Opinión / Columna
 
Pastor Joel Moreno Ponce 
Lágrimas
El Sol de Parral
8 de noviembre de 2009

  Estamos tomando un diplomado en consejería, en el cual debemos leer a varios autores, uno de ellos habla acerca del dolor y del poder restaurador que pueden tener las lágrimas. Esto ha llamado mucho mi atención. Por supuesto que sabía de este poder restaurador que puede surgir de una persona que está experimentando dolor al expresarlo a través de las lágrimas. Sin embargo, hoy estoy aprendiendo más acerca de este efecto que puede tener sobre los seres humanos el hecho de derramar lágrimas.

Una definición llana de las lágrimas es que es un líquido corporal cuya función principal es limpiar y lubricar el ojo. Yo en lo personal he tenido que ver muchas de ellas (lágrimas) en mi oficina con personas que vienen en busca de asesoría.

Personalmente creo que las lágrimas son el vehículo con el cual Dios nos ha equipado para expresar los sentimientos más profundos que las palabras no pueden expresar. Uno de los autores más dotados de nuestro tiempo (mi autor favorito) Max Lucado, ha descrito gráficamente en uno de sus libros la importancia que pueden tener las lágrimas. En un capítulo nombrado Mensajeros Ocultos, de su libro "Con razón lo llaman el Salvador", él explica este efecto restaurador en la vida de los seres humanos, pero sobre todo cómo nuestro dolor toca el corazón del Salvador a tal modo de conmoverle hasta las lágrimas.

Seguramente al igual que yo, recuerda el relato bíblico que se encuentra en el evangelio de Juan en el cap. 11, que nos habla de la resurrección de Lázaro. El pasado domingo y cada vez que tengo la oportunidad de ministrar en funerales, hago uso de este pasaje que nos dice algo muy interesante que nunca había notado (hasta el domingo pasado); la historia dice, que cuando Jesús llegó al lugar donde habían colocado a su amigo Lázaro: Jesús lloró.

Sí, lo leyó bien, y si lo duda puede leerlo directamente de su Biblia es el pasaje más corto del Nuevo Testamento: Juan 11:35 que dice: "Jesús lloró".

Fue un momento increíble principalmente para los testigos oculares que estuvieron presentes en ese momento histórico y ahora para los millones de lectores de la Biblia que lo volvemos a presenciar al leer este impactante relato: Sin lugar a dudas, la resurrección de Lázaro es el milagro más dramático y atrevido de todos los que realizó el Señor Jesús. Pero lo más sorprendente es ver sus lágrimas, "no sé que será más increíble: ¿un hombre resucitando de entre los muertos o un Dios que llora?", ¿Realmente puede imaginar a Dios llorando?, ¿Puede imaginar al creador de todo, al todopoderoso derramando lágrimas? Yo no puedo concebirlo; sin embargo, en los evangelios se nos presenta como un Dios (a través de Jesús), que se identifica plenamente con nosotros y que puede llorar cuando ve nuestro dolor.

Este relato a mi me dice claramente que Dios se identifica plenamente con nuestro dolor, sus lágrimas siguen brotando cuando ve a su creación sufriendo. ¿Quién puede decir que Dios es ajeno a nuestro dolor? Nadie. Cualquier persona en este planeta tierra puede sentir a Dios más cerca en medio de la crisis, nadie que se diga ser humano puede negar esta realidad: Dios derrama lágrimas cuando nosotros sufrimos.

Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (La Biblia en el Nuevo Testamento en la carta a los Hebreos cap. 4 y verso 15).

pasjoelmo@hotmail.com


 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas