Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Balzac

El Sol de México
25 de mayo de 2008

Pésimo empresario, o sea: "Escritor a tus escritos"

A medida que Honorato de Balzac avanza en edad, se encuentra cada vez más obsesionado por el dinero que huye de él. El vive esperanzado en alcanzar la seguridad y el esplendor material: quiere ser rico.

Como lo establecieron los señores René Bouvier y Eduard Maynal, que hasta 1834 el déficit balzaciano no presentaba nada irreparable. Sólo después sube vertiginosamente y alcanza en 1839 la cima de 233 mil 620 francos; baja después ligeramente, para volver a subir en 1847 a 217 mil 248 francos.

Los años de 1837, 1839 y 1847 son las tres cimas de la deuda.

En adelante, el drama social del dinero domina La Comedia Humana: los años en que Balzac se debate más duramente contra sus acreedores y contra sus deudas, o lucha "como un hombre que se ahoga y que tiene miedo de tragar el último sorbo", según se lo escribe a su consejera y amiga Zulema Carradau.

Son también esos años en los que la ruina abruma a sus personajes, que mueren solos y miserables como su creador ha temido morir.

EDITOR

Un equis día de 1825, Balzac visita la librería Urbain Canel en la plaza de Saint-Andrés-des-Artes, en París, y se entera de que Canel, propietario del negocio de libros, "se preparaba para editar, con su colega Delongchamps, las obras completas de La Fontaine y Moliere en un solo volumen finamente impreso a dos columnas".

La idea lo entusiasma, ya que él ha tenido contacto con los daguerrotipos y "había comprendido de inmediato el inmenso futuro de este invento", y se apunta para participar en la empresa, considerando que "los lectores cultos desean poseer estos autores clásicos bajo una forma tan cómoda", de tal modo que suscribe un contrato con Canel en el que se comprometen ambos a compartir los beneficios y las pérdidas, si el tomo no se vendiera.

Pero Balzac, a sus 26 años, no tenía dinero. Dassonvillez de Rougemont prestó seis mil francos y luego tres mil más, con un elevado interés, y la señora de Berny aportó espontáneamente nueve mil 250 francos, "ansiando vivamente que mi joven amigo se independice de la familia y alcance el éxito literario". Canel decidió ilustrar las obras comprendidas en el tomo, encontró al modesto grabador Pierre-Francois Godard y Balzac firmó con él el contrato, el 17 de abril de1825, y de inmediato escribió los prólogos para cada uno de los autores reunidos en el volumen.

El libro apareció por entregas, con una tirada de tres mil ejemplares y la venta "marchaba muy mal".

Los socios de Balzac le habían vendido su parte y quedó él como único propietario, aunque tuvo que pedir más dinero para poder terminar la obra.

Entonces, Baudouin, otro librero, le compró toda la edición por 24 mil francos, cuando Balzac había puesto 16 mil 741 francos y, por la diferencia, el escritor pensó que había hecho un buen negocio de un solo golpe.

Sí, pero Baudouin le pagó mediante créditos de firmas en quiebra y Balzac no pudo cobrar los 24 mil francos. En su primer intento de hacer negocios como editor "había fracasado y tenía graves pérdidas".

SE HACE IMPRESOR

Su amigo Dessonvillez le aconsejó que, para recuperar las pérdidas, se hiciera impresor.

La idea sedujo al joven Balzac: "Resultaría muy ventajoso, desde el punto de vista económico, convertirme en el impresor de mis propias obras. No sólo editaré a Moliere, sino a Corneille y Racine".

Barbier, un gerente de una empresa impresora, le propuso adquirir la imprenta Laurens con todo su equipo y mobiliario. La imprenta valía 60 mil francos que Balzac no poseía.

Otra vez, la señora Berny le prestó 30 mil francos para el enganche, mismos que los progenitores de Balzac se comprometieron a respaldar.

Para obtener la licencia de impresor era preciso mostrar un testimonio de la policía en el que se hacía constar que el sujeto no tenía antecedentes penales ni cuentas pendientes con la justicia. El testimonio fue favorable, ya que Balzac no había cometido ningún delito.

"El señor Honoré de Balzac es un joven de buenas costumbres, hombre de bien y de familia acomodada que cursó estudios, se licenció en Derecho y que incluso es hombre de letras", decía el documento.

CASA E IMPRENTA

Madame de Berny era hermosa, era 22 años mayor que Balzac y él la nombraba "La Dilecta". El nombre de soltera de Berny era Laure Hiner.

El 4 de junio de 1826 Balzac dejó su casa en la calle de Tournon para instalarse en el número 14 de la calle Marais-Sain-Germain, actualmente calle de Visconti, en un rincón del París del siglo XVIII, barrio de gente de letras y de actrices y actores de teatro.

En la planta baja, el amplio local de la imprenta daba a la calle a través de una puerta vidriera. Una escalera de caracol, con pasamanos de hierro, subía al departamento personal de Balzac: antecámara, comedor y dormitorio con alcoba que fue tapizada "con hermoso percal azul" por la señora Berny.

Ahí se encontraban cotidianamente los amantes.

TAREAS DEL IMPRESOR

"El ruido de las máquinas de la imprenta era infernal y sólo las visitas de 'La Dilecta' lo omitían. En medio del olor del papel y de la tinta tenía que llevar la contabilidad y clasificar las facturas", escribe en su Diario.

Imprimía memorias históricas para Canel o Sautelet; prospectos comerciales para las "Píldoras antiflemáticas de larga vida", un diccionario de los rótulos de París, los anales románticos para 1828, las Misceláneas de Villemain, el teatro de Clara Gazul, de Próspero Merimée y un centenar de folletos, carteles y panfletos.

También la tercera edición de Cinq-Mars, de Alfredo de Vigny, quien escribió de su joven impresor: "Un joven muy sucio, muy delgado, muy parlanchín, que se embrollaba en todo lo que decía y echaba espumilla al hablar, ya que le faltaban todos los dientes superiores de la boca, excesivamente húmeda".

POCOS CLIENTES QUE PAGABAN MAL Y TARDE

La imprenta tenía pocos clientes que, además, pagaban mal y con retraso de hasta tres meses. No ingresaba dinero y el que al fin obtenía se iba como "agua entre las manos" para sufragar los gastos inmediatos de salarios para los operarios, el papel, las tintas y el pago de la renta.

"En realidad", razonó, "el casero es el socio más voraz y uno termina por trabajar para él. La única forma de hacer negocio con una imprenta, o lo que sea, es ser el dueño del local y no pagar renta, lo cual sí es un ingreso que se queda para uno".

MALO PARA LAS CUENTAS

Balzac no sabía calcular el precio de los costos ni evitar "los despilfarros, siempre enormes cuando el incompetente patrono vigila mal".

Confundía, o mezclaba, los gastos personales con los de la empresa. En cuanto el dinero ingresaba porque algún cliente habría pagado parte al menos del trabajo encomendado y entregado, Balzac lo tomaba para sus gastos personales, sin disponer apenas de algo para adquirir insumos o pagar los salarios de los trabajadores.

DECIDE CONVERTIRSE EN FUNDIDOR DE TIPOS

Siempre audaz, en 1827 concibió la idea de "crear industrias en cadena", para lo cual, para seguir siendo impresor, "decidí convertirme en fundidor de caracteres de imprenta".

La sociedad Balzac y Barbier, junto con un tercer asociado, Jean-Francois Laurent, adquirió una fundición, financiada por la señora Berny. La empresa anunció la impresión de un magnífico catálogo en el que se exhibirían muestras de todos los tipos de caracteres. Viñetas, grecas, cenefas y adornos de la casa.

La ruina no permitió siquiera acabarlo y, en febrero de 1828, Barbier, que presentía una quiebra inevitable, abandonó la imprenta con pérdidas y Balzac quedó como único responsable. La Sociedad Balzac y Barbier fue disuelta, creándose una Sociedad Laurent, Balzac y de Berny.

LA QUIEBRA

Encima de todo, Balzac se había hecho amante de la duquesa de Abrantes, una chica "excesivamente joven que pisaba la cuerda floja de la infidelidad, era sumamente impaciente y hacía sufrir mucho a Laure de Berny, quien no obstante seguía siendo caritativa".

Berny le escribe: "Si alguna vez en tu vida hubieses experimentado un minuto de sufrimiento tal como el que yo siento desde ayer, no hubieses sido tan duro e inútilmente cruel. Arregla nuestro asunto tal como querías hacerlo en un principio; me resultará indiferente el que mi nombre aparezca o no en la Sociedad".

Ella aportó nueve mil francos en efectivo, sobre el capital de 36 mil, de los cuales 18 mil correspondían al material suministrado por Jean-Francois Laurent.

La generosa mujer se comprometió temerariamente a apoyar a Balzac, ya que su situación financiera era muy peligrosa y en la Sociedad tenía una cuenta personal negativa de cuatro mil 500 francos.

Y es que Balzac no prescindía de gastar demasiado en el sastre, los zapatos, en tapices y en objetos de lujo como el bastón con pomo de turquesas.

LA LIQUIDACION

Entonces acude a su protector Theodore Dablin, en marzo de 1828: "Si no me ayudáis, estoy perdido, padrecito. Mi último recurso, un billete de mil francos de mi cuenta personal, lo he gastado esta mañana en un reembolso inesperado. He salido del paso en el momento en que os escribo, pero a expensas de mi deudor de mañana. Pensad que sólo tengo de respiro hasta las ocho de esta noche; después todo está dicho. Os lo ruego, pensad en mí; mirad por qué medios podéis hacer llegar estos malditos mil 500 francos; es la mitad de lo que me hace falta, pero logradlos por mí. Ayer me quedé sin nada. Pasaré de nuevo esta tarde, a las seis y media; habéis tenido tantas relaciones que quizás os resultará posible encontrarlos".

Infortunadamente, Dablin no consigue el dinero y Balzac enfrenta la ruina. Ni siquiera esos mil 500 francos hubieran servido para sacarlo a flote.

LA RUINA

En días siguientes Balzac es acosado por los acreedores, por los obreros impagados, por el casero y entonces, aterrorizado, se refugia en casa de Latouche.

La sociedad de fundición, único negocio rentable del grupo, fue comprada de nuevo. A Balzac sucedió Alexander de Berny, hijo de "La Dilecta", quien dio a Balzac un recibo por 15 mil francos de deudas.

En cuanto a la imprenta, hubo que liquidarla.

Los progenitores de Balzac querían, "a cualquier precio", salvar de la quiebra a su hijo mayor. Más exactamente su madre, quien rogó a su primo Charles Sédillot que "llevara a cabo sin deshonor esta difícil operación". Sédillot logró que Barbier se quedara de nuevo con la imprenta, con un activo valorado en 67 mil francos, comprometiéndose a pagar esta suma a los acreedores.

Su padre, de 80 años de edad, y su madre, de 50, se hicieron cargo del resto de los créditos.

Así, a tres años de la incursión de Balzac en los negocios, ya no tenía imprenta ni fundición ni editorial ni nada y debía 45 mil francos a los suyos.

Todo esto representó su ruina y la de su familia, y la desesperación de la señora Berny, cosas que lo abrumarían por el resto de su vida.

SOÑADOR, NO APRENDE Y QUIERE HACERSE MINERO

Los fracasos como editor, impresor y fundidor no lo desaniman nunca, a pesar de pasarse el tiempo huyendo de sus acreedores, y en 1838, durante una estancia en casa de sus amigos Carraud, en Fraspesles, éstos le dicen que en la isla de Cerdeña existen minas de plata que fueron en otro tiempo explotadas por los romanos y que se encuentran olvidadas, "poseyendo en sus entrañas riquezas colosales".

Entonces viaja a Cerdeña más animado porque un negociante genovés le habló de esas minas el año anterior.

Balzac sueña con enriquecerse creando una sociedad que las pusiera de nuevo en explotación, pero el proyecto no logra formalizarse y el viaje no tiene ningún resultado porque no consigue interesar a nadie.

Estas minas de plata, por cierto, siguen siendo explotadas en los Soles de hoy.

Como dice el refrán: "Zapatero a tus zapatos", Balzac nunca debió hacer otra cosa que sólo escribir. Sí lo hizo intensa y voluminosamente, aunque le habría resultado menos pesaroso para su espíritu y su salud.
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