Opinión / Columna
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Arturo Ramo García
Cómo fomentar el sentido de la amistad en nuestros hijos (II)
El Sol de Parral
8 de febrero de 2012
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Educarle en la generosidad, la apertura, la tolerancia, el respeto y la confianza. Son valores que le facilitará hacerse amigos.
Cuidar su afectividad. Desde que nace debemos atender a su desarrollo afectivo con el fin de que en el futuro no sea una persona fría e insensible. Despertando sus afectos estaremos enseñándole a querer a sus amigos. Padres que han adoptado niños que han vivido en orfanatos tienen que enseñarles a besar o a hacer caricias porque nadie antes les ha besado o acariciado.
Enseñarle habilidades sociales. Es normal que con sus amigos se peleen, por eso hay que enseñarle a jugar, a perder, a ganar, a respetar el turno, a ceder... Lo conseguiremos si de vez en cuando nos ponemos a jugar con él/ella.
Tener en cuenta que los lazos de amistad en la infancia no tienen la fuerza que adquieren en la adolescencia. Por eso, no debemos preocuparnos en exceso porque vaya a dejar de ver a un amigo por un cambio de domicilio o de colegio, por ejemplo, ya que los niños tienen gran facilidad de adaptación en este aspecto.
Facilitar que haga amigos. Tenemos que propiciar la relación con otros niños de diferentes maneras, como acudiendo a parques, apuntándole a ludotecas u otras actividades, invitando a otros niños a casa.
Dar ejemplo. Que vea que nosotros también tenemos amigos y que le damos importancia a nuestra relación con ellos.
Analizar la causa de la falta de amigos. Si nuestro hijo tiene dificultades para entablar vínculos de amistad, debemos ver si no sabe desenvolverse en sociedad, si es torpe o faltón, autoritario o demasiado tímido y ponerse manos a la obra para subsanar esas deficiencias.
Conocer a los padres de sus amigos. Puede ocurrir, por ejemplo, que tengan costumbres o hábitos muy diferentes a los nuestros y eso pueda influir en la educación de nuestros hijos.
Pedir ayuda al centro educativo. Casi todas las relaciones de amistad nacen y se fraguan en el colegio, por eso resulta muy oportuna la ayuda de los tutores y profesores para alentarlas o encauzarlas. Preguntemos si nuestro/a hijo/a tiene amigos, con quiénes va o cómo lleva esas relaciones.
Fomentar de vez en cuando que vaya a dormir a casa de un amigo y que él venga a la nuestra. Sin que llegue a convertirse en una costumbre, le ayudará a conocerse mejor y a intimar más.
Dar el primer paso con las personas más cercanas. El primer contacto social de un niño suelen ser sus hermanos o sus primos.
Acostumbrarle a estar con gente. No debemos tener reparo en salir con él/ella de compras o de visita, en llevarle a comer fuera o a la casa de unos amigos. Si lo tenemos siempre encerrado, no aprenderá a relacionarse. En nuestra vida social también tienen que participar nuestros hijos.
Promover actividades en grupo. Si nuestro/a hijo/a tiene problemas para relacionarse con los demás y le apuntamos a una actividad deportiva individual, como el tenis, la hípica o ciertas modalidades de atletismo, no le estamos ayudando en absoluto. En ese caso es mejor optar por un deporte de equipo, como el baloncesto, el fútbol o el balonmano. Debemos evitar que se vuelva adicto a actividades individuales como la televisión, los videojuegos o el ordenador.
Ayudarle a ser asertivo/a. Ni el pasivo ni el agresivo triunfan en la amistad. Saber decir las cosas y decirlas, sin comerse a nadie y sin que te coman, con asertividad.
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