Opinión / Columna
 
Rafael Velázquez 
Arrieros somos... (Y en el camino andamos)
El Sol de Parral
16 de octubre de 2009

  La semana pasada tuve que verme en el trance de recorrer gran parte del centro de este gigantesco Estado (la próximas semanas, según parece, seré enviado a la más hermosa sierra del mundo: Nuestra Sierra Tarahumara), situación provocada por el ACAREIB, programa de acciones compensatorias para el cual laboro y colaboro... En este hermoso peregrinar de la semana pasada compartiendo y creciendo con la fuerza magisterial del Estado (los profes, pues), me tocó estar un rato en una ciudad en la que viví muchos años y de la cual tengo recuerdos entrañables y otros bastante hígados, que de todo se da en el interpósito vivencial... Como realicé el periplo en mi modesto medio de transporte, me hice acompañar por un excelente amigo parralense, tanto para poder ir conversando como para que me ayudara a conducir, porque yo, decía mi abuelita Julianita, soy muy "macuchi".

El 22 de octubre de 1984 cuando llegué a vivir a esa ciudad, ésta no era ni la sombra de lo que es hoy. Apenas el centro estaba pavimentado y eso con grandes y hondos hoyancos mejor conocidos como "baches"; la ciudad, o más bien poblado, estaba surcada por "canales de riego", por los que corría agua putrefacta; las vecindades en el centro de la ciudad eran unos infectos muladares donde ni siquiera las ratas vivían a gusto (a los profes recién egresados no nos quedaba otra que aguantar vara). La peste de las cloacas circundantes, la hediondez de la aceitera, lo acre de la cascarilla del algodón, las insoportables, e inevitables, tolvaneras, las continuas sequías, seguidas de constantes inundaciones, la falta de escuelas superiores. La ausencia de empleo, los fríos de espanto, los calores avernales, los policías, los tránsitos, los historiadores y los Presidentes Municipales contribuían a hacer imposible tratar de sobrevivir en aquél páramo que tenía, y tiene, el paradójico (en aquél entonces) nombre de "Las Delicias"... Sí señores, aquello estaba para darle un susto al miedo... Para fortuna propia, en los casi veinte años que hice sufrir a esa ciudad, pude constatar el progreso a pasos agigantados que se operó contra absolutamente todas las vicisitudes que se le presentaron a los, adecuadamente, llamados "Vencedores del desierto"...

"Bueno, bueno -dirán el inteligente lector y la bella y aburrida lectorcita-. ¿Y eso a nosotros qué nos importa?"...

Tranquis, tranquis, no se regodeen... El asuntiano es que cuando mi compañero, amigo y hermano Francisco Alvídrez y un servidor, salimos de la Capital Chihuahua, rumbo a la Capital Agrícola del Estado, pudimos observar que sobre la autopista Chihuahua-Delicias, aparte de estar lisita como cutis de colegiala, se están construyendo una infinidad de puentes para unir los diferentes núcleos poblacionales sin necesidad de interrumpir el tráfico en la autopista. Cárdenas, San Lucas, El Consuelo, las cordilleras y demás centros agrícolas están siendo conectados al progreso que las vías de comunicación ofertan... Al ver todo aquello con ojos maravillosos (y hasta un poquitín de envidia), no pudimos más que comentar la situación de nuestra eterna Capital Mundial y su "corta" a Chihuahua (Lo bueno es que es "corta", fuera larga todavía no llegaría ni a Maturana).

Lo más gacho fue cuando llegamos, con lágrimas en los ojos por eterno agradecimiento, a Parralito... Empezamos a leer los periódicos y realmente duele todo lo que se opina a cerca del "informe" del Presidente Municipal... Flota en el ambiente capitalmundino una muy profunda tristeza, una gran desazón, una enorme desilusión, una rabia comprimida, un grito sordo de rebeldía y desencanto... Las invitaciones a la "renuncia" de las autoridades sólo pueden ser justificadas si se compara el trabajo que se ha realizado aquí con el que se ha llevado a cabo en otras latitudes igualmente hermanas y, lo peor de todo, hermanas "menores"... Casi cuatrocientos años y seguir así, aguantando bofetadas de criaturas que no llegan a los ochenta.

¿Será porque en Delicias nadie se cree dueño de nada hasta que realmente lo es?... ¿Será porque ellos ya han tenido dos gobernadores?... ¿Será porque cuando se está estrenando casa se tiene más cuidado?... ¿Será porque ellos ya aprendieron a estirar la mano, no para pedir, si no para dar?...

Yo no creo en ninguna de las anteriores acepciones.

Yo le apuesto a que estamos hechos de lo mismo y que si realmente queremos, podemos lograr absolutamente todo lo que nos propongamos.

Y porque no empezar en ir pensando en tener un gobernador de Parral... No para pedirle, sino para ayudarle a demostrarle a toda la gente y, sobre todo, a nosotros mismos, cuál es la razón por la que somos la "Capital del Mundo".

PD. Un sincero y efusivo reconocimiento al director de este poderoso rotativo, Jesús Quiñones Jasso, por su merecido premio periodístico. Adelante y ¡Felicidades!


 
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