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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Federico El Grande y Francesco Algaroti, su gran amor
El Sol de México
15 de junio de 2008
Federico era hijo de Federico Guillermo I de Prusia y Sofía Dorotea de Hannover, y desde su infancia fue educado en la severa tradición militar prusiana, aunque él prefería el cultivo de las letras, las artes y la filosofía.
Poseía un cuerpo delicado, frágil y enjuto, y ha llegado a ser "ejemplo brillante del déspota ilustrado" que convirtió su reino en un Estado que anticipaba la unificación de Alemania. A su padre, que fundó una nueva escuela militar con el fin de reestructurar el ejército, tanto por su administración rígida y carácter autoritario se le nombraba "Rey Sargento" y "los burgueses de Berlín se escondían cuando el rey salía de paseo". Su madre era hija de Jorge I de Inglaterra, "tan alemán que ni siquiera llegó a hablar inglés", y tras su matrimonio con Federico Guillermo pretendió llevar a éste a una alianza con Inglaterra y, no habiendo conseguido sus propósitos, se empeñó en enemistar contra el padre a sus hijos y tomó partido por Federico, el que habría de ser Federico II, El Grande. Estas fueron las causas de un permanente malvivir entre el matrimonio y de las constantes brutalidades contra Dorotea a cuenta del violento Federico Guillermo, quien además "delante de la Corte propinaba azotaínas al príncipe heredero". El príncipe Federico creció en ese ambiente de violencia contra su madre, a la que adoraba, y en una de esas, tras de que su progenitor fue especialmente brutal, intentó huir a Inglaterra para acogerse a la protección de su tío Jorge II, el rey de Inglaterra. Sorprendido en el intento, fue condenado a muerte, pena que se le conmutó por la de prisión en el castillo militar de Kustrin, pero obligado a presenciar la ejecución de su amigo Jonathan Katte, quien le había ayudado en su proyecto de huida. FLAUTISTA, COMPOSITOR Y ESCRITOR La huida, la prisión y el ver la ejecución de un gran amigo constituyeron para Federico "una valiosa lección de paciencia y autocontrol, y a partir de entonces acepté la autoridad paterna". Entre que era estrechamente vigilado mientras realizaba los rutinarios deberes administrativos y militares, el príncipe se las arreglaba para estudiar música y convertirse en un virtuoso de la flauta; componía música, leía todo y escribía en francés, "pues despreciaba el alemán": odas, tragedias y comenzó a redactar su obra "Anti-Maquiavelo". Inició su correspondencia con el filósofo francés Francois-Marie Arouet, alías Voltaire, y cuando su padre le dio más libertad, se rodeó de un círculo de artistas e intelectuales. En esos años, en 1733, por razones dinásticas casó con la princesa Elizabeth Christine de Brunswick-Bevero. El tenía 21 años, ella 17 y no tuvieron hijos. Ni siquiera tuvieron noche de bodas. FRANCESCO, "EL CISNE DE PADUA" Fue el filósofo Voltaire quien nombró al joven Francesco Algarotti el "Cisne de Padua", título que bien le correspondía a "uno de los más agraciados representantes del más fascinador de los pueblos de Europa". Francesco nació en Padua el 7 de junio de 1712. Su padre, Aldo Francesco, era un próspero comerciante en esa ciudad y envió a su hijo a estudiar a las universidades de Roma, Bolonia y Florencia. Un año antes de conocer al príncipe Federico fue recibido por Voltaire en París para mostrarle las páginas de un libro que estaba escribiendo sobre la nueva filosofía de Isaac Newton. Tras su visita a Voltaire, quien le dio el título de "Cisne de Padua", Algarotti marchó a Londres, Inglaterra, para darse a conocer y lo hizo tan cabalmente que fue invitado a ofrecer una conferencia en la Royal Society y nombrado miembro honorario de la Sociedad de Anticuarios. Lo recibió la reina Carolina, esposa del rey Jorge II, y comenzó su relación con John Lord Harvey de Ickworth y lady Mary Wortley Montagu, con quienes hizo un trío sensual y sentimental, a quienes propuso "establecer un hogar en común", cosa que aceptaron, y cuando Francesco dejó Londres para viajar a Rusia, Harvey le escribió: "Tanto si te quedas, como si te vas, no me olvides querido. Yo por mi parte nunca te olvidaré". Y Mary: "Soy infinitamente más digna de compasión que la pobre Dido y con muchísimas más razones que ella para quitarme la vida". Dejando atrás estos amores, Algarotti tomó un barco y navegó hasta San Petersburgo. EL ENCUENTRO Algerotti había pasado un larga temporada en Rusia, adonde lo invitó el joven príncipe ruso Dimitri Soloviov, que era embajador de Inglaterra, con el propósito de que presentara la obra sobre Newton que acababa de escribir. El príncipe tradujo al ruso la obra de Algarotti y lo convenció de ir a San Petersburgo para, después de editarla, presentarla ante científicos y la alta sociedad de la capital rusa. Todo lo que observó sobre esa ciudad y el país durante su estancia lo recogió Algarotti en sus "Cartas desde Rusia". A su regreso de San Petersburgo, Algarotti visitó Berlín, la capital de Prusia, y en un salón donde se recibía a escritores, filósofos y artistas, conoció al joven príncipe Federico, "que al instante se prendó de él". Ambos tenían la misma edad: 20 años, y a Federico le faltaban ocho para ascender al trono. EL GRANDE En opinión del historiador español Pedro Molas: "Su título de El Grande, ningún estadista ni militar ni político, ni siquiera el mismo Napoleón, ha podido conseguir". "Federico no se ganó el apelativo de Grande por su notable pericia militar. Hombre inteligente y culto, político sagaz y poco escrupuloso, forjó junto con la suya la grandeza de Prusia", establece el historiador francés Francoise Carner. En los hechos, a partir del 14 de junio de 1740 en que fue coronado, Federico heredó un reino de más de dos y medio millones de habitantes; en las etapas de paz se dedicó a la creación de manufacturas e impulsar la agricultura, emprendiendo un amplio programa de colonización interior tras las devastaciones de la Guerra de los Siete Años y del primer reparto de Polonia, entre Prusia e Inglaterra. Fundó 900 nuevas poblaciones, con un total de 300 mil habitantes y, a su muerte, Prusia contaba con seis millones de habitantes, o sea que su política agresiva y expansionista había triplicado la extensión del Estado. La flota comercial que navegaba la red de canales entre los ríos Vístula y Elba contaba con mil 300 naves y se exportaban hilados, trigo, madera, paños, y en 1765 creó el Banco del Estado para otorgar créditos y subsidios a los campesinos. Toda la riqueza económica de Prusia se sustentaba en la función del ejército e incrementar el poder militar era para Federico el fin primordial del Estado. Con la ayuda de su canciller Samuel, barón de Cocceji, sabio jurisconsulto, compiló "El Código de Federico", con el que llevó a cabo la reforma del Estado que representó la división de poderes, en especial la administración de la justicia. Los jueces fueron remunerados, "a fin de que no cayeran en sobornos y se les seleccionó por medio de exámenes". Por encima de todas las clases sociales, también el rey se consideraba a sí mismo como "un servidor del Estado". EL DESPOTA ILUSTRADO A cuatro años de ocupar el trono, Federico mandó colocar sobre el frontón de su pequeño castillo de Potsdam la inscripción "Sans Souci", que quiere decir "sin preocupaciones". El arquitecto y contratista de la obra fue Georg Wenzeslaus Von Knobelsdorff, amante de Federico, al que había enviado a Italia para documentarse directamente sobre los monumentos antiguos. Todo el mundo sabía de la vida licenciosa del rey y, "a pesar de ello, se aplicaba con voluntad y entrega a los asuntos del Estado, militares y de buen gobierno". Es en San Souci a donde se retiró para apartarse de su esposa, donde se reunía con los hombres de ideas más célebres de aquellos años. Eran famosos los banquetes que se ofrecían en Sans Souci y a los que asistían frecuentemente Voltaire, Goethe, Lessing, Shiller, Kant y, por supuesto, Algarotti, a quien concedió el título de conde. LAS CARTAS DE AMOR Apenas unos pocos días después de la muerte de su padre, Federico escribió a Francesco: "Querido Algarotti, mi suerte ha cambiado. Os espero con impaciencia, no me dejéis languidecer por vuestra presencia". Algarotti acudió de inmediato, pidiéndole dinero prestado a Mary. En esas iba hacia Berlín cuando Federico le encomendó una misión inmediata en Turín y ahí le siguió Mary, "enfebrecida de amor y de deseo". Algarotti cumplía con la misión que le había encomendado el rey y pronto fue llamado por éste, en los días en que estaba en guerra por la conquista de Silesia: "Querido Algarotti, os aguardo con gran impaciencia, pues prefiero teneros como amigo a recibir vuestras cartas en tanto que embajador mío". Los amantes se reunieron en el Castillo de Sans Souci. AÑOS FINALES Y MUERTE TRANQUILA En los periodos de paz, Federico siguió siendo un mecenas de las artes y las letras: bajo su auspicio, su favorito Knobeldorff construyó el Teatro de la Opera de Berlín y el ala este del Palacio de Charlottenburg. Escribió un largo poema: "El arte de la guerra", corregido por Voltaire, y la "Historia de mis tiempos", sobre las guerras de Silesia. "La Guerra de los Siete Años reforzó los elementos misantrópicos y conservadores del carácter de Federico, y el brillante joven se convirtió en un hombre obeso, vestido con una chaqueta andrajosa y llena de manchas, y era completamente distinto a cualquier otro gobernante", escribe el historiador catalán Antoni Jutglar Bernaus. Bajo Federico El Grande, Prusia fue reconocida como una gran potencia, y adquirió territorios y población suficiente para mantener su nueva condición de forma más efectiva. A Federico se le acusó de haber iniciado la carrera armamentista en Europa y, después de la Guerra de los Siete Años, su ejército se mantuvo con el mismo número de hombres: 240 mil; inculcándose en las ciudades el hábito de la obediencia y la "creencia en la fuerza como medios para resolver disputas". Tras más de 46 años de reinado, Federico murió "de melancolía", recostado en su sillón favorito "bergeré", el 15 de septiembre de 1786. Sus últimas palabras fueron: "Mi querido Algarotti". Hacía 22 años que Francesco había muerto. FEDERICO GUILLERMO II, SU SUCESOR A su muerte le sucedió su sobrino Federico Guillermo II, hijo del príncipe Augusto Guillermo, hermano del padre de Federico. Tomó parte en los repartos de Polonia de 1793 y 1795, pero Prusia fue duramente castigada durante las guerras revolucionarias de Napoleón Bonaparte, en las que el ejército de Federico El Grande fue destruido y el propio Estado casi desmembrado. LA PELICULA En 1922 se exhibió la película "Federico rey", dirigida por Arzen Von Cserépy y producida por la Ufa: Universum Film. En esta primera cinta, a la que siguieron varias más, se promueve la restauración de la monarquía, Federico aparece como un gobernante patriarcal, que mitiga las injusticias legales y promueve el bienestar general y protege a los pobres de la explotación de los ricos. "Toda la construcción apunta abiertamente a convencer al público de que otro Federico podría no sólo resultar un antídoto efectivo contra el virus del socialismo, sino también llevar a cabo las aspiraciones nacionales de Alemania", comenta el historiador y crítico cinematográfico Sigfrid Kracauer en su libro "De Caligari a Hitler", 1947. La película fue recibida con fuerte oposición de la prensa y el diario comunista Freiheit invitaba al público a boicotearla, mientras el democrático Berliner Tageblatt exigía la intervención policiaca para impedir la exhibición del filme. La moraleja de las películas sobre Federico postulaba la sumisión incondicional a la autoridad absoluta, cosa que acontecería ante Adolfo Hitler. Columnas anteriores
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