Opinión / Columna
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Rafael Velázquez
Autumn
El Sol de Parral
7 de octubre de 2009
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(Estos días grises del otoño, me ponen triste. Y al calor del fuego de hoguera, te recuerdo hoy*)
Una vez que el estío ha finiquitado, dejándonos todos laxos y melancólicos (por aquello de las amantes que ya se fueron y la lata que nos dieron), inicia una venturosa estación de reconciliación y recato.
Estación mágica es el otoño. La luz adquiere tonalidades increíblemente bellas; los destellos del astro sol asoman por las madrugadas despeinados y dulces, claros y amarillos. Ese sol con sueño que sigue a los niños... Las lunas, sobre todo al caer la tarde, aparecen hermosas, rutilantes, ardiendo como naranjas ascuas que se consumen en el cielo... El mismo cielo empieza a cambiar de ropaje, los matices y las gamas que ahora presume son para quedarse toda la tarde admirándolos. Van desde el lila ensueño, hasta el violeta violento (como apellido de ex candidato presidencial: Madrazo Pintado)...
Los aironazos por fin han tocado retirada y el momento se respira estático, intacto, ingrávido y gentil, como pompa de jabón... Las inversiones térmicas hacen su aparición, pero sólo momentáneas. Aunque ya nos falta poco, todavía no llegamos a tanto... Más dejemos que de eso se preocupen los orates ecologistas. Nosotros gocemos el otoño antes que también nos quieran cobrar impuestos por él... En serio es tan calmo el ambiente que hasta parece que no existen los sicarios, los narcotraficantes, los militares y los gobiernos nefastos, gobiernos de derecha.
A mí siempre me ha gustado el mes de octubre, precisamente porque deja de hacer aire, el calor se va espantando y una especie de sopor lo invade a uno. Hagan de cuenta que está uno como dijo Peter Pan: "En un lugar entre dormido y despierto".
De veras, el otoño es la verdadera tierra de "nunca jamás" y no el nido de maldad donde dormían los perversos sueños del "negrito bailarín".
En octubre se celebra el Día de la Raza y la raza se dispone a disfrutar del "Clásico de Octubre", que como el inteligente lector y la bella y beisbolera lectorcita saben, es ni más ni menos que "El Clásico de Otoño" ¡La Serie Mundial de Beisbol! ¡Me cachis en la mar tranquila!... ¿Y qué mejor temporada para poder disfrutar del mejor beisbol del mundo que el otoño? ¡Ninguna!... Se coloca uno sus pantuflones de senecto, se abriga con su "oso de viejito" (guardapedos, le dicen algunos descastados), se arrellana en su sillón favorito de mitad del siglo pasado. Enciende la emoción, la pasión y el televisor. Da un leve sorbo a su café calientito (No cabe duda, ¡oh Dioses!, hasta el café sabe más chido en esta época), y se dispone a ver ganar a los "Mulos de Manhattan", vulgo "Yanquis de New York".
En verdad os digo, si no fuera por el maldito halloween, los octubres serían perfectos. Nada los empañaría, a no ser, claro, por algún desdichado representante de la Iglesia que se niegue a pagar impuestos, el muy infecto. (Aclaración: Cuando digo Iglesia, me refiero a todas las Iglesias, no nada más a la Católica. Realizo esta pertinente aclaración para que luego no vayan a venir a mi casa, que es la de ustedes si me ayudan a pagarla, sus vicarios con hachones y teas a querer aplicarme la metodología de la "santa" inquisición)... Más desvarío, otra vez el ganado caprino se me emigró a la serranía... ¡Pero es que estoy contento, muy contento!, hasta parezco rabo de perro. ¡El otoño es maravilloso!... Lo que está raro es que antes no me parecía tanto. Se me figuraba más bien una estación tristona y sin chiste, como dice mi apá... ¿No será acaso que ya estoy dando el "Rafaelazo", por no decir el viejazo?... ¿Será quizá que, a mi provecta edad, las estaciones anuales me están avisando directa, pero bellacamente, que ya tengo que irle agarrando amor a la tierra, que ya me vaya midiendo la pijama de madera, que le agarre aprecio a las tablas, que busque un clavo donde colgar los tenis, que me vaya aprendiendo el "merecumbé", que ya va a venir por mí la "mama iné", que se acerca el tiempo de rendirle honor a "Pach", a "Ela" o a la "catrina"...?... ¡Virgen del amor hermoso!... Yo, la verdad, no le tengo miedo a la muerte. Lo que me molesta es no poder seguir viviendo.
Más dejémonos de cosas tétricas Y gocemos este otoño hermoso e increíble.
¡Sean felices!
(Te recuerdo hoy. A ti, que eres la vida entera, la brisa de primavera, la paridad. A ti, que sufres cuando me esperas, que miras a las estrellas y que suspiras... por mí*)
PD. La neta, lo que más me gusta del otoño es que con los frillitos que se empiezan a sentir, los primeros que la espichan son los nefandarios moyotes, hijos de su mal dormir. ¡Y qué bueno!, ya me tienen el perineo, y puntos circunvecinos, testo a picoteadas.
*José Luis Perales.
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