Opinión / Columna
 
Lucía Raphael 
Pina Bausch: ¡Bailen, bailen, si no estamos perdidos!
El Sol de México
17 de mayo de 2012

  Una Pina vestida en acordeón marca la pauta de su propio homenaje; del cine a la danza contemporánea, de Wenders a Bausch, de la tropa a su coreógrafa. Pina sale, y entra un hilo conductor más que humano: hombres y mujeres que siguen la pauta de los gestos propuestos por ella: "Primavera, Verano, Otoño, Invierno"; un tren de fiesta actúa el flujo de las estaciones: "sol", "horizonte", "hojas cayendo", "frío de pingüinos". Repetición incesante desde el escenario desnudo, hacia espacios cada vez más elocuentes, más hermosos, más íntimos. Seguramente escogidos por el cineasta enamorado de la bailarina y sobre todo, por los danzantes que quieren decirle de su amor a la creadora que tanta falta les hace.

De manera intercalada, aparece Bausch en persona, la diferencia con el presente se percibe en la luz de los videos caseros tomados entre ensayos. Su voz en "off" va paliando la ausencia que los bailarines expresan, mirando a la cámara, hablándonos como ella les enseñó: con el cuerpo, con sus gestos, con la mirada, haciéndolos más cercanos. Y de la misma manera que Pina, en off; un recuerdo, un sentimiento, una frase, nos pega a su piel, vestidos de sus timbres y el tono de sus memorias; así nos integran a "su extrañarla" haciéndonos comprender poco a poco la talla del hueco dejado por la mentora. Uno a uno se suman al gesto (como ocurre en la danza), van expresando en coro su "Bauschidad" y su amor, de la manera que lo hicieron por más de 30 años.

Quienes sabemos poco de danza contemporánea y nos limitamos a sentirla, terminamos por entender tantas cosas, que es imposible salir inertes de esa probadita de Pina Bausch que el acierto de Wenders implica. Gracias a su experimento en 3D bailamos entre sus brazos y sus piernas. Si el arte es capaz de hacernos entender las cosas de la vida como ningún otro lenguaje; el arte nos imbuye en el arte mismo tejiendo entre nosotros, en este caso la danza contemporánea, un lazo hecho de músculos y emociones que ya no puede romperse, y si todo esto pasa a través de la mirada de un "cineasta-traductor" como lo es Wim Wenders, el efecto es indefectible.

Poder ver las historias que Bausch y su compañía nos cuentan a través de la lente del cine, angustiarnos en la crudeza de ciertos temas, presenciar el encuentro originario entre dos clanes ; hombres y mujeres, que viven al desnudo la violencia de la naturaleza humana: romper el círculo de protección; ir al otro aterra. El gesto primero hacia la intimidad desgarra. La entrega no es el cliché del llamado "Disney damage" que insisten en vendernos. La entrega es desollarse la piel, ponerse una nueva, dejar la manada, caminar junto al o a la extraña manchados de tierra, los músculos del rostro petrificados de miedo y provocar, siempre hay un incauto que lo inicia, el proceso salvaje de la socialización. Eso, entre mil y otras cosas nos dice Bausch y su compañía y nos lo seguirá diciendo, de esa manera tan suya, esa forma de darle sentido al gesto primitivo y ritual de danzar.

¡Bailemos, bailemos, si no estamos perdidos! invita Bausch. Ellos logran decir con el cuerpo, lo que la mayoría no somos capaces de nombrar. Ellos recuperan la voz que nosotros callamos acallando el cuerpo. Ellos rescatan las mil lenguas que cada cuerpo debió haber conocido antes de que las palabras tomaran los espacios. Los creadores detrás de éstas revelaciones nos regalan también la ligereza y la alegría, la comprensión de la creación a varias manos, a varios cuerpos, a emociones múltiples, diversas y plurales, como lo fue Pina Bausch, como lo es Wim Wenders y como son los poetas esos que, como escribió Freud: "en el conocimiento del alma, son nuestros maestros, nosotros seres comunes y corrientes, porque ellos han abrevado de fuentes que nosotros (...no podemos ni siquiera imaginar)".

Escritora e investigadora del IIJ-UNAM.

learapha@gmail.com

@LUCIARAPHAEL11
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas