Opinión / Columna
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Arturo Ramo García
¡No digas mentiras!... Última parte
El Sol de Parral
20 de febrero de 2010
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¿Por qué miente mi hijo? Si nuestro hijo es pequeño, es posible que sus mentiras se den como parte de un juego, como una fantasía; este recurso desaparecerá a medida que vaya madurando. Al ir creciendo, empieza a mentir por otros motivos:
Exigencias: cuando exigimos y esperamos mucho de nuestros hijos, pueden mentirnos para no defraudar nuestras expectativas.
Imitación: nuestros hijos suelen adoptar el modelo que observan en casa así que, si observan que sus padres mienten, lo considerarán algo normal y habitual.
Miedo: mentir suele ser la mejor manera de evitar un castigo o una reprimenda. Sobre todo cuando nuestros hijos saben de antemano que esa va a ser nuestra actuación. Es la causa más frecuente de las mentiras de los hijos.
Atención: mentir para llamar la atención. Los que lo hacen por este motivo suelen relatar historias con gran entusiasmo, ya que así reciben mucha atención mientras cuentan la mentira. Les sirve para reforzar falsamente su autoestima.
Problemas: Algunos adolescentes mienten frecuentemente para ocultar otros problemas más serios, como pueden ser: el sexo, las drogas, el alcohol o el juego. Generalmente ocultarán dónde han estado, con quién, qué estaban haciendo o en qué se gastaron el dinero.
Nerviosismo: La mentira es una manera de responder a la ansiedad que padece. Ocultar un problema "maquillándolo" con otro.
Creencia: cuando el niño cree sus propias mentiras e intenta convencer también a los demás de que son verdad.
Nuestros hijos utilizan las mentiras como armas defensivas y a nosotros deben servirnos para detectar posibles problemas que ellos no pueden resolver por sí mismos. Son peculiares llamadas de auxilio que nuestros hijos nos envían "a su manera".
¿Cómo debemos comportarnos ante las mentiras de nuestros hijos?
Determinar por qué mienten y qué le motiva a mentir.
Favorecer a la comunicación familiar. Procurar que se sienta cómodo expresando lo que siente, independientemente de lo que diga, y que sea capaz de responsabilizarse libremente en sus actos.
Demostrarle que nuestro cariño por él es independiente de sus opiniones o actos.
Ofrecerle modelos claros de responsabilidad y sinceridad. No podemos decir nosotros "mentiras piadosas" o prometer cosas que no vamos a cumplir.
Inculcarle el valor de la honestidad. Explicarle la diferencia entre fantasía y realidad, y entre verdad y mentira.
No ridiculizarle, ni exagerar nuestras reacciones ante una mentira. En cualquier caso, hablar con él en privado.
Ser paciente pero a la vez firme con nuestros hijos. No seamos demasiado estrictos en cosas que no son realmente importantes y expliquemos claramente el motivo de nuestras prohibiciones. La comprensión de las normas le facilitará el cumplimiento de las mismas y le permitirá valorar las consecuencias de su desobediencia.
Cuando nuestros hijos cuenten la verdad, debemos felicitarle por su valentía y procuraremos, dentro de lo posible, relativizar su falta y demostrarle que seguimos confiando en él.
Es importante que nuestros hijos vean que es mejor decir la verdad que mentir, principalmente porque hará que siempre confiemos en ellos y por lo tanto les demos más responsabilidades y libertades.
Antes de que la mentira se convierta en un problema más grave, intentemos prevenir y tratar sus motivos y sus causas. Si logramos entenderlos, seguramente renunciarán a este hábito de mentir. Si no llegara a desaparecer, lo más recomendable será buscar orientación profesional.
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