Opinión / Columna
 
Samuel Aarón Peña Garcia 
Arte callejero, diversión y compasión
El Sol de Parral
30 de julio de 2011

  Domingo por la tarde paseamos por la avenida Juárez, y en medio del bullicio de la gran ciudad, nos llega el rumor de una aria de ópera conocida, nos acercamos a un círculo de personas que rodean a un hombre joven, de modesto traje y corbata y frente un atril, donde se aprecian varias partituras y sí, efectivamente, debo reconocer que es poseedor de una buena voz de tenor, e inclusive por la forma de emisión de su voz se aprecia tener una preparación vocal, interpreta a capela y con muy regular volumen de voz un aria de Turandot, recibe los aplausos y posiblemente unas cuantas monedas en un bote que ha depositado al pie del atril y después se sigue interpretando algunas melodías de la lírica italiana. Y esto nos lleva a la reflexión: ¿qué hace un cantante, con buenas aptitudes ofreciendo su arte en la calle y por unas cuántas monedas que el transeúnte le brinda, cuando bien podía ofrecer sus interpretaciones en alguna sala de música y porqué no, pensando en Parral, en un recital en la Parroquia ya convertida en ocasiones en sala de conciertos?, pero desgraciadamente y conforme lo injusto del sistema, posiblemente sea la única manera que le ha quedado, ante la falta de oportunidades, para buscar su propio sustento o de su familia, irónicamente cantaba en la calle frente al máximo Teatro de las Bellas Artes, el Palacio.

Continuamos por la avenida Francisco I. Madero, que se ha cerrado al paso vehicular y luce grandes y magníficos macetones con árboles y plantas de ornato, la afluencia de la gente es un río de constante ir y venir, y atrae la atención de los paseantes entre vendedores de diferentes artículos y productos alimenticios, las figuras de hombres y mujeres jóvenes caracterizando esculturas vivientes, algunas imitaciones del arte clásico, inmóviles a momentos y en ocasiones en que reciben alguna moneda, que al caer suenan en el bote a sus pies, se mueven de manera que se aprecia una estudiada mímica propia de los mimos, las personas se toman fotografías junto a ellos y así les brindan unas monedas extras, son varios personajes escultóricos y que se encuentran a diferentes distancias a lo largo de la concurrida avenida, hay algunos otros personajes que representan a modernos protagonistas de películas como el "Sombrerero loco", "el monstruo de los piratas", "Avatar", "Gatúbela", "la Mujer Maravilla", y entre tantos sobresalen los novios, famosos esqueletos de José Guadalupe Posada, en todos ellos se nota el ingenio de los mexicanos y la capacidad que tienen para transformarse por medio del maquillaje y las vestimentas, posiblemente también sean o estudiantes de arte o artistas que sumidos en la crisis, no han recibido la oportunidad de un mejor escenario y por lo tanto una justa remuneración y se vean en la necesidad de deambular en las calles buscando la supervivencia, entre este gentío que no se aglomera, sino que se puede caminar desahogado y perfectamente bien, así como tomarse fotografías y admirar a estos artistas de la calle, al ritmo de los paseantes caminan entre nosotros personificaciones de algunos y algunas figuras de la historia y así nos encontramos tomados del brazo a Carlota y Maximiliano, que se me antoja una versión mestiza por el color moreno de su piel, ya que aquellos eran blancos y rubios, pero es de admitirse su ocurrencia, de repente también camina a nuestro lado Morelos, en la versión televisiva más reciente de un Morelos desaliñado y descuidado, como nos lo refiere dicha versión y así varios personajes que nos hacen ameno el paseo.

En las boca-calles adyacentes, también cerradas al tránsito vehicular hay modestos y económicos restaurantes que han instalado sobre las mismas calles grandes sombrillas y mesas, en donde se puede, o bien tomar una comida o a la carta, o simplemente disfrutar de refrescos, cafés o cerveza servidas en pintorescas copas, tazas y tarros.

Por una parte todo esto nos muestra la lucha del pueblo por seguir sobreviviendo en un sistema injusto, carente de empleo y oportunidades, que nos ha llevado a esta tremenda crisis en todos los aspectos, y por otro lado la conservación de las tradiciones e historia que inspiran al mexicano a realizar pequeñas grandes obras del arte popular.

A mis paisanos que a bien tienen prestarme la atención de estos escritos, reciban un saludo afectuoso desde este lejano y controvertido D.F.


 
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