Opinión / Columna
 
Mario Núñez Mariel 
Obama, censo y migrantes
Organización Editorial Mexicana
5 de octubre de 2009

  A la distancia nuestro país se ve tan ensimismado en sus enormes problemas que parece preocuparse poco de los que pasa con los mexicanos en el exterior. Se viven momentos cruciales para nuestras comunidades que residen en Estados Unidos pero parece que a los mexicanos que se establecen afuera ya no les alcanzó la soberanía para cubrirse. Como si la soberanía fuera una cobija que se estira o se encoge dependiendo de los humores nocturnos de cada quien. Pero no es así, los mexicanos en el exterior, por definición y en la práctica, son parte de la soberanía a defender y ahora parecen más desamparados que nunca.

Barack Obama debiera ser nuestro aliado, pero "no ha metido un dedo" para detener las redadas por encontrarse demasiado ocupado con la crisis económica, la reforma de salud y las guerras en Irak y Afganistán. Pero se cuenta que el año pasado se deportaron de Estados Unidos a más de trescientos mil compatriotas, las familias siguen siendo separadas de modo desgarrador, las cárceles siguen repletas de indocumentados cuyo único delito fue buscar trabajo y no correr lo suficientemente rápido para escapar de la "migra" (ICE, Immigration and Customs Enforcement). ¿Qué hacer para parar la represión contra nuestra gente? ¿Cómo lograr que la reforma migratoria integral se instaure? Esos son los cuestionamientos que todos los mexicanos nos hacemos en Estados Unidos.

A esas preguntas básicas respondió el coloquio organizado por la Universidad de Princeton de Nueva Jersey el pasado 30 de septiembre con el sugerente título: "Contar y ser contados: latinos y el censo de Estados Unidos del 2010". Lo que supone una discusión fundamental aunque no lo parezca. Resulta que existen corrientes de la derecha religiosa ligadas a los republicanos que promueven que los indocumentados no participen en el censo estadunidense del 2010 para protestar por la falta de discusión y aprobación de la reforma migratoria integral. Su argumento se pretende de orden moral y de desobediencia civil para demostrar que los indocumentados existen como fuerza política y que ya no están dispuestos a seguir siendo excluidos, discriminados y repudiados por una sociedad que bien que los utiliza, los explota y los maltrata. Y cuentan los religiosos (de esa extraña derecha con claros intereses mundanos de poder que utiliza métodos que históricamente pertenecían a la extrema izquierda) con aliados importantes en la comunidad de méxicoestadunidenses que participaron activamente en las espléndidas movilizaciones del 2006.

Por supuesto, sin dejar claro en sus argumentaciones los religiosos y sus aliados de qué manera será constatable que la medida del sabotaje del censo tendrá efectos positivos a la causa de los indocumentados. Lo que quedó claro durante el coloquio fue que los defensores del sabotaje del censo se lanzaron contra el presidente Obama como si fuera el enemigo principal. Lo cual es un grave error. Si la reforma migratoria cuenta con un aliado potencial ese es Obama, por sus principios como hijo de padre migrante y por razones políticas: el voto latino será fundamental en su reelección.

Digamos que tienen justa razón de protestar, lo que no es seguro es que el método adecuado de hacerlo sea sabotear el censo del 2010. El censo es un espléndido instrumento demográfico que a todos sirve y que distorsionarlo por razones políticas puede tener graves consecuencias que no necesariamente van a favorecer a los inmigrantes indocumentados perseguidos. Los latinos en general y los mexicanos en particular, necesitamos saber cuántos somos con la mayor exactitud posible como medida inequívoca de la fuerza social con la que realmente contamos, con el propósito de apalancar la reforma migratoria y las condiciones de nuestra existencia en Estados Unidos.
 
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