Opinión / Columna
 
Pastor Joel Moreno Ponce 
Dios mío ¡perdóname!
El Sol de Parral
22 de noviembre de 2009

  Tal vez en alguna ocasión usted ha sentido una pesada carga de conciencia que no le deja dormir ni vivir una vida tranquila y descargada. Y eleva una oración de súplica con la desesperada frase: Dios mío ¡Perdóname! Tal vez lo haya o hecho o probablemente no, pero aún así le invito a que piense en la respuesta de Dios ante esta súplica del corazón que muchos de nosotros hemos elevado al cielo.

No ha hecho (El Señor Dios) con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.

Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen.

Cuánto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.

Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.

(La Biblia en el libro de los salmos Capítulo 103 y versos 10-14).

Según este pasaje de la Biblia (salmo 103) Dios conoce nuestra condición, sabe que somos humanos, sabe perfectamente bien que somos polvo, por esa razón no hace con nosotros conforme nuestras iniquidades. ¡Si Dios actuara en contra de nosotros Conforme a nuestros pecados! ¿Cómo mereceríamos ser tratados? ¡Olvídese! Estaríamos condenados sin esperanza, pero Bendito Cristo que su palabra de amor en el Salmo 103 y verso 10 dice que no hemos sido tratados según nuestras iniquidades, ni conforme nuestros pecados. Nuestro perdón esta basado en lo que Dios hizo en la cruz del calvario. Esta basado en lo que Cristo hizo no en lo que nosotros hacemos. El amor de Dios es tan grande que cada vez que nos ve engrandece su misericordia como dice el verso 11, y lo que hace para poder acercarnos a él es que aleja de nosotros nuestras rebeliones, es decir nos perdona totalmente, se compadece de nosotros porque somos polvo. El perdón de Dios no tiene límites, su misericordia es tan grande (v.11) que perdona cualquier pecado, y es tan grande que cubre multitud de pecados. ¿Y que si volvemos a fallar? La misma Biblia en el libro del profeta Miqueas 7:19 dice:

El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

En esta dimensión del perdón nos habla del profundo amor de Dios, incomprensible, quien puede entender que nos perdone una y otra y otra y otra y otra vez su perdón es ilimitado, no tiene fin, no tiene límite, no se cansa, no se detiene, no se ve deteriorada. Esta maravillosa dimensión del perdón de Dios. Un perdón vertical de él hacia nosotros. Sentir el perdón de Dios en nuestra vida nos libera de la tensión emocional que causa la culpa y el pecado y nos permite vivir vidas al 100%, vidas en abundancia, vidas plenas, mejores vidas.

Lo más maravilloso e incompresible de la Biblia es que presenta a un Dios que tiene misericordia y que tiene amor ilimitado: la Biblia nos habla de un Dios perdonador en cada página de ella. Si no lo cree ¿por qué no le dice ahora mismo? Dios mío ¡Perdóname! Y vea por usted mismo a ver que pasa.




 
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