Opinión
Fernando Hintelhoizer
El modelo económico fallido de México

El Sol de Puebla
3 de marzo de 2009

Fernando Hinterholzer Diestel*

La crisis global que enfrentamos nos debe hacer reflexionar sobre el papel que juega el modelo económico neoliberal y las políticas públicas que han implementado las últimas tres administraciones federales, adoptadas por el país en los años ochenta y que nos arroja resultados pobres, crecimiento negativos y una muy desigual distribución del ingreso. Indicadores que veremos incrementados en estos próximos años por dicha crisis.

Hace un par de décadas, los países desarrollados y los organismos financieros internacionales, recomendaban a las ahora economías emergentes que adoptaran medidas de corte neoliberal que intensificaron en el largo plazo el aumento de la pobreza y la desigualdad. Existen oficialmente 59 millones de pobres en México, y a pesar de los anuncios del gobierno federal de una reducción de los índices de pobreza, no se sabe a ciencia cierta, qué tipo de metodología utilizaron.

Pero cómo se puede reducir la pobreza en un país, cuya economía no crece ni genera empleos suficientes, y con un modelo económico concentrador del ingreso y la riqueza, existe un grave problema de disfuncionalidad en el modelo, ya que tenemos una economía de monopolios y oligopolios que agrava las cosas en tiempos de crisis.

La respuesta se halla en la mezcla correcta de Estado y mercado; de regulación e innovación. En México, el modelo capitalista que no se basa en la competencia o en la innovación, sino en su obstaculización. Ese andamiaje de privilegios y de posiciones dominantes y nudos sindicales en sectores cruciales para el desarrollo de cualquier país, y México no es la excepción.

Y hoy el país, lamentablemente, carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar esta economía durante los últimos 20 años. Las reformas de los ochenta y noventa entrañaron la privatización, la liberalización comercial, pero esas reformas no produjeron una economía dinámica de mercado, con regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales y competitivos, porque en vez de transparencia y reglas claras prevaleció la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los funcionarios del gobierno encargados de regularlos.

Y los consumidores, los ciudadanos de México contribuimos a la fortuna de los ricos "empresarios" (Salinas, Slim, Zambrano, González, entre otros) cada vez que pagan la cuenta telefónica, la conexión a Internet, la cuota en la carretera, la tortilla a un precio fijo, la comisión de las Afore, la comisión por una tarjeta de crédito; ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas a través de la manipulación de los mercados. Y las ganancias exorbitantes acentúan la desigualdad, produce costos sociales, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que para competir globalmente necesita disminuirlos.

Y para extraer esas ganancias, estos "exitosos empresarios", han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado, y la concentración de la riqueza y el poder económico en esos jugadores dominantes ¿en qué se traduce? En ventajas injustas, en captura regulatoria, en políticas públicas que favorecen intereses particulares. Pero, peor aún, convierte a los representantes del interés público, a muchos políticos y servidores públicos, en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país.

Hoy México, inmerso en esta crisis, está aún lejos de acceder a ese capitalismo exitoso, dinámico, democrático, donde el Estado no protege privilegios, no defiende cotos, no elige ganadores, no permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder de vetar las reformas que los perjudican. Ese capitalismo abierto donde las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores, para los ciudadanos.

Por lo pronto, hay que afrontar lo mejor posible esta crisis global y después habrá que hacer una revisión profunda del modelo económico; acabar con los monopolios y oligopolios privados y gubernamentales; terminar de tajo las ventajas a los "empresarios exitosos"; y poner los ojos en los millones de pobres y desempleados que lamentablemente en el muy corto plazo, serán cada vez más.

fhinter@hotmail.com

*Consultor



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