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Opinión
![]() Guillermo Zúñiga Martínez
Ramírez Lara, educador y periodista
El Sol de Córdoba
5 de agosto de 2008
He platicado en múltiples ocasiones con mi amigo David Ramírez Lara. En una oportunidad me dijo: "Fíjate Guillermo que yo he escrito sobre muchas personas y de asuntos diversos, desde hace años. A mi edad me doy cuenta que, sobre mí, nadie. ¿Podrías tú hacerlo?"
El día 30 de julio lo encontré en el café Bola de Oro, de Plaza Museo. Allí, saludando personas, viendo pasar a la gente, admirando la arboleda que en ese día se mecía por los vientos arrachados que desprendían sarmientos y hojas y frente a una taza de café, le expresé: -Oye David, y tus estudios qué grado alcanzaron. Con la sensibilidad que lo caracteriza y moviendo sus pequeños ojos para encontrar una respuesta, contestó: "Soy de Huatusco y allá estudié la primaria. Después mi familia me trajo a Xalapa, aquí cursé la secundaria y el bachillerato". Desde esa época, sentí una emoción muy particular sobre la comunicación social, para lo cual me atreví a difundir un impreso desprovisto de nombre. Un día, el Director del Colegio Preparatorio, maestro Carlos E. Romero, ordenó que me presentara con él; la verdad, lo primero que sentí fue miedo y luego una gran preocupación por mi estabilidad. Cuando estuve frente a él me dijo unas palabras que jamás olvidaré: 'Mira David, no escribas anónimos, a cada escrito tuyo dale tu nombre, responde por lo que piensas, por lo que afirmas. Esa enseñanza fue muy valiosa. Tenía 18 años y decidí fundar el semanal Prepa Ra-Ra-Ra y luego el periódico Crónica, en 1954". David Ramírez Lara es un hombre generoso, excelente amigo y muy desprendido de los bienes materiales; además, es congruente y jamás alguien ha dudado de su honorabilidad. Después del bachillerato quiso estudiar derecho, pero dice que lamentablemente tuvo como profesor al abogado Ángel Cruz Velasco, catedrático áspero, era el terror de los estudiantes, porque pasar examen con él era verdaderamente difícil. "Me reprobó; jamás pude asimilar sus enseñanzas sobre derecho romano, mi maestro gozaba con la zozobra de sus alumnos, arruinó mi carrera y opté por dejar la Facultad de Derecho". "Posteriormente, tuve el privilegio de conocer a mi amigo Alfredo Lunagómez, hijo de don Vicente, Director del periódico El Tema de Hoy. Un buen día me preguntó '¿te gustaría conocerlo?' Le dije que sí. Recuerdo que fuimos a las oficinas de su papá, quien sin mayor preámbulo me dio la responsabilidad de ser corrector de pruebas de galera. En esa modesta empresa conocí al profesor Simón Lunagómez, hombre que me impresionó y al cual traté de imitar siempre porque era buen escritor, magnífico orador y un hombre sensato y cordial que se destacó por ser estupendo educador e inspector escolar respetable. Ahí trabajé tres años y con lo que ganaba, que era muy poco, me di valor para ir a la Escuela Normal Veracruzana 'Enrique C. Rébsamen' con el fin de estudiar para maestro. "En la Normal fui totalmente feliz; era una escuela que impulsaba el deporte y la convivencia, permitía tener amigos e infundía un gran amor por la lectura y el estudio." Cuando iba platicando sobre este ambiente, de repente hizo uso de la palabra el apreciado maestro Luis Bello Martínez quien expresó: "Por cierto, David, eras el más viejo de toda la generación". Fue un momento propicio para que el huatusqueño recordara que "con Luis y otros amigos" jugaban básquetbol y los fines de semana viajaban a Altotonga para disfrutar el pan caliente que les ofrecían en el hogar de los Bello. "Yo estudio poco, afirma, pero lo que leo siempre se me queda". En la época en que Ramírez Lara estudiaba, uno de los requisitos para obtener el título profesional consistía en escribir una tesis. La que presentó se tituló "El Periodismo como Apoyo de la Educación". "-Mi maestro de tesis fue Arnulfo Pérez Rivera", afirma con orgullo. Al egresar de la escuela Normal fue contratado para prestar sus servicios en la congregación de Nopaltepec; a los pocos meses lo comisionaron en la escuela "Benito Fentanes", en Cosamaloapan, y después impartió clases en la escuela "Vicente Barrio", en el puerto de Veracruz. Cuando habla de sus logros como mentor, me confía: "Los diputados Manuel Bernal y Antonio Remes fueron mis alumnos". Cuando es nombrado Director General de Educación Popular el maestro Teodoro Lavoignet Naveda, Ramírez Lara fue recibido por el distinguido pedagogo y maestro; el contenido de la conversación fue muy escueto: "Mira -le comunicó-, la razón por la cual te he citado es que he decidido nombrarte inspector escolar en la zona de Huatusco"; al respecto comenta "Yo le dije: Maestro, nadie es profeta en su tierra", a lo que el maestro Lavoignet contestó: "No vas como profeta, vas como inspector escolar". Con el tiempo, también fue inspector escolar en Tierra Blanca y ya casi para terminar el periodo gubernamental del señor licenciado Rafael Murillo Vidal, fue designado jefe de prensa de esa importantísima dependencia. Estas líneas las dedico a quien en vida todos conocen como "El Muerto", que sigue trabajando y escribiendo con una idea muy concreta: Tratar de servir a la sociedad con lealtad y devoción. ghector42@gmail.com ghzm1@yahoo.com.mx Columnas anteriores
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