Opinión / Columna
 
Victor Santini R. 
Temores
El Sol de Parral
27 de octubre de 2009

  Me he fijado que hay muchas personas que hablan de positividad, de superación, de despegar, de ver a futuro, de ser animoso, de tolerar, de apoyar, de creer en las personas, de ser bueno, de no dañar y muchas cosas similares, pero es muy interesante ver esto, no queremos ver los temores de lo que debemos evitar o solucionar, ya sea en lo individual, que nos escudamos en grupos, o en lo de grupo, que al sentirnos apoyados actuamos, pero sin dejar el temor de lado.

La rutina, es una manera de degenerar las costumbres y más valores sociales e individuales, y cambiar esta rutina, es algo grave, más si es una rutina descansada, llegar a casa, tener buen ingreso, no preocuparse para estar en una posición muy buena para criticar, sin tener riesgos, sin miedo, muy positivo según algunos, pero esto me da qué pensar, en los que de un modo o de otro, la situación no es la misma, que se debe de actuar con cautela, con recelo y desconfiando de todo, y de todos, lo que de paso me da risa que lleguen a hacer crítica de esta actitud tan negativa, mas se puede salvar estas opiniones chiquitas, por una sencilla razón, la realidad y la violencia ya rebasaron la vida calmada y rutinaria de muchos ciudadanos y por mucho que agarren pose para criticar, pues aparte de verse simpáticos; por aparentar una positividad solo al momento de estar en grupo, pero que el temor asalta cuando se da uno cuenta de la soledad de alrededor, tan solo ir al domicilio, al súper, a la diversión, a visitar familia, o más al rejuego, el peligro acecha, entonces salen los famosos temores, el miedo a ser dañado.

Pero me da curiosidad esas fórmulas "no pasa nada", "para qué te preocupas", "al que le toca le toca", "ya le tocaba" y no las voy a desmenuzar una a una, la parte general es lo que pueda resultar, un daño, un asalto, un robo, un homicidio, y fingirse demencia de estas fórmulas, pues es muy comodino, escribir no las resuelve, pero menos fingiendo que no pasa nada.

Me nacen temores por mis descendientes, por su seguridad y por la propia, cualquier delincuente puede ordenar a otro que hagan un daño y no le pasa nada, es más me parece ver su cara de divertido que no se sepa que él lo manda y el ejecutor, abusando de su maldad, lo haga.

Pero este temor rebasa en el miedo a las autoridades, del delincuente sabemos cuál es su meta, dañar y ganar a costa de los demás, aparte de que nos necesita, nos daña de cualquier forma; pero los funcionarios y algunas autoridades no sabemos de qué parte están, protegen más al delincuente, ya sea por sus derechos humanos, los valores entendidos, si son los encargados de darnos protección por origen de nuestros impuestos, vemos con más que tristeza, con pánico que ninguna actitud, conducta o daño, sea delito, y ni la capacidad de defendernos ya que entonces sí seríamos acusados de hacer justicia por propia mano, eso es lo más grave, lo otro, no, sólo estadística; y ni reclamarle con los recursos pertinentes, porque se enojaría y casualmente los asuntos de uno, se irían a la pérdida, habría más argumentos en contra que a favor, habría tesis de la Suprema Corte usados en contra, o casualmente un accidente, o una golpiza, y note, los que se dedican al campo del derecho, no se percibe que propongan algo positivo, todos a la expectativa, lo que es sumamente inteligente, no alterar sus arreglos, lo que lleva a un peligro a los que no quieren dejar trabajar, arrastrando la situación social a extremos ya muy señalados en los periódicos, violencia, muertes, y si se cobija uno en la oscuridad, no pasa nada, error, la caída es muy sensible, la pérdida de valores, hasta para ser malo.

Temor de escasez de trabajo, alimento, oportunidades, tranquilidad, seguridad para todo, hasta para vacaciones.


 
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