Opinión / Columna
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Jesús Manuel Chávez
En sus onomásticos reciban mi reconocimiento y admiración; en una palabra "todo mi agradecimiento"
El Sol de Parral
22 de octubre de 2009
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Es fácil decir que el tiempo pasa rápidamente; apenas ayer recuerdo cuando vivíamos en la casa de mis padres, ahora casa del abuelo y abuela. Éramos seis personitas a los que había que sacar adelante, no sólo en la cuestión alimentaria y vestimenta, sino en cuestiones de superación personal, espiritualidad y empatía con los más necesitados. Hoy, después de casi cuatro décadas, déjenme decirles estimados papá y mamá que lo lograron. Somos dueños de nuestros propios destinos, afrontamos la vida y la enfrentamos con agallas, no descuidamos a los pobres espirituales y materiales, y tratamos de vivir cerca de Dios; aunque en ocasiones nuestro testimonio deja mucho que desear, pero siéntanse seguros que siempre volvemos al Pan de Vida que desde niños nos enseñaron. Hoy mis queridos viejitos quiero expresarles por este medio mi más sincero agradecimiento, simplemente por ser mis padres, porque me dieron la oportunidad de estar en este mundo, porque me permitieron comprender el mundo a partir de Dios y de los valores morales que nos han inculcado a través de nuestras vidas. Cada momento de mi vida no la puedo entender ni explicar sin ustedes a mi lado, han estado presente física y moralmente en cada momento que he vivido, en mis aciertos han estado compartiendo mis alegrías, en mis desaciertos apoyándome, aconsejándome y contagiándome de su gran entusiasmo por seguir adelante. En mis momentos de tristeza mi madre me ha acompañado y como si fuera todavía un niño con una conducta mala, ella ha estado para consolar mis lágrimas, para apoyarme en su regazo, tomar sus manos y simplemente permanecer en silencio. Él con su firmeza y congruencia en el creer, decir, ser y hacer ha permanecido siempre para ventilar y ser en sus palabras una luz que se abre en los momentos más oscuros de mi existencia. A ellos que cumplen años, uno en seguida de otro, como si el mismo mes los uniera en el vínculo del amor, representando su ternura en la luna más hermosa del año, quiero manifestarles que los amo entrañablemente, que les agradezco cada momento que me han permitido compartir con ellos, que si los he hecho pasar vergüenzas, noches en vela, preocupaciones, hasta una que otra enfermedad les pido una sincera disculpa. Pero más que nada, gracias por ser mi mamá y mi papá dos seres maravillosos que cuando pasa más el tiempo más los valoro, los quiero y los llevo conmigo noche y día. Le pido a Dios que me los siga conservado y que él mismo les compense su gran responsabilidad y preocupación que han tenido para con sus hijos desde que nacimos hasta el día de hoy para sacarnos adelante y además nos previeron de los elementos suficientes y necesarios para poder vivir cerca de Dios a pesar del mundo. Una felicitación cordial y que la virgencita de Guadalupe los proteja y les permita seguir adelante en los talleres de oración y en la diaconía. Y cuando sea grande quisiera ser como ellos. Felicidades hermosos.
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