Opinión / Columna
 
Hernández Aragón Julia 
Un análisis del impacto territorial sobre migración
El Sol de Parral
16 de noviembre de 2009

  Sabemos que el principal importador de fuerza laboral de los migrantes de México es Estados Unidos. Este fenómeno responde a la interacción de diversos factores que está presente tanto en Estados Unidos como en México. En el caso de México los bajos niveles salariales que perciben los trabajadores en comparación con los similares en aquel país representan una poderosa atracción.

De esta manera, para México la emigración hacia los Estados Unidos ha representado una válvula de escape para aminorar potenciales, tensiones sociales y políticas, ya que el envió de remesas ha permitido subsistir a millones de mexicanos. La segunda fuente de divisas para México, después del petróleo, son las remesas de los migrantes. Los problemas estructurales que la economía mexicana en general, y del sector agropecuario en particular registran desde los fines de los años setenta del siglo pasado, se han profundizado en los últimos años pese a las reformas estructurales, por lo que las presiones para emigrar han sido y seguirán siendo fuertes (Mercado V., 2007).

Si bien siempre se maneja que las remesas ayudan al país de origen, se sabe cuánto dinero en materia de remesas entra; sin embargo poco se sabe hacia dónde se destina finalmente dicho dinero enviado por los emigrantes.

En esta región que estamos analizando, no se cuenta con información hacia dónde dirigieron su dinero los emigrantes. Es decir, se carece de datos acerca de en qué es utilizado, como ya habíamos señalado, en todas las ocasiones lo destinan primeramente a la alimentación, en segundo lugar a la vivienda, pero después de ahí, ¿qué pasa? La región sigue presentando migración, sigue presentando desaceleración económica, no hay detonantes de desarrollo. ¿Por qué? Porque todos los actores relacionados para que se diera un desarrollo económico local no están haciendo lo que les corresponde.

En muchas ocasiones las personas receptoras de las remesas que envían quisieran invertir su dinero -posterior a las dos acciones antes mencionadas cubiertas-; sin embargo, no existe una orientación hacia dichas personas, no se atreven ni siquiera a asistir a los bancos -baste señalar que en algunos poblados no existen dichas instituciones financieras-, no existen programas que propongan el elaborar y aplicar proyectos de inversión.

Una nueva modalidad que podría estar repercutiendo en algo tangible y positivo como fuente de inversión sería la conformación de micros, pequeñas y medianas empresas, en esta región.

Ahora bien, lo interesante es ver ese proceso de transformación del ahorro hacia la inversión. Pero, ¿cómo llevarlo a cabo? Una vía es proponer que las fuentes de inversión se orienten a la constitución de empresas: micro, pequeñas y medianas. Lo cual representará un fuerte detonante de desarrollo local en esta región económica del país. Y para ello habrán de tomarse en consideración elementos como: la viabilidad de los proyectos para la constitución de las unidades económicas, la sustentabilidad con el entorno ambiental, el papel que desempeñarán tanto los emigrantes como los receptores en el país de origen, el papel de las instituciones, igualdad de género, la competencia y competitividad ejercida, acceso a los recursos, entre otros.


 
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