Opinión / Columna
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Rafael Velázquez
¡Que me sube el colestorol!
El Sol de Parral
12 de noviembre de 2009
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¿Se acuerdan que les dije, que más nos valía andarnos con cuidado, que fuéramos cautelosos, que no se nos fuera a pasar la mano porque en una de esas se nos aparecía el Diablo?... ¿Se acuerdan?... Pos ya pasó.
El otro día se me "subió el muerto"... Estaba este humilde y peloncito servidor completa y absolutamente dormido cuando empecé a sentir una enorme presión en la pechuga, me desperté y no podía respirar. Empecé a tirar manotazos tratando de agarrar aire, me puse de pie y corrí al baño. Ya en el inodoro pude ver mi rostro en el espejo, parecía cirio pascual con los ojos colorados y con los labios blancos y resecos... ¿Será el cigarro?, me pregunté. ¡Pero si yo no fumo!, me contesté. Como ya estaba amaneciendo llamé a pensiones para apartar cita con algún galeno. Ustedes ya saben que es lo que pienso de los discípulos de Hipócrates, pero el susto no fue para menos. Me apersoné en el lugar de las citas y los vi, había como cuarenta profes y maestras todos catarrientos y como cerca de ochocientos jubilados... Luego de esperar dos horas me pasaron a que me checaran los signos vitales. La señorita que me atendió me preguntó: ¿Es hipertenso, profe? -No, le contesté, más bien hipermenso... - Ah, cómo será. Lo bueno es que no se le quita el buen humor -dijo mientras me daba un papelito.
Luego me pasaron con un doctor que de seguro es una cruza entre médico y notario público, porque aparte de dar fe, da esperanza y caridad, lo digo porque pa pronto me envió a que me sacaran análisis de sangre y un electrocardiograma. Como se imaginarán ya estaba yo agarrándole cariño a la tierra, pero el médico me tranquilizó diciendo que estaba yo muy joven, que eran estudios de rutina, que no me apurara, que me tranquilizara, no me fuera a dar un infarto ahí mismo.
El asuntiano piano fue que me sacaron sangre y luego me pusieron unos chupones en todo mi hercúleo pecho y salieron con la novedad de que estaba yo más joven que mi cuerpo y que traía el colesterol, los triglicéridos y la presión arterial en casa del demonio, que no se explicaban cómo era que andaba yo tan campechano y tan orondo cascareando por el mundo, cuando tendría que estar internado a punta de nitroglicerina.
El doctor, a punto de un infarto, me dijo que tenía que guardar reposo, que no me alterara, que me fuera a vivir a nivel del mar y que me divorciara ipso facto, ya que, según parece, el matrimonio no me va bien. Yo le explique que esos vicios no iban conmigo, pero no me hizo caso. Por lo pronto me suprimió los alimentos que constituyen la más elemental cortesía: la sal y el pan. Todo aquello que tenga grasas, todos los productos lácteos, las tortillas de maíz (incluidos los tamales y todo lo que tenga que ver con la vitamina "T"), la barbacoa, las carnes asadas, los huevos, las carnes frías, y también las calientes (esto dizque por la presión alta)... Total que no me queda más que despedirme:
¡Adiós tacos de ojo terciados con sesos y lengua de mí querido compa Lencho!
¡Adiós mis adorados chiles rellenos de con Soco!
¡Adiós mis gorditas de chicharrón de la Jesús García!
¡Adiós mis tacos de tripitas!
¡Adiós mis hot dogs de con Miguelito afuera del Bancomer!
¡Adiós mis barbacoas de la Flores Magón!
¡Adiós mis "platillos especiales" de con Quico!
¡Adiós mis huevos con tocino mañaneros!
¡Adiós mis frijoles con puerco!
¡Adiós mi menudo con pata de con Mayelo!
¡Adiós mis chamorros de la Centauro!
¡Adiós mis chicharrones temblorosos!
¡Adiós, para siempre adiós!
¡Maldita sea!, como al gordo Carstens no le suprimen todo eso. De seguro comerían como veinte familias.
PD. Hablando de despedidas. Un abrazo gigantesco y una felicitación hermosa, con un grito limpio que quiere ser eterno, para "Luchita", que se nos retira de la manera más honrosa que se puede uno retirar: teniendo el orgullo del quehacer cumplido y el poder lucirse, sabedora, de que su trabajo siempre estuvo bien hecho... Gracias Luchita, siempre estará en el pobre corazón damnificado de un servidor.
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