Opinión / Columna
 
Alvidrez Parada Francisco Javier 
El desafío
El Sol de Parral
8 de octubre de 2009

  De cara a la nueva realidad del siglo XXI y ante la aberrante situación que vive México. Los ciudadanos mexicanos tenemos ya que decidir, libremente y sin ambages, el proyecto social-político que habrá de conducir y posesionar a México como una nación desarrollada. En este proyecto, es obvio, no podrá haber ni vestigios del fracasado sistema político actual, pues en la nueva e inédita dinámica del geodesarrollo, dicho sistema ya sobra. Puesto que la educación, preparación, tecnologías y ciencia son los ejes fundamentales del desarrollo y progreso de las nuevas sociedades en las que se valoriza al ser humano por lo que sabe mediante el estudio y el conocimiento, no por lo que tiene (visión retrógrada), pues el saber es inherente al desarrollo, así como el intelecto al hombre (y la posesión a los animales).

Pienso que el mayor problema en México, no es la pobreza, la inseguridad, o la falta de recursos, aún en la política, sino en el desarrollo o propiamente dicho en la enorme carencia de éste entre la población, pues de esto se derivan la mayor parte de los graves conflictos que vive el país...

La falta de desarrollo es signo inequívoco de la ausencia de educación, por lo tanto de conocimiento y una sociedad en estas condiciones es extremadamente fácil de engañar, burlar, saquear, explotar... esclavizar (por vivales) y su destino ineludible es: La mediocridad primero, después la miseria y al final la ruina. En esto siempre habrá quien obtenga enorme lucro y es seguro que la nación y la sociedad no son ese "alguien".

En concreto, la transformación de una nación se tiene que llevar a cabo desde el mismo fondo del pensamiento de toda la sociedad. Pienso que los mexicanos debemos desterrar para siempre el denigrante y vulgar concepto de "pueblo", para aceptar y tomar nuestro legítimo lugar de ciudadanos y así asumir nuestra responsabilidad y derecho de decidir el proyecto político-social que genere, impulse y consolide el vertiginoso progreso de nuestro país. Pues en la conciencia de esos ciudadanos es donde surgen los primeros reclamos de justicia, libertad y dignidad. A partir de aquí los cambios ya no se detienen, teniendo que ser encauzados por medio de educación, esfuerzo y trabajo. Esto bajo una férrea disciplina en donde todos los sectores de la sociedad lleven por igual un solo fin, una sola visión fundamental: El engrandecimiento de México como nación, lo que sin duda será reflejo de una reconformación de la estructura social, la cual tenga como base esencial una vigorosa dinámica de desarrollo, que dé como resultado un gradual, pero sostenido, aumento en el nivel de vida de toda la sociedad mexicana, lo que, por ende, llevará a una reconsolidación de nuestra soberanía frente a nefastas y oscuras dependencias a poderes hegemónicos extraños, llenos de ambición por explotar y saquear nuestro país.

El nuevo geodesarrollo les brinda a las naciones la invaluable oportunidad de progreso, basado en educación, tecnología, hidrocarburos y relaciones comerciales multilaterales... Este debe ser el gran reto global para México y para nosotros como sociedad (insertarse como protagonistas en el nuevo desarrollo mundial. Esto en un contexto internacional de mayor libertad pues las (hoy) antiguas hegemonías económicas sucumbieron ante sus propias y aberrantes doctrinas (neoliberalismo imperial), aunado al poderoso embate de nuevos polos de desarrollo (y poder) global (ejemplo: China)... Por lo tanto los fundamentos retrogradas de la derecha neoliberal en el mundo hoy están muertos. Fueron éstos los que generaron la cloaca rebosante de excremento y miseria en que este país está convertido.

El enorme desafío es para la sociedad (obreros, estudiantes, intelectuales, profesores, profesionistas, industriales, militares, jóvenes, adultos mayores, trabajadores agropecuarios): Transformar México y constituir una nueva generación de políticos en verdad preparados, con profunda educación, capacidad y nacionalismo para dirigir este país.


 
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