Opinión / Columna
|
Mario Alberto Gaytan Urbina
Educación Superior
El Sol de Parral
9 de noviembre de 2009
|
El sistema educativo mexicano se compone de tres niveles: la educación Básica, la educación Media-Superior y la educación Superior. La educación Básica comprende preescolar, primaria y secundaria; constitucionalmente es menester del gobierno otorgarla de manera laica, obligatoria y gratuita. No así la educación Media-Superior que comprende el bachillerato, la escolarización intermedia entre la Básica y la Superior, con sus modalidades de Preparatoria, Conalep, la variedad de CBTis, CBtas, etc. Y la Educación Superior, que tiene como antecedente el bachillerato, se le llama "terminal" porque ofrece una licenciatura, una "carrera"; y tampoco es obligación del gobierno otorgarla constitucionalmente.
La educación básica, obligación del gobierno, tiene la misión de formar ciudadanos. La educación Media-Superior prepara a los alumnos según sus aspiraciones vocacionales. La educación Superior forma profesionistas. En el presente siglo, el desarrollo de la educación Superior en los países del primer mundo es extraordinario; mientras que los países en vías de desarrollo, como el caso de México, apenas se conforman con introducir las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones y la formación del capital humano.
El tempestuoso desarrollo científico- técnico del siglo XXI, caracteriza a nuestra época de cambios vertiginosos, lo que exige individuos capaces de poner en constante movimiento sus conocimientos, procederes y comportamientos, convirtiendo al conocimiento, su desarrollo y enriquecimiento, en el propósito prioritario del sistema educativo. En la Declaración Mundial sobre la educación Superior en el siglo XXI (UNESCO, 1999) se define entre las misiones de la educación Superior: promover, generar y difundir conocimientos por medio de la investigación y, como parte de los servicios que ha de prestar a la comunidad, proporcionando las competencias técnicas adecuadas para contribuir al desarrollo de la sociedad.
Se impone hoy, a las Instituciones de educación Superior (universidades, tecnológicos, normales) la búsqueda de vías efectivas que contribuyan a la formación integral del alumno y en particular a la elevación de su pensamiento creador, emanados a partir de procesos investigativos que han de ser desarrollados por individuos, cuya dimensión investigativa esté desarrollada y los sitúe en condiciones de investigar, asesorar, dirigir y liderar procesos investigativos en cualquier medio en que desempeñe su labor.
El profesionista que se pretende formar ha de ser competente en sus procederes, actitudes y conocimientos y esas competencias serán reales sólo cuando sea un individuo competitivo en climas competitivos y un perenne investigador en su quehacer.
Estudios precedentes acerca del trabajo investigativo coinciden en reflejar un déficit del desarrollo de la dimensión investigativa de la educación Superior, carencia que evidencia cuánto falta por hacer para lograr una educación Superior de calidad. Queda mucho por hacer...
Columnas anteriores
Columnas anteriores