Opinión / Columna
 
Ing. Adalberto Gutierrez Chavez 
Cuando las rodillas se doblan, el corazón se inclina
El Sol de Parral
21 de octubre de 2009

  La convivencia con la familia muchas de las veces resulta un oasis en el desierto, ya que se platica de muchos temas, pero sobre todo se esparce amor, ese sentimiento transformador que nos inyecta alegría y ésta a su vez, es la que nos transmite el entusiasmo por la vida, siendo comparable a un barco que se encuentra sujeto con grandes cables y para atravesar el mar es necesario soltarlo; así el hombre, para sentirse libre y pleno en la vida debe aprender a renunciar a muchas esclavitudes internas, dándose cuenta que al renunciar a sentimientos ególatras se apropia de una gran cualidad que es la serenidad; interpretar también la libertad dándole un significado, liberando impulsos benevolentes y creadores que existen en el fondo del hombre.

A través del tiempo y por medio de las lecturas nos hemos dado cuenta que los hombres que han sabido desposeerse del egocentrismo se apodera de ellos una libertad interior. Al final de cuentas, el tiempo, la historia, se escriben al ¡vivir! Y esto significa adentrarnos en la corriente de la vida y en ésta se nace, brilla y se apaga. En la misma el dolor físico es alarma de enfermedad, está bien ¡cuando nos da una fuerte sacudida para enmendar errores y así emprender rumbos verdaderos!, está bien.

Debemos pensar que vivir es un privilegio para todos y la existencia una fiesta, una fiesta que la debemos saber interpretar. Si nos trasladamos hasta los momentos bíblicos en la vida de Job, cómo interpretó su existencia al preguntarse ¿qué significan mis sufrimientos?, ¿para qué sirven?, pero sabemos que tuvo una conmovedora reacción final, Job ya no reclama su desgracia, ni estructura preguntas, queda en silencio y dobla sus rodillas, se postra en el suelo, en el cual toca su frente y adora:

¡Sé que eres poderoso!, ningún proyecto te es irrealizable, he hablado como un hombre ignorante de maravillas que me superan y que ignoro.

Yo te conocía sólo de oídas, más ahora te han visto mis ojos; por eso retracto mis palabras, me arrepiento en el polvo y la ceniza (Job 42, 1-6)

Está claro el pensamiento de Job, amando todo se comprende, y cierto, cuando las rodillas se doblan, el corazón se inclina y la mente queda en silencio ante enigmas que nos sobrepasan.

Voy a aprovechar este espacio para enviar una felicitación muy profunda a los padres y hermanos de Jorge Gardea Torresdey, los cuales estoy completamente seguro que se sienten plenamente satisfechos y a su vez llenos de alegría y cariño hacía su hijo, así como también le mando a Jorge una felicitación llena de gusto por su trabajo y ese reconocimiento hecho por el presidente Barack Obama.




 
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