Opinión / Columna
|
Mario Alberto Gaytan Urbina
Docencia, estructura axiológica y sociedad actual (III)
El Sol de Parral
30 de enero de 2012
|
Es importante que comprendamos y reconozcamos a partir de un autoanálisis crítico que la primera huella que la escuela, la televisión, la familia y la sociedad en general, imprimen en el alma del niño es la competencia, la victoria sobre sus compañeros, el individualismo: ser el primero en todo, ¡el ganador!
Cuando utilizamos juegos didácticos individuales en el proceso de enseñanza-aprendizaje, impulsamos la competencia y el individualismo; cuando hablamos de competencias laborales y cuando nos proponemos que nuestro estudiante sea competente y competitivo, también lo hacemos.
La escuela transfiere la responsabilidad de educar a la familia y la familia delega totalmente en la escuela la educación de sus hijos.
Cuando el estudiante muestra un comportamiento negativo, la escuela responsabiliza a la familia de tales conductas y viceversa, o sea, cuando el hijo actúa mal en la casa, los padres de familia aseguran que la escuela no está jugando el papel que debe.
La piedra angular de nuestra educación se asienta sobre el individualismo y la competencia, esto genera una gran confusión porque damos largas charlas sobre la solidaridad y el colectivismo que se contradicen con la desenfrenada búsqueda del éxito individual para el cual los preparamos socialmente.
Cómo hacer alumnos emprendedores si el docente y la sociedad no son emprendedores; cómo enseñarles que vivan plenamente si nosotros no podemos vivir plenamente; ni trabajar en equipo o en colegiado ¿A caso así convivimos en nuestra sociedad? ¿Somos cordiales y amistosos?¿Tenemos amor a la patria, a los derechos de los demás, tenemos conciencia internacional, vivimos democraticamente? ¿Nuestro grupo cultural se caracteriza por el interés al estudio y la investigación? ¿Somos solidarios, constructores del conocimiento?
Necesitamos escuelas que favorezcan el equilibrio entre la iniciativa individual y el trabajo en equipo, que condenen el feroz individualismo que embarga en ocasiones a nuestros niños para que el hombre no sea un lobo para el hombre, lo cual se logra formando competencias ciudadanas en todos los actores educativos y una cultura axiológica. Sugerimos que las escuelas de nuestro siglo no sólo transmitan conocimientos, Según José Martí "El pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos". No podemos tratar a los estudiantes como manejamos las cosas o pertenencias materiales. Habituados a manipular y mover las cosas en el mundo físico que nos rodea, olvidamos a veces que el trato social es muy diferente. Existen en nuestra vida laboral y profesional hábitos de pensamiento y de acción que requieren de modificaciones. Para influir educativamente en los nuevos ciudadanos, nuestros estudiantes, es vital salvar el prestigio y la estima de ellos, contribuir a que se sientan importantes, considerados, reconocidos y estimados. Construir nuevos caminos de ética y derribar murallas anquilosadas en los intereses creados, es el reto de una verdadera escuela, incluso de la televisión, la familia y la sociedad en general.
Columnas anteriores
Columnas anteriores