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Parral
Prevalece negro recuerdo de la inundación de 1944
Prevalece negro recuerdo de la inundación de 1944 . foto: El Sol de Parral
El 8 de septiembre no se olvida
El Sol de Parral
8 de septiembre de 2007
José Alberto Ogaz
Parral, Chih..- Supervivientes y descendientes de los que vivieron la inundación del 8 de septiembre de 1944, narraron sus experiencias a 63 años de la tragedia que puso a prueba el temple de los parralenses, y que se negaron a dejar morir la ciudad. Las hojas del calendario se han levantado paulatinamente a lo largo del año, para llegar al 8 de septiembre y hacer emerger los recuerdos dormidos de la catastrófica fecha, que representó ese día para la localidad. Se trata sin lugar duda de una de las pruebas más duras que afrontaron los habitantes del viejo Parral, cuando las persistentes lluvias de septiembre hicieron crecer las aguas del río Parral, para que su caudal devastara un millar de viviendas, dejando sin hogar a cerca de 3 mil 500 personas. Hubo quienes no contaron con la suerte de sobrevivir a la fuerte inundación, quedando sus nombres entre los 31 muertos contabilizados en la trágica noche, en que las calles del centro, incluidas la Pensador Mexicano, Colegio y la Del Pueblo. Año con año se han ido acabando los testigos que presenciaron las dantescas escenas; sin embargo, quedan quienes han podido hacer patentes sus particulares vivencias. Este es el caso del maestro carpintero, don Adán Vázquez Alvarado, que a sus 81 años, con mente fresca y clara, abrió las puertas de su hogar en la calle Ocampo, así como las de sus recuerdos de cuando habitaba en compañía de su madre, doña Francisca Alvarado y su hermanos Ezequiel, Melchor, Gaspar y Leticia, una vivienda situada a espaldas de la "Donato Guerra". Él contaba con 18 años y señala que tuvieron que deshabitar la casa dos días antes, ya que las continuas lluvias habían remojado el techo y ya eran muchas las goteras. La escena se repitió en la finca donde se refugiaron en la avenida Independencia, cuando horas antes de la inundación del día 8, tronaron las vigas y logrando salir a tiempo antes de que la casa se derrumbara. Recuerda que su madre y su hermana menor fueron a parar a un cuarto de la calle Pensador Mexicano y Gabriel Chávez, donde sólo contaban con dos colchones de sus pertenencias que se habían quedado atrás, pero antes de las 11:00 los policías los sacaron, ya que se anunciaba la crecida. El siguiente refugio fueron los altos de una vecindad a la que se entraba por la calle Pensador Mexicano, concentrándose cerca de 10 familias, siendo el caso que a don Adán le pidió un vaso de agua su madre, por lo que éste abrió la puerta por donde habían subido la escalera para ingresar al cuarto, encontrándose con que el agua ya se estaba metiendo. Los demás estaban dormidos y se dio la voz de alarma para salir por una puerta que atravesaba la finca, en dirección a la plazuela Morelos, en la casa de en medio habitaba la dueña de la vecindad, la cual no quería abrir la puerta, pero al darse las amenazas de derribarla, cedió pidiendo no se le ensuciara el piso por parte de las familias; sin embargo, al abrir la puerta que daba a la plazuela, el agua ingresó de lleno. El kiosco de la plaza Principal fue el refugio momentáneo de estas personas cerca de la media noche. De ahí las familias se enfilaron a la mina La Prieta para pedir al velador de la mina Apodaqueña, que estaba en un primer nivel, abriera y los dejara refugiarse. "Ahí se apreciaba el torrente que corría por el centro en toda su magnitud". A la luz del día el agua ya no estaba en las calles y el río corría ya en su magnitud habitual. La destrucción estaba ahí. Los puentes que quedaron en pie y maltrechos fueron el Francisco Villa y el Cal y Canto, mientras que el San Francisco, Antonio Mena, Guadalupe Victoria, Guanajuato y el Sobarzo sólo eran un recuerdo. En la calle Aldama estaban sacando de entre los escombros la familia integrada por un ingeniero, su esposa y cincos hijos. Fueron sepultados por la finca. Un joyero que habitaba atrás del Depósito de Fierro, al final de la calle Colegio, sobrevivió al percance. Fue encontrado aferrado a un árbol al que llegó por la ventana de los altos de su finca, la cual no quiso abandonar por cuidar su patrimonio. En las vivencias descritas se incluye la de doña Chabelita Moreno Máynez, que a sus 83 años recordó que tenía 20, cuando en compañía de su madre doña Guadalupe Máynez viuda de Moreno, así como sus hermanos José y Raymundo, habían tenido que abandonar la casa de la calle Del Pueblo. En la anécdota del caso, señala que ella había dado a luz 9 días antes a su hijo Octavio Alfonso Ortega, quien también iba en el grupo que encontró asilo con un tío en la calle Primavera. --"Cuando salimos el agua nos llegaba al cuello y el asilo "Josefino" ya se había caído. Se tuvo que caminar entre el lodo que nos arrancó los zapatos, teniendo que seguir descalzos entre alambres de la luz, hasta llegar a lugar seguro". Narra la entrevistada que su hogar se fue a tierra y no quedó nada de su patrimonio, pero a la vez cita que entre lo favorable de la tragedia recibieron ayuda económica. Pedro Hernández Rodríguez, el conocido como "Pit Mandíbulas", se sumó a los entrevistados a pesar de que en aquellas fechas apenas tenía tres años. Su familia habitaba la casa de su abuela en la Víctor Hugo. Por lo que tuvieron que refugiarse en la Quinta Verde del Topo. El dato tristemente anecdótico es que sus primas Norberta y Lorenza Padilla Rodríguez, de 12 y 14 años, se contaron entre las 14 niñas fallecidas con el derrumbe del asilo "Josefino". Los recuerdos abarcan la puesta en operación de dos puentes colgantes, uno en la calle Pensador Mexicano y otro en el barrio de Guanajuato. Tras la catástrofe algunas personas se pusieron a sacar de entre los escombros, fierros aún útiles, lo cual se podía observar como actividad común donde participaban los chavalos del barrio Palomas, entre la Ocampo, la 2 de Abril y la Chihuahua. Con mayor edad, "El Pit Mandíbulas" señala que durante el año 58 se dio una inundación similar a la del 44, pero los daños fueron menores, ya que tenía 8 años operando la presa. Asegura que la persistencia de lluvias fue muy parecida con la que se extendió día con día del 15 de septiembre a los primeros de noviembre. Los testimonios aquí expuestos se suman a los que se han hecho patentes año con año, que confirman que la prueba de 1944 confirma que los parralenses que asumieron el reto de ponerse de pie, para no dejar morir el nacido como Viejo Real de Minas de San José del Parral, fueron aprobados al hacer valer a toda ley el lema de nuestro escudo de armas "Sobre Todo la Fe". Los fríos números ahí están. Los daños también. Pero las manifestaciones de apoyo de los diferentes niveles de gobierno, que permitieron evitar padecimientos y hambre a los afectados, incluido el surgimiento de la colonia de damnificados en las calles Chihuahua y Sonora. Hubo héroes ajenos a la comunidad que asumiendo la suerte de haber estado aquí durante la catástrofe, pusieron su mejor esfuerzo para salvar vidas, dejando la propia en prenda, como Jesús Valdez "El Cuadrado", cuyo monumento se yergue en la plazuela Guadalupe Victoria. Hay héroes locales, como aquellos jóvenes conscriptos que se conformaron como la primera fuerza de reacción y que permitieron reanudar comunicaciones, apoyando a los técnicos, bajo el mandato municipal del mayor Salvador Barreno Chávez y mandato presidencial del licenciado Manuel Ávila Camacho. Desde diferentes puntos surgieron apoyos de parralenses que habían emigrado antes de su querido Parral, y la frontera Juárez fue un claro ejemplo de solidaridad, hubo quienes con el dolor de su corazón y teniendo como único equipaje la esperanza, buscaron suerte en otras ciudades, pero eso sí, sin dejar atrás el orgullo de haber nacido en la capital del mundo, esa que sigue viva y luchando día con día. |
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