Entrevistas de Mario Vázquez Raña
Raúl Castro desea que las relaciones México-Cuba sean las de antaño
Don Mario Vázquez Raña charló con Raúl Castro Ruz en La Habana, Cuba. Foto: Mauricio Huízar / El Sol de México
Organización Editorial Mexicana
21 de abril de 2008

por Mario Vázquez Raña

La Habana, Cuba.- Raúl Castro Ruz, presidente de Cuba, se comprometió con Mario Vázquez Raña, Presidente y Director General de Organización Editorial Mexicana (OEM), en concederle, en próximas fechas, la primera entrevista de su gobierno.

Durante una charla realizada en La Habana, donde Vázquez Raña cumplió su compromiso de ir a saludarlo, después de que tomó posesión como presidente de Cuba, Castro Ruz le comentó que desea verdaderamente que las relaciones entre México y su país alcancen los niveles de amistad, respeto y afecto de antaño.

En nuestras vidas siempre se cruzan amigos que por alguna u otra razón nos dejan huella. Para mí, el viernes pasado se inició una nueva etapa de amistad con el general de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de Cuba.

El general y un servidor tenemos muchos años de conocernos, y me honro en considerarme un buen amigo de él. Sin embargo, en estos últimos años no había podido gozar de su amistad, más que por teléfono en contadas ocasiones. Cuando mi amigo, el general Castro, tomó posesión como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, le solicité una cita exclusivamente para felicitarlo y darle un abrazo personalmente.

Fue para mí una grata sorpresa saber que me recibiría el viernes 18 de abril, en horas de la tarde. Viajé a La Habana con esa finalidad exclusivamente, reunirme con mi entrañable amigo Raúl Castro Ruz.

En el abrazo pude sentir el afecto y respeto de la amistad que nos une. Durante mi estancia en su despacho, como hacen los viejos amigos, pudimos recorrer las muchas anécdotas de nuestra amistad, recordar juntos momentos vividos que evocaban épocas de aquel mundo de la guerra fría. No escaparon de nuestra amena charla las variadas referencias de las estrechas relaciones que unen a los pueblos de México y Cuba. Y quedó de manifiesto el deseo firme de que estas relaciones entre ambos pueblos alcancen nuevamente los niveles de desarrollo que antes gozábamos.

En un momento de nuestra conversación me preguntó la razón por la que no había planteado la posibilidad de hacerle una entrevista. Le aclaré que obviamente esa posibilidad había pasado por mi mente, pero que pensaba que antes de realizarla, debía yo, como su buen amigo, felicitarlo personalmente. Es de muchos conocido el hecho de que el general Castro, desde su toma de posesión como presidente de Cuba, ha recibido decenas de solicitudes para una entrevista, sin que aún haya concedido alguna, salvo escasos comentarios captados por el diario Granma.

El general Raúl Castro me dijo, y por ello me atrevo a publicarlo, que la primera entrevista que dará a algún medio será para los lectores de Organización Editorial Mexicana (OEM), por lo que cerré el firme compromiso de regresar en un futuro cercano a la isla para llevarla a cabo.

Durante la charla, que duró más de tres horas, se encontraban presentes el vicepresidente del Consejo de Ministros, José Ramón Fernández, y Jimena Saldaña de Aja, directora adjunta a la Presidencia y Dirección General de esta casa editorial.

En ocasiones, durante la conversación recordamos alegremente aquella entrevista que me concedió en 1993. Es digna de mención la gran sencillez del general Raúl Castro Ruz, quien cada vez que yo me dirigía a él como "Presidente", me recordaba que él era general del Ejército y que podía llamarle Raúl, como siempre lo había hecho.

Este encuentro, sin duda, me dejó el grato sabor que dejan las reuniones con buenos amigos que a través de los años uno aprende a valorar cada vez más. Mi amigo sigue siendo el hombre espontáneo, sencillo, de gran inteligencia; es un excelente conversador, con una extraordinaria visión del mundo. Entre las palabras que más me gustó escuchar de él, fue la de su deseo verdadero porque las relaciones entre los pueblos de México y Cuba vuelvan a alcanzar los niveles de amistad, respeto y afecto de antaño. No cabe duda que su entusiasmo, experiencia e inteligencia contribuirán a lograrlo.

Durante mi breve estancia en La Habana sólo lamenté no haber podido saludar al comandante Fidel Castro, por lo que antes de despedirme, le pedí al general que le hiciera llegar un fuerte abrazo, deseándole una pronta recuperación, ya que ésta fue la primera vez que viajé a Cuba sin poder saludarle.

Dejé su despacho a altas horas de la noche con la invitación abierta a regresar a cumplir con la entrevista que habíamos pactado. Al despedirnos, mi amigo nuevamente me sorprendió obsequiándome un bello estuche de habanos, con su dedicatoria personal, muestra de su gran carácter y simpatía.