Opinión / Columna
 
Félix Bueno Carrera 
La partida de don José Andrés Corral Arredondo
El Sol de Parral
28 de enero de 2012

  No pudo ser otro día más hermoso de la cristiandad, el 24 de diciembre, que el Señor Dios escogió para preparar el viaje de vuelta a nuestro amado Obispo a la casa del Padre Celestial, a unas cuantas horas de conmemorarse el nacimiento de Cristo Jesús, una fecha tan especial y significativa con que lo distinguió para el momento de su muerte.

Como presintiendo la proximidad de tal suceso, en fechas previas, el Señor Obispo había manifestado, "me acerco a la meta que sólo Dios conoce", palabras que a la postre resultaron proféticas.

"De ti vengo y a ti voy Señor, me encontraste cual designio en lo alto de la serranía (Coloradas, Mpio. De Guadalupe y Calvo), de ahí me trajiste para llevarme a otras tierras y prepararme como tu hijo predilecto, para llegar a ser tu siervo en el sacerdocio, me elevaste en el magisterio de la Iglesia, consagrándome obispo y regresándome a mi estado natal para guiar a mis ovejas de la primera Diócesis de Parral".

Ya consagrado Obispo fue nombrado por el Papa Juan Pablo II, hoy beato, el 11 de julio de 1992, como el Primer Obispo de Parral y en ese mismo año, el gélido día 4 de noviembre, tomó posesión en la erección de la nueva Diócesis, ante el Delegado apostólico de aquel entonces, don Gerónimo Prigioni y otros altos dignatarios de la Iglesia.

Muchas vivencias conocimos de su vida religiosa y personal como jerarca y pastor, aficionado al deporte, principalmente al futbol, participante en algunas manifestaciones del Arte y la Cultura, así como actividades de tipo benéfico; muy amigable en grupos sociales y de café a los que perteneció; miembro de Cuarto grado de Caballeros de Colón, por lo cual, el domingo 25 de diciembre en misa de cuerpo presente en Catedral, recibió la ceremonia del cáliz, esto es, que un copón o cáliz ya bendito se entrega a los familiares del hermano caballero fallecido para que ellos a su vez lo destinen a algún templo lejano para que en cada consagración, las intenciones se ofrezcan por su alma.

Lo recuerdo como amigo, aunque no muy frecuentado; en una ocasión, ya conociendo él mis intenciones partidistas me dijo: "oye Félix, tengo mucho miedo con Vicente Fox"; le contesté: "Señor Obispo, no hay que temer a la democracia". En otra ocasión en 1995, lo visité en su casa siendo yo candidato a la Presidencia Municipal de Parral para pedir su bendición y consejo, me dijo: "tu sola persona te avala".

Con motivo de su partida quedan de manifiesto algunos Salmos: "al fin de la vida conoceré mejor la misericordia de Dios y me será fácil reconocer todas las maravillas que hizo en éste último de sus siervos, suplícote que al terminar mi vida presente juzgues mis actos y me otorgues el verdadero consuelo. Sea ésta la acción de gracias al terminar la lucha de este indigno pastor de la comunidad, que me liberó de las duras pruebas; que vengan a oírme los que temen a Dios, les contaré lo que hizo por mí, mi boca le grita alabanzas".

"De ti tiene sed mi alma. ¡Oh Dios!, ¡tú eres mi Dios, a ti te busco para calmar esa sed en mi alma!

"En mi vida y en esta hora, recuerdo que Dios habló dos cosas, yo entendí que Dios es la fuerza y tuya es Señor también la gracia; que tú eres quien retribuye a cada cual sus obras. En Dios sólo descansa mi alma, de ti espero mi salvación, sólo tú eres mi roca y mi salvador. Quiero compartir tu cielo para siempre y cobijarme en el repliegue de tus olas".

En su infinita misericordia, Dios quiso que sus restos descansaran en su estado natal, aquí en su Catedral, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Y que como lo dijo una revista parroquial, el 24 de Diciembre murió y nació a la vida eterna. Q.E.P.D.
 
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