los resultados de las recientes encuestas refuerzan la posición de aquellos que afirman que en tiempos de crisis, los gobiernos y sus respectivos partidos pierden fuerza como consecuencia de la responsabilidad que tienen ante el electorado por los efectos de una economía sumida en la recesión y generadora de desempleo. Aunque los factores de esta realidad provienen del exterior, para el elector medio es el gobierno el mayor causante de su desgracia. De ahí que la administración del Presidente Calderón insista una y otra vez en la efectividad de los programas de apoyo a la economía familiar y al mantenimiento del empleo.

El partido que ha capitalizado más lo dicho anteriormente es el PRI. Su ascenso vertiginoso en las encuestas responde a su lugar en cómoda oposición no comprometida con las grandes reformas que el país requiere, y que tienen un alto costo en términos de popularidad electoral. Agazapados en torno a sus gobernadores, quienes no rinden cuentas ni a sus Congresos Estatales y son frecuentemente señalados por su corrupción, los priístas festinan los resultados del gobierno federal, y la debacle perredista.

Sin embargo, una inteligente estrategia del líder nacional del PAN, Germán Martínez ha puesto en evidencia la esencia misma del priísmo: corrupción, ligas con el crimen organizado y otras linduras. Logrando un efecto directo en las encuestas nacionales de intención del voto, y generando una controversia en el IFE sobre las obligaciones que debe tener el árbitro electoral.

El gobierno del Presidente Calderón no debe quedar atrapado en manos de ese priísmo que añora el retorno a un pasado mitificado, su partido Acción Nacional, debe llevar a cabo una campaña que afirme lo logrado en estos 9 años, poniendo énfasis en lo que representa el retorno del PRI al poder. En este partido no se ha producido cambio significativo alguno, frente a lo que era cuando gobernaba al país. Las mismas caras (para prueba está la lista de candidatos a diputados), los mismos discursos demagógicos, y la falta de compromiso con los cambios de fondo que requiere la economía.

Lo que es innegable, es que la competencia electoral será el PAN y el PRI tanto en la elección de diputados federales, como en los seis estados donde se elegirán gobernadores. De acuerdo a los últimos resultados de los estudios de opinión a nivel nacional, el PRI tiene un 39% de intención del voto, contra 34% del PAN, y el PRD con un 18.5% de preferencias.

Estas elecciones intermedias han concentrado la atención de partidos y autoridades; el ambiente se ha enrarecido y la natural política de adversarios dará paso a la lucha entre enemigos; los acuerdos políticos disminuirán. Pero también la elección del 5 de julio enfrenta un reto importante: una nueva y compleja legislación que será puesta a prueba, la indeclinable vocación de los partidos de cuestionar al árbitro y la amenaza de penetración de las campañas por el crimen organizado.


 
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