Opinión / Columna
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Hernández Aragón Julia
La otra migración: fuga de cerebros
El Sol de Parral
10 de noviembre de 2009
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En los últimos tiempos, en el contexto de la globalización y en su carácter de proceso sociodemográfico trasnacional y de la recomposición de los mercados mundiales, se han desarrollado procesos migratorios de profesionales y especialistas de alto nivel que buscan un ambiente más favorable para desarrollarse integralmente en el plano profesional y personal que comúnmente denominamos fuga de cerebros.
De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), actualmente existen 20,000 becarios estudiando en el extranjero, de los cuales 1,000 no regresaron este año al país -aún cuando hay 2,950 puestos vacantes en los centros públicos de investigación e instituciones que dependen de la Secretaría de Educación Pública-, representando una fuga de cerebros de 5 por ciento. En este contexto, nos surge la pregunta: ¿por qué personas altamente instruidas en diversas áreas del conocimiento, en edad productiva y en plenitud de sus capacidades deciden partir de México para incorporarse a la vida profesional de otro país?
La respuesta a esta controvertida pregunta podría estar siendo asociada a la no existencia de un trabajo decentemente remunerado, y aunque persiste la idea de regresar al país, empiezan a comprometerse con la comunidad que los acoge haciendo compromisos laborales mejor remunerados que les priva a regresar a sus país. Lamentablemente, México no ha implementado estrategias efectivas para tratar de retener a sus profesionales cualificados ofreciéndoles mejores oportunidades de empleo, una de las medidas más efectivas es la repatriación de profesionales mexicanos que se ha venido realizando como una estrategia para tratar de disminuir la pérdida de profesionales y propiciar la generación de condiciones apropiadas para que colaboren con los colegas que residen en el país, aportando su experiencia en trabajos de investigación conjunta con el objetivo de retribuir a la sociedad la inversión hecha en su formación profesional.
Nos debe quedar claro que la fuga de cerebros tiene una doble pérdida: aquélla que representa la inversión en formación de profesionales y que terminan emigrando; y aquélla que da la expectativa de que dichos profesionales pudieran generar un mayor capital social y contribuir a la resolución de los rezagos tecnológicos y científicos de nuestro país.
Grosso modo, en 1940, Albert Einstein advirtió que en el futuro "...solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad de hacerlo y asegurarse de que se queden en el país. Las otras naciones se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, con minas, con una historia espléndida; pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras. Y mucho menos con capacidad económica...".
Luego entonces, se puede señalar que la migración es un fenómeno que ha acompañado al hombre desde su origen, por lo que es fácil concebirlo como algo natural y, por lo tanto, muchas veces necesario.
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