Opinión / Columna
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Jesús Manuel Chávez
"El dedo en la llaga"... El lenguaje oculto del informe
El Sol de Parral
6 de octubre de 2009
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La excelencia de un gobierno no radica en halagos y reconocimientos pueriles, sino en la verdadera atención a las necesidades sentidas de los gobernados y al servicio que ellos requieran. Podrán venir de China, de Israel o de cualquier parte del mundo a elogiar lo desconocido, pero los que realmente conocemos la forma de gobernar de cualquier autoridad, somos los que estamos más cerca, los que vivimos en estas ciudades, en estos estados o en este país. (Quiero decirles que si al leer estas líneas alguien se siente ofendidillo, pues déjeme decirle que es tiempo de que aprenda a conocer otras opiniones, otros puntos de vista y a salir del letargo al que muchos llegan en períodos de tres o seis años, según sea el caso, y ya no quieren volver a la realidad). Los informes de gobierno se han convertido en una tradición no muy bien vista por los ciudadanos, ya que implican un gasto excesivo por el evento en sí y por todo el dinero que se invierte en radio, televisión, periódico e Internet antes y después del mismo. Vayamos por partes, los gobiernos en sus diferentes ámbitos deben ejercer la función pública; es decir, administrar, aplicar y justificar los recursos que se recaudan vía impuestos, vía Participaciones Federales, o estatales para el crecimiento y desarrollo económico de sus localidades, estados o federación. Si partimos de este supuesto y consideramos que en cada órgano de gobierno hay quien fiscaliza los egresos e ingresos y que son las cámaras de diputados las que revisan estas cuentas aprobando o desaprobándolas según sea el caso. (Aunque en nuestros congresos muy mexicanos algunas se negocian o se mayoritean). Podemos concluir sin temor a equivocarnos, entonces, ¿para qué sirven los inútiles informes? Perdón ¿los informes? Detallemos qué pasa en estos circos políticos: antes de empezar el evento se elaboran invitaciones y se hacen llegar en su mayoría a los ciudadanos afines con el partido en el poder, o a los funcionarios que trabajan en esa administración, inclusive personajes importantes en el ámbito estatal o nacional; se hacen pocas invitaciones para los que no son afines con esas personas, pero que inclusive deben invitar para conservar la educación política (sí, cómo no). El día del evento empieza la pasarela, unos con sus mejores trajes, otros con sus mejores trapos, otros con lo que tienen, y en el ámbito de las próximas elecciones los posibles candidatos o los que se creen los posibles de ese mismo partido político, algunos sacerdotes, religiosos, religiosas o hasta obispos o pastores de algunas instituciones religiosas; otros son los medios de comunicación masiva que más que escuchar las mentirillas que puedan decir; (ya que para estos eventos se maquillan más los números que una novia antes de salir a su primer cita) van por la nota como la forma de leer, lo que digan las críticas de oposición y hasta para la foto que circulará al siguiente día en los medios impresos, asisten personas cultas e incultas; unos para afilar las uñas en estos escritos, otros para hacerle la pala aplaudiéndole al gobernante en curso para recibir una que otra dádiva en la administración o conservar su posición política y hasta su sueldo. Así pues, este escaparate político permite el lucimiento humano de los que nos gobiernan y los que pretenderán hacerlo próximamente, no les importa si lo hacen bien o no; lo único importante es cubrir la nota al día siguiente, salir en la foto y lo más triste: fingir, simular y mentir a los gobernados sobre la dramática situación que nos embarga en su ineficiente forma de gobernar, para en el futuro tener elementos engañosos para postularse a otro cargo de elección popular. ¿Usted asistirá al informe?
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