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México
La impunidad ahoga a México
(Primera de dos partes)
Organización Editorial Mexicana
30 de agosto de 2008
Nidia Marín / El Sol de México
Ciudad de México.- México está siendo devorado por el hampa mientras su política criminal reciente se ha centrado en la "pirotecnia legislativa" de aumentar penas, subsidiar la ineficiencia de las policías y los ministerios públicos y hacer más severo y desigual el proceso penal. El logro ha sido duplicar el número de personas en prisión (220 mil actualmente), "sin que eso implique que los mexicanos nos sintamos dos veces más seguros". La cifra de impunidad en México es de 98.76 por ciento y las denuncias en 2007 llegaron a un millón 688 mil 309, de las cuales 370 mil son por transgresiones "de alto impacto", en sus 16 modalidades. "Estos son los delitos que más tememos". Así lo explica Guillermo Zepeda Lecuona, profesional asociado del Centro de Investigación para el Desarrollo, donde coordina el proyecto "Seguridad Ciudadana, Justicia Penal y Derechos Humanos en México", investigación apoyada por las fundaciones Hewlett y MacArthur. El hecho de que los delitos de alto impacto se mantengan en niveles alarmantes es evidencia "de que las autoridades no han centrado sus esfuerzos en ese 5 por ciento de los delincuentes que nos han robado la calma", indica. Y precisa que de los recursos económicos para este rubro, el 75 por ciento se dedica a los delitos no graves y no violentos, mientras el crimen organizado mantiene casi intacta su capacidad de operación y violencia. Por ello, Zepeda plantea como premisa "una política criminal específica para cada uno de los diversos tipos de delito, contraria a la tendencia legislativa y de política de los últimos lustros, que concibe a la criminalidad como un fenómeno homogéneo ante el que se proponen soluciones "estándar". Apuntalado en su trabajo "Indice delictivo y violencia CIDAC" de agosto de 2008, el experto señala, con fundamento en información del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que en 2007 se presentaron en el país un millón 688 mil 309 denuncias, de las cuales más de millón y medio fueron de delitos de competencia local y poco más de 100 mil del fuero federal. De la mencionada cifra clave, el 25.7 por ciento fue por fraude y robo sin violencia, es decir, en lo que corresponde a los delitos patrimoniales federales no violentos. Los siguientes fueron: injurias, calumnias, consignaciones de hecho, allanamiento, golpes que no implican lesión, considerados conflictos incipientes, con 25 por ciento. Les siguieron los delitos violentos del crimen organizado y de alto impacto social, con 22.1 por ciento. A continuación estuvieron: daño en propiedad con violencia imprudencial, es decir, los delitos imprudenciales, con 15.1 por ciento, y allanamiento, abuso de confianza y atentados al pudor, así como otras denuncias, con 12.1 por ciento. Previamente, el especialista precisa que en los últimos meses la violencia se ha recrudecido en México y la percepción ciudadana de inseguridad ha aumentado. "Secuestros y homicidios a sangre fría han calado hondo en la sociedad mexicana y han generado indignación. De acuerdo con encuestas de victimización, los mexicanos cada vez denunciamos menos los ilícitos, abrumados por el temor y la desconfianza". Precisa al respecto: "Se estima que en México sólo se denuncia el 12 por ciento de los delitos, de acuerdo con encuestas del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI). DELITOS QUE NOS ROBAN EL SUEÑO El fenómeno delictivo, dice Zepeda Lecuona, es muy complejo y se integra con hechos de muy diversa naturaleza y de muy distintos niveles de violencia. "Por ello, el desafío de la delincuencia debe conocerse y analizarse en sus diversos segmentos, para emprender diagnósticos particulares, de los que se deriven propuestas y políticas focalizadas que mejoren la efectividad de las políticas de seguridad". También hace notar que entre los delitos registrados sobresalen los de alto impacto, por la gravedad de sus efectos y sus altos niveles de violencia, los cuales son los que más lastiman a las personas y contribuyen a una percepción de inseguridad y vulnerabilidad en la ciudadanía. "En nuestro contexto social y legal, estos delitos serían: homicidio intencional, secuestro, violación, delitos contra la salud en modalidades de producción, tráfico, transporte o comercio; tráfico de armas o personas, lavado de dinero, robo de vehículo, piratería y contrabando de gran escala, así como los robos violentos a casa habitación, negocio, carga pesada, bancos y a personas. Tiene un mayor impacto el robo de 50 pesos con un arma apuntándonos que el robo electrónico de miles de pesos de nuestra cuenta de banco", recalca. Estos, añade, "son los delitos que más tememos y de los que nunca quisiéramos ser víctimas". Y lo fundamenta: "Un análisis de la incidencia delictiva en nuestro país nos muestra que durante el 2007 se registraron en México aproximadamente 370 mil de estos ilícitos (22.1 por ciento de las denuncias). Por otra parte, algunos criminólogos subrayan que aproximadamente el 5 por ciento de los delincuentes de una sociedad cometen entre el 55 y 60 por ciento de los delitos graves. Hay asaltantes que roban diariamente a seis o más personas y bandas que roban varios vehículos en una noche". De esta forma, explica Zepeda Lecuona, "una pequeña porción de los delincuentes y una proporción minoritaria de los incidentes delictivos son los que más han contribuido a robarnos la tranquilidad y la seguridad a los mexicanos". Abunda: "Además del amplio y sofisticado ámbito de operación y el poder económico de los grandes grupos criminales, se ha constatado la fortaleza del tercer pilar de la delincuencia organizada: el contubernio del hampa con agentes de la autoridad". TRES LUSTROS DE DISCURSO POLITICO A juicio de Zepeda Lecuona, "los sucesos recientes nos han puesto frente a la realidad de que no obstante tres lustros de discurso político, el saneamiento, la profesionalización y el blindaje de la honestidad de los cuerpos policíacos de elite siguen pendientes". Y habla de las culpas compartidas, aunque no las llama así: "La desconfianza recíproca, la intermitencia e inconsistencia de las políticas públicas, la politización del tema y la frecuente rotación de mandos y directivos han permitido que la inercia y los intereses delictivos aniden y se fortalezcan en el seno de las instituciones que deberían combatir el crimen". Traza la ruta a seguir: "El camino que enmiende este oscuro panorama comienza por el saneamiento de las corporaciones, el compromiso de la clase política con políticas integrales y sostenidas, la protección de víctimas y agentes de la autoridad y el combate a la impunidad (actualmente de 98.76 por ciento. CIDAC, 2007), y no por el endurecimiento de la legislación". Una política de combate al fenómeno delictivo de alto impacto social, especifica, "debe basarse en medidas focalizadas y precedidas de intensa inteligencia policial, que permitan dedicar más y mejores recursos a la prevención, combate y sanción de los delitos más violentos y graves, que son los que impactan decisivamente la percepción de inseguridad y el temor en la ciudadanía". El investigador recuerda que ya en otros estudios, el Centro de Investigación para el Desarrollo, AC, ha presentado la propuesta de dar una atención diferenciada, proporcional y efectiva a los diversos segmentos de la incidencia delictiva: simplificar y hacer eficientes los procedimientos de sanción y de atención a víctimas en delitos no violentos; descriminalizar y simplificar los procedimientos en materia de accidentes de tráfico -que actualmente contribuyen a saturar las instancias de procuración de justicia. Por ejemplo, en Jalisco se abren más averiguaciones por daño en las cosas que por robo-, y atajar a tiempo, canalizar y dar seguimiento a los conflictos incipientes -en lugar de ignorarlos, como sucede en la actualidad- antes de que escalen a mayores niveles de violencia y deriven en delitos graves. (Continuará) |
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