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Opinión
![]() Fernando Hintelhoizer
Obama y México
El Sol de Puebla
20 de abril de 2009
Fernando Hinterholzer Diestel*
La pasada visita del Presidente norteamericano, Barack Obama, el 16 de abril es una buena noticia para el país y sus gobernantes, por la alta calidad del personaje y por su proyecto de gobierno. Sin embargo, el motivo de fondo de esa cortesía no fue otro que tratar de hacer frente a los efectos de las crisis tanto económica como de seguridad que vive el país. El Presidente norteamericano simboliza una gran victoria sobre la cultura racista que históricamente ha dominado a Estados Unidos de América y que ha tenido efectos muy negativos no sólo para los afroamericanos sino también para los mexicano-americanos en ese país. Políticamente, el actual Presidente de ese país es portador de valores políticos que se echan de menos en México. Su campaña primero y sus acciones después enfatizan su voluntad de sustituir al Estado neoliberal por uno que asuma como responsabilidad directa e irrenunciable el dar forma a una estructura social menos inequitativa, que provea de asistencia médica a todos los ciudadanos, que imparta una educación pública de calidad y que defienda con efectividad el medio ambiente. En la práctica, Obama parece dispuesto a ir con todo el poder del Estado para intervenir y reformar una economía que está en crisis por haber dejado durante decenios las grandes decisiones a la supuesta "mano invisible del mercado". Es claro que la visita del presidente Barack Obama a nuestro país representa un apoyo significativo a su homólogo mexicano en la guerra que libra contra los cárteles de la droga. En preparación para la misma, sus secretarías de Estado y de Seguridad Interior, así como su procurador general anunciaron acciones concretas, para controlar el flujo de armas hacia México y reiteraron su compromiso con el nuevo paradigma cristalizado en la Iniciativa Mérida, que se finca en el principio de corresponsabilidad en la lucha contra el narcotráfico. Menos positiva es que la visita este motivada por la preocupación patente en los círculos del poder y en la opinión pública estadounidenses por los altos niveles de violencia en México y el riesgo de que traspase la frontera. Alarman la ausencia de políticas encaminadas a reducir la demanda por drogas en ese país; el que haya permee cada vez más la percepción de que, si no lo es, México está cerca de ser un "Estado Fallido" y el que los medios de comunicación hayan convertido a la inseguridad en el tema dominante de su cobertura sobre el país. Sin embargo, no hay que hacerse muchas ilusiones de los resultados del encuentro Obama-Calderón. Es indiscutible que nuestro vecino país del norte brindará todo el apoyo económico y logístico para detener la violencia en la frontera; para impedir el trasiego de drogas; y quizás para cancelar las ventas de armamento para abastecer a los cárteles mexicanos. Pero en materia de inmigración y de comercio exterior, México tendrá que esperar que los norteamericanos superan la grave crisis económica que viven y luego se podrá ver la verdadera buena voluntad del gobierno de Obama para con su vecino y socio comercial del sur. *Consultor fhinter@hotmail.com Columnas anteriores
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