Opinión / Columna
 
Rafael Velázquez 
Miguel Etzel Maldonado... Un político excepcional... Descanse en paz
El Sol de Parral
23 de octubre de 2009

  Una vez más la violencia toca la puerta. Y una vez más la dejamos entrar.

Vivimos en medio de un horrible y constante bombardeo, ya no mediático sino físico, palpable, tanto que podemos tocarlo con estirar la mano.

Esta terrible situación ha endurecido nuestros corazones y ha hecho de nuestro carácter la sombra pusilánime que deja el desdén y hasta el importapoquismo... No señores, ya no es miedo, ni pánico y mucho menos terror lo que sentimos cuando nos damos cuenta de que alguien más, conocido o desconocido, ha caído abatido por las balas de la sinrazón, de la desesperación e incluso de la desesperanza.

Nos movemos en un mundo al cual, por razones de higiene mental, nos desconectamos de manera inconsciente; pasando dejando pasar, haciendo sin hacer, viviendo sin vivir...

El corazón se nos ha convertido en un trozo de pedernal que no percibe, o se niega a percibir, las señales que le envía nuestro cerebro. El cual también, de manera lamentable, se nos ha cubierto de un especial teflón que le impide asimilar la dimensión de los acontecimientos...

Todo esto nos ha convertido en seres indiferentes, ya no sólo ante el dolor de los demás, sino hasta ante el dolor propio.

Hubo un tiempo en que fuimos mezquinos, cicateros y avaros de nuestra seguridad y de la de los nuestros creyendo, ilusos, que todo lo que acontecía en el rasero violento de nuestra comunidad jamás nos iba a tocar a nosotros ni a ninguno de nuestros seres queridos o conocidos... Así fuimos avanzando, creyendo que crecíamos y que el "mundo" estaba "afuera y muy, muy lejos"...

Cuando despertamos ya teníamos las manos y el alma completamente manchadas por la sangre de nuestros hijos, seres queridos, amigos y conocidos.

El cerebro busca "mecanismos de defensa" y obliga a su poseedor a "creer" que el dolor, la violencia y la inseguridad no existen. Por eso lo incomunica y lo convierte en un autómata autista que, según él, "toma las cosas con calma"... Una persona en estas condiciones se transforma en un ente pasivo, ensimismado, apático, abúlico y desinteresado, que se convierte en presa fácil para los "fieras" de la delincuencia y el crimen organizado... Son como las ovejas que ven venir al lobo y no corren. Como los bebés focas que observan acercarse al asesino con un garrote en la mano y no huyen... ¡En eso nos hemos convertido! ¡En víctimas indefensas!... Y ya no porque "alguien" venga a defendernos, sino por algo peor: nosotros ya no podemos, ni queremos, ni nos interesa, ni nos llama la atención defendernos... "Total ¿para qué?, si de todos modos va a pasar"... Parece ser esa la triste premisa de nuestros tiempos.

Hoy, reitero, una vez más la violencia se ha cebado con la sangre de un inocente, de alguien que hizo de su vida un trabajo fecundo y creador en todos los campos que el transitar de su existencia le ofreció... Una persona atenta, tranquila, franca, conciliadora e institucional... Un político de pensamiento y profundidad. Un político de forma y fondo. Un político de organización y acción. Un político de estrategias y tácticas... Un servidor público inteligente, presto a la asistencia y el beneficio de quienes se aproximaban a él en busca de la redención de sus intranquilidades... En suma, nuestro estado, nuestras organizaciones políticas, nuestras instituciones, nuestras comunidades y nuestros sentimientos, han sido lacerados al arrebatarnos de manera cruel la presencia física de un gran hombre: Miguel Etzel Maldonado.

Se hace el llamado a toda la comunidad para que de una vez por todas despertemos de esta espantosa somnolencia, de este pantanoso adormilamiento y abandonemos la poderosa droga del "importapoquismo", haciendo causa común con todos aquellos que todavía creen, y creemos, que podemos lograr una sociedad tranquila y progresista, para heredársela a nuestros hijos.

PD. Nuevamente el más sentido pésame a la familia del amigo Miguel Etzel Maldonado.


 
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