Opinión / Columna
 
Patricia Acosta de Mendoza 
Páginas sueltas... Muerte de un ser querido...Cómo afrontarla
El Sol de Parral
18 de noviembre de 2009

  Cuando se pierde a un ser querido nos planteamos muchas preguntas y vamos entendiendo los ciclos de la vida. Pienso que lo natural es nacer y morir, pero cuando a un ser querido le llega la hora, sea como fuere, parece que no estamos preparados, como si fuera algo que nunca pudiera ocurrir, como si estuviera ajeno a nuestra condición de humanos.

Para mí, en realidad la muerte existe únicamente en un plano físico y ello me hace perder el miedo a vivir la vida en plenitud, aprovechando cada respiración hasta que, porque Dios quiera, o porque simplemente tenga que ser así, muera.

Recuerdo una metáfora que un expositor pronunció en una conferencia: "En un estanque vivía una pequeña colonia de larvas de libélulas, y de vez en cuando, una de ellas salía hacia la superficie del agua y desaparecía sin que nadie se enterara de lo que le había sucedido. El consejo de las larvas decidió que en el futuro, cualquiera de ellas que desapareciera de esta forma, se comprometía a regresar y decirles a sus compañeras qué es lo que pasaba allí arriba. Cuando la primera subió a la superficie, se encontró con un espectáculo maravilloso: una naturaleza brillante, árboles, el lago, las montañas, etc. Se había transformado en una libélula con fuertes alas que le permitían volar y disfrutar de su nuevo entorno. Después de pasárselo bien durante un rato, recordó su promesa y se lanzó hacia el agua para comunicar la buena nueva a sus ex compañeras. Llegando al agua, sin embargo, ésta la rechazó y no pudo penetrarla. Así que volvió a sus vuelos y a su nueva vida y las de abajo nunca supieron lo que les iba a suceder llegado el momento".

Este desconocimiento, o inseguridad de lo que pasa después de la muerte es precisamente lo que ocasiona que, cuando uno de nuestros seres queridos fallece perdemos nuestro equilibrio emocional y la mayoría de nosotros entramos física y mentalmente en la crisis de duelo.

A pesar de que la muerte es un hecho inevitable, nunca se está lo suficientemente preparado para afrontar la ausencia de un ser querido. Y es que no solo se pierde a esa persona, sino también el papel que ocupábamos en su vida. La pérdida de un ser querido representa para el ser humano el dolor más grande que nos pueda suceder, pero con el paso del tiempo la herida cicatriza y retornamos a la normalidad. Pensar que continúa estando a nuestro lado, es algo que nos consuela. De nosotros depende que así sea, conservándolo en nuestro recuerdo.

Enfocar la atención en los buenos momentos también es recomendable. Cuando probé yo misma ésta estrategia en ocasión del fallecimiento de mi esposo, hoy hace seis años, pude reducir mucho la tristeza por su muerte, recordando junto a mis hijas los momentos preciosos que había tenido con él, su sonrisa, su sentido del humor, su cariño, las cosas que contaba, sus consejos y su capacidad de escuchar.

Este ejercicio de búsqueda de bellos recuerdos de nuestra convivencia, por un lado nos saca momentáneamente de la depresión y tristeza, y por otro, nos permite crear una evaluación positiva de las relaciones que tuvimos, reviviendo esos momentos con cariño y disfrutándolos con placer en nuestra memoria. Recuperarse y afrontar la pérdida no significa olvidar, puesto que esa persona que ya no se encuentra con nosotros siempre permanecerá a nuestro lado, en nuestro interior, en nuestro corazón y en nuestra mente.

Por último, si me permites darte un consejo: siempre debes dejar con palabras de amor a las personas que quieres. Puede ser la última vez que las veas.

pachikel@yahoo.com.mx


 
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