Parral
Temples de Decanini: la belleza se desgasta
UN NAUFRAGIO. Obra de Antonio Decanini Galli.
Decoran el majestuoso Palacio Alvarado
El Sol de Parral
29 de julio de 2012

Fernando Reyes

Parral, Chih..- La obra del pintor italiano Antonio Decanini Galli de-saparece a un centenar de su creación. Se aprecia en los 20 principales temples pintados en el Palacio Alvarado. Reflejan escenas europeas y del sur de México.

Tlachiqueros vendiendo pulque, la calle de Tacuba en el DF; María Magdalena rezando en una cueva egipcia y un charro cortejando a su amada al pie de una ventana, con un paisaje costero de fondo. Imágenes invernales, boscosas y catastróficos naufragios cuya invención es incierta. Quizá lugares visitados por el artista o meras invenciones.

A una centuria de su creación, lucen agrietados y chorreados. Partículas de pintura se desprenden con las altas temperaturas y los sonidos estridentes. La restauración de los temples es apremiante. Necesaria para que perduren por los años, al igual que se han conservado los majestuosos muros en cuyas medidas se encuentra la Proporción Divina.

El Palacio de los Alvarado, obra edificada entre los años 1899 a 1903. Cantera de estilo neoclásico con decoración barroca. Un regalo que Don Pedro de Alvarado construyó para su esposa Virginia Griensen, a quien llamaba su reina, fue construido por el arquitecto Federico Amerigo Ruvier y decorado por los trazos del pintor y escultor Italiano, Antonio Decanini Galli.

¿Quién fue Decanini?

Nacido en Lucca, Italia, el 17 de enero, se graduó en 1893 del Instituto de Bellas Artes de Florencia. Se matriculó en 1898 en la Academia Real de Pintura y Escultura en Milán, dove ottiene il diploma di scultore, -donde graduó como escultor-.

Llegó a México con su padre y sus hermanos Dionisio Paulina y Josefina. Datos adicionales proporcionados por el director del Archivo Histórico local, Roberto Baca, indican que el artista viajó a Chihuahua y de ahí a Parral.

Casó con María de Tornesi, procreando doce hijos: Carlos, Antonio, Ida, Emma, Graciela, Gersumina, Italo, Mario, Sergio, Hugo, Edna y Jorge.

En 1906 cambió su residencia en Monterrey, donde en 1914 fundó el "Centro de Cultura". Fue profesor en varias escuelas, incluyendo el "Colegio Civil".

Creó majestuosas esculturas mortuorias -monumenti sepolcrali-; además muchas pinturas. Decanini Galli murió en Monterrey el 1 de noviembre 1948.

Su obra pictórica, a 64 años de su muerte y 100 de haber sido creada.

El Palacio Alvarado tiene cerca de 40 pinturas "al temple". Del total, 20 son de grandes dimensiones y de éstas 17 decoran los muros exteriores de las habitaciones; tres se encuentran en una habitación. Las medidas son de tres metros de ancho por cuatro de altura, en otras se invierten las dimensiones.

Cada pintura es única. Trazos en tercera dimensión. Colores que se niegan a morir, a pesar de las grietas y manchas de humedad que las opaca y a la vez realza los trazos llenos de detalle que el ojo presuroso no ve, pero que el analítico descubre con sorpresa.

Las estampas son diversas. El autor no sigue una línea temática definida. Combina escenas nacionales con paisajes que parecieran europeos; cazadores y enamorados, pastoras, cascadas, paisajes boscosos e invernales por igual. Todos afectados por el transcurrir de los años y más por la humedad. Están manchados y cubiertos de hongos. Descarapelados. En algunos la imagen es casi imperceptible. Apenas visible detrás de oscuros trazos de agua terrosa que dejaron su marca al chorrear por la pared.

Descubriendo los enigmas de las pinturas; visiones de un artista que trabajó con el corazón, más que con un pincel...

En el vestíbulo del palacio está el primer Temple. Retrata el mar. Un grupo de 7 personas arrastran desde la orilla un bote con el mástil roto. Quizá una tormenta. Ayudados con cuerdas luchan para no perder las provisiones cargadas en el barco, mientras una pareja observa el esfuerzo.

Ambos visten ropas elegantes. Quizá un traje para el caballero con un sombrero alto. Quien lo acompaña pareciera una mujer. Se distingue un vestido y un sombrero más decorado. Entre las aguas del primer plano se distingue la quilla de un barco hundido. Al fondo un barco similar se confunde con el horizonte.

El siguiente es uno de los dos pasajes invernales. Un cervatillo intenta beber agua del río congelado, mientras su padre astado y su madre cierva vigilan en la orilla. Árboles secos y copas nevadas. Una mancha blanca en el cielo nocturno pareciera la luna. Sin embargo, es una plasta de yeso que cubre el deterioro.

Otra imagen invernal muestra una cabaña al fondo y un anciano cuyo pelo cano se mimetiza con la nieve. Ayudado con un bastón cruza despacio por una tabla sobre un río congelado. Una mirada más cercana permite distinguir un sombrero. Una pipa. Botas para la nieve y un morral donde carga una botella.

Un pescador con overol y boina tira su anzuelo. Detrás enormes árboles y vegetación. Al fondo un puerto y una ciudad construida sobre el agua. Da la impresión de tener canales por donde circulan botes. Venecia, Italia, refiere la mente. Empero, la imaginación le da diversas locaciones. Nada es seguro salvo su belleza y el desgaste de la obra.

Le sigue una iglesia con dos estatuas guardianes en el tejado. Junto, una torre coronada con una cúpula donde la cruz bendice el cielo nuboso justo sobre un suelo lleno de vegetación alimentada por un riachuelo.

La siguiente es de un "tlachiquero" vendiendo pulque a lomo de un asno donde carga dos jarrones. El tlachiquero es quien raspa el corazón del maguey para luego fermentarlo y crear la bebida. Es el vendedor de pulque. Ataviado con un sombrero y camisa de manga larga, transita por un camino rural repleto de árboles y pasando justo frente a una casa en cuyas ventanas hay maceteros con flores.

Al menos 16 columnas son retratadas en el siguiente temple. Desaparecen en el horizonte distorsionado por los hilos de humedad que empañan el cielo azulado de la pintura. Parecieran monumentos o los cimientos de un acueducto. No se sabe con certeza.

La calle de Tacuba está presente en la obra de Decanini. En un cuadro pasean personas entre edificios históricos, familias enteras, hombres con sombreros de copa y rancheros. Una dama usa una sombrilla. El monumento al minero en el lado izquierdo, sobre un tejado, y del otro de la calle se observa la torre de una iglesia y un ángel con las alas abiertas. La obra está en tercera dimensión. La calle posee un punto de fuga que se ve idéntico desde diferentes ángulos y permite recorrer toda la rúa hasta el horizonte.

Lamentablemente está manchada por marcas de humedad. El guía de turistas que acompaña el recorrido comenta que visitantes del DF coinciden en que se trata de la calle de Tacuba.

Una obra más. La cabaña a la orilla del mar. Invita a quedarse y olvidarse de los problemas personales. Apartarse del mundo. Un árbol da sombra a la cabaña. Al fondo el Océano surcado por barcos de vela y un cielo azul teñido por el moho que cubre la pintura.

Hay tres escenas boscosas. Todas con un árbol y un río en primer plano, salvo detalles únicos en dos imágenes. En una sobresale una montaña nevada al fondo entre el paisaje; en la otra, una aldea, un pueblo campesino.

Una caída de agua de varios metros de altura. El agua golpea contra las rocas del fondo y se descomponen en millones de gotas que son distorsionadas por las grietas de la pintura. Otra imagen de Decanini.

Un venado se esconde debajo de unos árboles. Lo persiguen tres cazadores. El más cercano mira al horizonte por un telescopio. Uno parece que ya ha visto a la presa y se la señala a su compañero. Rasgos y ropas españolas; bigote largo y barba de piocha. Sombreros con plumas, mosquetes y bolsos. El venado permanece oculto, siente el peligro y no huye.

En la orilla de un lago, una pareja mira las aguas desde un balcón en una construcción de tejas rojizas. La arquitectura pareciera tener influencias orientales, el tejado recuerda al de una pagoda.

Otra estampa que recuerda a un estado del centro sur del país. ¿Michoacán quizá? Dejemos que el visitante sea quien ponga nombre. Hay un hombre con traje y sombrero color café, saluda a una mujer con vestido azul, cesta en mano. Ambos están a la puerta de una casa y al fondo se aprecian escaleras que llevan hasta una iglesia o una hacienda. Detrás dos cumbres montañosas.

Un temple con temática única retrata a una mujer pastora con vestido largo azul con blanco y rojo. Lleva el pelo hasta los hombros. Negro. -Al guía de turistas le recuerda una vestimenta holandesa-.

La mujer sujeta entre sus manos dos correas tiradas por un carnero blanco y otro negro, este último casi imperceptible a causa de las manchas. Detrás de la mujer una choza con tejado circular rodeada por un corral.

La Entrada al Paraíso es otra de las estampas. Mística. Majestuosa. El lugar donde se localizan los nueve cielos y donde está la presencia física de Dios, quien aparece coronado al ascender a las alturas, por encima de una virgen representando a la Sagrada Concepción y en el pie de la columna San José y la Virgen María. La imagen es acompañada por varios ángeles.

Un tren parte el paisaje como una saeta negra arrojando humaredas. Asustando a caballos y reses que pastan en río paralelo a las vías del ferrocarril. Es el tema de otra obra que recuerda al famoso "piojito" en sus recorridos por Durango, al menos, así comentan.

En otra estampa un personaje con vestimenta similar a un charro, sombrero y zarape carmesí, pareciera cortejar a una mujer que se asoma por la ventana de una casa junto a un riachuelo y con ropa tendida bajo la sombra de un tejado de madera. Al fondo, casas rectangulares, idénticas a la anterior, salvo una choza circular con tejado cónico que recuerda a una construcción de arquitectura Maya.

Se trata de la única pintura rubricada por el autor: en la esquina inferior izquierda se lee "A. Decanini". Letras color rojizo.

El anterior completa los 17 temples exteriores, existen 3 obras que se encuentran en el interior de una habitación usada como capilla en el segundo piso.

Son obras de carácter religioso, todas relacionadas con Jesucristo. No se permite tomar fotografías del interior de las habitaciones y ésta no es la excepción. En una de las imágenes está el cuerpo de Cristo ensangrentado. Se refleja el dolor de su madre María al recibir el cuerpo del "Hominum Salvator", justo al bajarlo de la cruz. La tristeza contagia a Magdalena y a Juan que aparecen afligidos.

La otra imagen es en el huerto de Getsemaní. Jesús con los brazos, arrodillado y con una túnica roja: "Si es posible quita esta copa de mí, pero no sea mi voluntad, sino la tuya", vaticinando el sufrimiento por venir.

El tercer retrato que completa los 20 temples principales es una mujer con túnica blanca y cabellos dorados, orando arrodillada junto a un cráneo humano que descansa en una roca. Pareciera una imagen simple, pero su significado requiere la orientación de un experto.

La doctora en Arquitectura, Gloria A. Álvarez Rodríguez, originaria de Michoacán, detalla el significado: "es María Egipciaca".

Explica: se trata de una imagen que retrata a María Magdalena con una temática ajena a la mexicana, está vestida de blanco sin haber sido una mujer pura. Orando de rodillas con el cabello largo y suelto, pintado color dorado, emulando al de las mujeres romanas "de la vida galante", que para llamar la atención de los hombres se pintaban el cabello dorado, verde y azul.

Aparte no se tapaban la cabeza. No usaban toca de vírgenes como aparece Magdalena aquí. Con el rostro descubierto...

Es un momento que ocurre posterior a la muerte de Jesús, donde María Magdalena se retira a una cueva ubicada supuestamente en Egipto, donde se le conoció como una mujer santa, aunque con un nombre distinto. De ahí el nombre: María Egipciaca.

Los "Temples", origen del término y técnicas.

La doctora Álvarez Rodríguez apunta que las pinturas fueron elaboradas con la técnica conocida como temple. Por ello no se les puede catalogar como frescos. Explica que para dibujar un fresco se echa un aplanado con cal, y cuando aún está húmedo, se hacen las figuras con la punta de un maguey, luego se pone el color; "es una técnica como si se pirograbara en madera, para que no se corra la tinta, luego que se tiene el color se bruñe con una piedra, entonces tiene que estar en un punto lo suficientemente seco para que no se corra y lo suficientemente húmedo para que penetre. El temple no es como ésta. Es una técnica que se aplica superficialmente".

Abunda: el temple es una técnica pictográfica que utiliza generalmente productos vivos, como si fuese una acuarela, se utiliza algún aglutinante como puede ser una resina de huizache o un aceite de nogal, incluso huevo o clara mezclada con pinturas de tierras dando una consistencia similar al óleo, pero sin serlo.

Las obras decorativas tuvieron que haber iniciadas a finales de 1800 y terminadas para 1903. Previamente Antonio Decanini le había ofrecido sus servicios a Don Pedro Alvarado por medio de una carta y con la intención de darse a conocer en Parral. Cosa que Don Pedro aceptó comisionándole la decoración del anterior templo de Guadalupe, que lamentablemente se demolió para dar paso a la actual Catedral.

Luego sería contratado para decorar el Palacio Alvarado. Existe una carta donde el pintor se dirige a Doña Virginia, esposa de Don Pedro, y le dice que puede cobrar mucho menos, concederle "un menor precio, una rebaja importante" por la decoración del Palacio si ella considera que está pidiendo un precio muy elevado...

Decanini, ¿el único artista o hubo alguien más?

Sobre el autor refiere que se trata de un muy buen pintor, criticado por algunos, pero con trazos y perspectivas muy bien logradas cuya autoría de la totalidad de los temples no está autentificada en todos.

Quizá otro artista ayudó a decorar el palacio, existen datos históricos que Antonio Decanini sufrió una caída que le impidió caminar correctamente y lo alejó de la pintura. No podía subirse a los andamios ni desplazarse con facilidad; "lo más seguro es que le fallara la pierna, por eso se piensa que algunas obras no son de él".

Incluso la pintura de La Entrada al Paraíso, la imagen de la Ascensión del Señor no coincide con la iconografía mexicana; se aprecia una vestimenta roja cuando el típico es blanco.

El resto de las pinturas que completan las 40 quizá sean de su autoría. O no. Un punto a favor del autor, todas las obras conservan trazos similares, parecieran pintadas por la misma mano.

El resto está en habitaciones interiores. Se trata de armaduras, tambores, instrumentos musicales, cenefas, botellas, pescados y aves que parecieran reales, incluso una imagen de una ventana por la que se ve una cascada en el cuarto de baño y detalles de sirvientas en las paredes.

La obra de Decanini es interesante. Le dio vida a un patio que podría ser como muchos otros que existen, sin un gesto de decoración, cada cosa que le puso tuvo algún sentido. Valdría la pena investigar el por qué cada tema. Las formas y elementos. Desgraciadamente no existe una temática definida que permita conocer la intención del autor. "Quizá algún día aparezca un documento con bocetos del artista que explique los orígenes de las imágenes".

Dañadas por la temperatura, humedad, incluso los sonidos.

La obra de Decanini es de indudable influencia neoclásica. Lamentablemente no son imperecederas ante el paso del tiempo.

La doctora Álvarez detalla los cuidados que se deben tener para conservarlas. No exponerlas a cambios bruscos de temperatura. Evitar la aglomeración de multitudes, pues con el domo colocado se forma un "efecto de invernadero" al elevarse la temperatura. Además evitar sonidos intensos en el recinto, las vibraciones dañan la base de las pinturas, incluso la luz es otro factor perjudicial.

A pesar del deterioro considera que los temples están en buenas condiciones y no requieren ser restaurados; "siento que es borrar la patina del tiempo, les quita interés, mejor dejarlas con ese sabor de viejo, de los años que han pasado y han vivido, las pinturas están vivas como la madera lo está".

Consideró que se trata de obras artísticas importantes. Sin embargo, el verdadero simbolismo del Palacio no está en sus pinturas, sino en la arquitectura, el Palacio Alvarado posee lo que los griegos consideraban "La Divina Proporción". También llamada la "Sección Aurea". "No esperaba encontrarla en Parral, cuando la noté en el Palacio me fui de espaldas".

Datos históricos indican que la Divina Proporción es una medida, un número encontrado con sorprendente frecuencia en las estructuras naturales, así como en el arte y la arquitectura, en los que se considera agradable la proporción entre longitud y anchura de 1.618.

En el cuerpo humano, los ventrículos del corazón recuperan su posición de partida en el punto del ciclo rítmico cardiaco equivalente a la Sección Áurea. Si se divide el grado de inclinación de una espiral de ADN, o de la concha de un molusco por sus respectivos diámetros, se obtiene la Sección Áurea. Y si se mira la forma en que crecen las hojas de la rama de una planta, se puede ver que cada una crece en un ángulo diferente respecto a la de debajo. El ángulo más común entre hojas sucesivas está directamente relacionado con la Divina Proporción.

La restauración es inminente: MRM.

Al respecto, Martín Raúl Márquez, director del Centro Cultural "Palacio Alvarado", comentó que ha solicitado la restauración de las pinturas ante el Gobernador del Estado. También ante CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), se trata de un conjunto de maravillas que no deben perderse, sino perdurar como un tesoro para las futuras generaciones.

El haber colocado el domo impide que entre tanto polvo, se han instalado unas puertas de cristal en la entrada para evitar el paso de corrientes de aire y partículas de polvo. "Por lo pronto estaremos pendientes de la restauración. Se entiende que son obras originales afectadas por la patina del tiempo, deterioradas". Los visitantes se maravillan. Ellos heredarán esta riqueza.

Se trabaja en la rehabilitación de la recámara de los niños Alvarado. Una habitación de la planta baja decorada con pinturas de niñas en las cenefas del cielo y sólo un rostro de un niño, una imagen de perfil de "La Dolorosa" y un rostro de Cristo.

"Queremos que todas las áreas estén abiertas al público, hemos restaurado mobiliario que se integrará y se habilitarán recorridos nocturnos que le dan una experiencia diferente al visitante, diferente iluminación, guías de turistas vestidos con trajes de la época.



"La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte". Leonardo Da Vinci. Pintor y Escultor Italiano (1452-1519)