Opinión / Columna
 
Todo lo Bueno 
Edmundo Domínguez Aragonés 
Nuestra Señora de Atocha Más tesoros del galeón
Organización Editorial Mexicana
9 de abril de 2011

  Hace poco más de doce años murió Mel Fisher, el buscador de tesoros submarinos que el 20 de junio de 1985 descubrió los restos del galeón español Nuestra Señora de Atocha que formaba parte de la Flota de las Indias y que se hundió en 1622 frente a las costas de Florida. El tesoro de oro y plata fue calculado en 400 millones de dólares.

Fisher inició su búsqueda en 1969, en base a datos obtenidos en el Archivo General de Indias. En esa búsqueda se había arruinado con los gastos de la empresa, más su tenacidad se vio recompensada al alcanzar su meta y, hoy en día puede visitarse el museo que la Mel Fisher Maritime Heritage Society tiene en Florida. En 1988 gran parte del tesoro fue subastado por Christie ´s de Nueva York.

En estos días se exhibe una cadena de oro con crucifijo valorada en 250 mil dólares, que fue hallado por Fisher a unos 48 kilómetros de Cayo Hueso, en el extremo sur de Florida, mientras su equipo buscaba restos de la sección del castillo de popa del galeón, y que no se incluyó en la subasta de 1988.

El Atocha fue construido por Alonso de Ferrara en los astilleros de La Habana, Cuba, en 1620 y había sido de inmediato asignado a la Flota de las Indias. Estaba muy armada, tenía 112 pies de eslora o burgos, 34 pies de manga y 4 pies de calado, castillo de proa alto, cambés bajo y castillo de popa alto. Su aparejo consistía en velas cuadradas en trinquete y mayor y vela en el de mesana.

Había hecho solamente un viaje previo a España, y a su regreso y vuelta hacia España, llevaba un cargamento de 24 toneladas de plata en 1038 lingotes, 180 mil pesos en monedas de plata, 582 lingotes de cobre, 125 barras y discos de oro, 350 cofres de índigo, 525 fardos de tabaco, 20 cañones de bronce y mil 200 libras de platería trabajada.

La nave iba bajo el mando del capitán Bartolomé García de Nodal, la tripulación era de 265, más cien esclavos negros cubanos que iban en los bajos fondos de la cubierta, todos ellos encadenados.

El Atocha, nombrado así en honor al más sagrado de los santuarios de Madrid, era la nave almirante de la Flota de Tierra Firme que transportaba las riquezas tras haber centralizado en La Habana las riquezas de América a España, y la flota, integrada por 28 embarcaciones, emprendió el viaje hacia España el 4 de septiembre de 1622.

Estaba muy armada, navegaba como el almirante o retaguardia de la flota y, como tal, seguía al resto para prevenir un ataque de la flota por detrás.

Al pasar por el estrecho de Florida, los alcanzó un terrible huracán que echó a pique ocho de las naves, entre ellas el Atocha.

En 1662, se cumplía el primer año del reinado de Felipe IV y, durante el periodo inmediato las dos únicas cecas, o Casas de Moneda, en producción en los territorios americanos eran las de México y Potosí. El taller mexicano había sido el primero en acuñar, en 1537 las primeras piezas de plata en Real de Catorce, en San Luis Potosí.

Del naufragio sólo sobrevivieron cinco de los tripulantes y dos esclavos. El capitán García de Nodal, que se mantuvo firme hasta que la goleta se hundió, nadó hacia los Cayos de Matacumbé y la Tortuga a treinta kilómetros de La Habana y se ahogó el 5 de septiembre de 1622.

A las pocas semanas un nuevo huracán dispersó los restos del tesoro del Atocha en el fondo marino cubriéndolos de limo y arena haciendo, en su momento, imposible el rescate hasta que el indomable Fisher los encontró e hizo su fortuna.
 
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