Opinión / Columna
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Arturo Ramo García
Reflexión sobre el hombre... Primera parte
El Sol de Parral
20 de noviembre de 2009
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1. Se cuenta del filósofo D. Eugenio D´Ors que, por la dificultad de entender sus escritos, lo daba a alguien de su entorno para que lo leyese, y si le parecía fácil y claro, volvía sobre el texto y lo retocaba para darle el apresto de un verdadero pensamiento filosófico. No sé si este rumor de corte coloquial sería cierto; sí recuerdo una frase suya que leí de joven estudiante en Zaragoza, y me encantó por lo clara y rotunda y que abre el camino a consideraciones profundas sobre el hombre. En estos tiempos de anemia cultural tan alarmante, en los que priva la frivolidad, la inconsistencia, el hueco redondo e inabarcable, la trampa, el descaro presuntuoso de saber, con que se recubre la desnudez total e irrecuperable de la ignorancia y la nesciencia, se agradece; se añora y echa de menos el famoso kalós kagazós de la Grecia clásica. La frase en cuestión dice que «sin pecado original no se explica ni la física ni la historia». La he recordado muchas veces.
Sin remedio, a mí la expresión me remite a los orígenes del mundo y de la historia, tal y como lo relata la Biblia, el gran libro de la sabiduría humana, porque encierra la sabiduría que Dios ha querido manifestar al hombre. Sobre el hombre encontramos en la Biblia esta afirmación, que sugiere reflexiones tan útiles como inagotables; es lo que dice Dios al hombre al crearlo y situarlo en el paraíso: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla... Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno (Gn 1, 27-28). En lo que se refiere al hombre, no hay otra crónica igual en la historia del mundo. Tan bella, tan cierta, tan majestuosa, tan de bronce intocable para siempre. Ahí se contiene y está escrito el proyecto completo de Dios sobre el hombre. ¿Qué resultado registra la historia?
Tomando los datos de la Biblia, que es también insólita historia de la humanidad, es lo que ha señalado Eugenio D´Ors. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho el hombre? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su destino? La Constitución Gaudium et spes del último concilio -tremendamente iluminadora sobre problemas del mundo actual-, da respuesta a estos interrogantes (cap. I); un cuestionario que debería ser de obligado cumplimiento en la vida de las personas para conocerse y evitar los desvíos de la conducta, y actuar consecuentemente la continua exigencia de responder al compromiso ineludible del propio destino de la vida; urgiendo además la influencia responsable que nuestro ejemplo debe ejercer en el comportamiento de los demás.
En un esbozo de la situación se observa que el hombre, herido por el desvío original, cuenta en su haber desgracias y miserias sin número que alcanzan a todos; es cierto que este factor lo hemos heredado, pero no se debe olvidar lo que dice la experiencia: que hemos trillado el mismo camino de defección y abuso de la libertad, impulsados por la soberbia absurda y ridícula. Va bien preguntarse: «¿Tú..., soberbia? -¿De qué?» (Camino 600). Y como eso compromete por completo el destino personal, es necesario plantearse muy en serio el cambio de rumbo para corregir los yerros y socavones de perdición. Hecho eso, el trabajo se sitúa en construir un patrimonio de dignidad, de nobleza y de entereza moral, que no sólo salva el compromiso personal ante el destino que marca la libertad, sino que debe promover la honesta influencia social de cada individuo ante los demás.
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