Opinión / Columna
 
Rafael Velázquez 
Los caminos de la vida... (No son como yo esperaba)
El Sol de Parral
23 de noviembre de 2009

  Como ya es sabido por todos ustedes (tanto que ya parece "vox populi"), este humilde, peloncito y zacatón servidor le anduvo "sacando" la vuelta a la Sierra durante mucho más de veinte años, convirtiéndose en un profe del asfalto, del "smog", de la ciudad pues... Sin embargo, a mi provecta edad, el destino maldito cruelmente se ensañó con mis pobres y avejentados huesos, al convertirme en soldado del Programa de Acciones Compensatorias Para Abatir El Rezago Educativo en Educación Inicial y Básica (ACAREIB).

La semana pasada fui obligado a abandonar la paz social que se respira en mi tierra natal. En compañía de de mis demás compañeros salimos rumbo a Guadalupe y Calvo a realizar varias encomiendas, todas ellas relacionadas con el quehacer educativo:

Íbamos a entrevistar a los niños de aquellas lejanas latitudes para poder calibrar el rezago educativo en que se encontraban y poder estar en condiciones de diseñar estrategias específicas para abatirlo; íbamos a entrevistar a los padres de familia para darnos cuenta cual es el servicio que le está otorgando la escuela a la comunidad y cómo se está involucrando en el proceso enseñanza aprendizaje, esto con el fin de poder presentarle al padre alternativas viables para que su participación sea más eficiente y expedita; íbamos a observar al profe dar clases, a entrevistarlo, a que nos compartiera su planeación, a que nos enseñara cómo utiliza el material didáctico, a que nos compartiera sus inquietudes en el quehacer pedagógico de su comunidad educativa, gracias a eso podemos estar en condiciones de llevar a cabo talleres de asesoría que coadyuven a eliminar el atraso educativo existente; íbamos a llevarles materiales didácticos, deportivos y de oficina para hacer más completa la increíble y titánica labor que llevan a cabo allá, no dónde termina el país, si no donde comienza la patria... Íbamos con un frío del demonio; íbamos más hambreados que nunca y, finalmente, íbamos con el Jesús en la boca y salva sea la parte en la otra.

Ya nos habían advertido, no una, si no muchas veces que "la cosa estaba canija en la sierra". Todo parece indicar que las "gavillas" serranas se traen un rencor más africano que el que se tienen los trabajadores de Seguridad Pública.

Por principio de cuentas llegamos a Guadalupe y calvo frisando las ocho de la noche y todo, absolutamente todo, estaba cerrado. Lo denso del ambiente, a esas horas, se respira desde que va uno "bajando" al pueblo. Esta situación nos obligó a tener que dormir con la panza de farol, (cosa que me cayó de rechupete, ya que, como ustedes saben, ando medio durón de las arterias).

A la mañana siguiente nos enfilamos al "Tejamanil". Eran las cinco de la madrugada cuando, entre empujones y malas razones dichas por lo bajo, me subieron a la camioneta. "¡Tranquilos! ¿Por qué tanta violencia?" -Me atreví a decir- "¡Súbete ya, maldita sea!" -dijo el excelente profesor, amigo y hermano Adán Ordoñez, quien a la sazón, iba a servir de timonel en tal azaroso viaje. Como guía y cencerro nos acompañó el siempre amable y afable profesor Ignacio Morelos (¡Gracias profe!)... Salimos rumbo al "Ocote", tomamos por "Yerbitas" y al empezar a "subir" aquello fue esplendoroso: la majestuosidad de la sierra, las imponentes agrestidades, el cielo más infinito que nunca, el suelo alfombrado de lechuguilla y ribeteado de madroños. Durante los primeros minutos del viaje me quedé arrobado ante tan increíble belleza (¿Qué jijos de la jinjurria andaba haciendo yo en otros países perdiéndome esta grandeza?)... Ante ésta introspección empecé a llorar. Primero fueron furtivas lágrimas que asomaron a mis ojazos, después el llanto se convirtió en torrente y por último empecé a dar de alaridos porque a la primer hora de viaje ya no sentía los pies, ni las piernas y mucho menos la región que las personas educadas llamamos glútea. A las dos horas y media del trayecto ya iba yo más empinado que el gobierno de Calderón ante la crisis. En los desfiladeros, rumbo a las barrancas, se nos iban las tepalcuanas hasta el cogote y en las subidas, rumbo a las cumbres, las gónadas nos tapaban los ojos. Ya iba yo con la almorrana en carne viva cuando grité lo que siempre grito en estas ocasiones "¡Quién jijos de la tiznada me trae!"... A las nueve de la mañana supe "quién" me traía ahí... Vimos la escuelita en el fondo de una hondonada junto a un arroyuelo. Ya había alumnos afuera esperando entrar a recibir clases. Y por si todavía me quedaban dudas de "quién" me traía ahí la escuela se llama "Educación y Patria"... Hicimos lo que teníamos que hacer y a las tres de la tarde nos dispusimos a yantar con azas fruición y entusiasmo una portola con pan de caja, antes de regresar a Guadalupe y Calvo.

Nota del director: Los términos "yantar", "azas" y "fruición", no dejan de ser una pedantería por parte de nuestro estimado colaborar. Sin embargo se la permitimos en virtud de que la escribió el 5 de Noviembre, día de su cumpleaños.


 
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