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Toros
Andrés Piñeyro, un taurino de abolengo
Corte de listón inaugural por Luis Gutiérrez Príncipe.
El Sol de Orizaba
22 de octubre de 2009
Manelich Quintero
Orizaba, Veracurz.- Pues nada, así como los actuales amantes a la Fiesta Brava tienen respeto, reconocimiento y admiración para con el ingeniero Luis Gutiérrez Príncipe, por convertir en realidad su sueño propio y el de los que gustan del Arte de Cúchares, los más viejos de la comarca, lástima que cada día quedan menos en este Valle de Lágrimas, pero la historia recuerda a don Andrés Piñeyro Pernas como un taurino de abolengo. Gutiérrez Príncipe tenía una ilusión, un proyecto y lo consolidó construyendo la Plaza de Toros La Concordia de Orizaba que un día como hoy, 22 de octubre, pero de 1994, fue inaugurada por el licenciado Patricio Chirinos Calero, máximo mandatario del Estado de Veracruz, en esa época. Y, lo hemos multicomentado en las páginas de EL SOL DE ORIZABA, al día siguiente que fue un domingo grisáceo, se efectuó el primer festejo, luego de un ayuno de dos décadas. De ahí la falta de aficionados a este arte. Pero esta es harina de otro costal para otros pambazos. Don Andrés Piñeyro, que nació, nos recuerda el ingeniero Dante Octavio Hernández Guzmán, en su libro Orizaba en Tiempos de Toros, en Lugo en la singular Galicia en España por supuesto en 1899. Huérfano a temprana edad, decidió forjarse en otras tierras y que mejor que las del Nuevo Continente. Vino para América con una escala en La Habana, ciudad capital de la bella Cuba. Como muchos compatriotas más, arribó a México por la puerta grande: Veracruz, el primer Municipio de América (en la actualidad llamado el puerto bullanguero por las lenguas rayadas El Único Manicomio con Vista al Mar) y en 1910, en pleno auge de la Revolución Mexicana, trabajó al amparo de sus coterráneos los hermanos Fernández en La Parroquia, el tradicional café que se localizaba en uno de los vértices de Esteban Morales y la avenida Independencia, y donde, aseguran los historiadores más afamados: "se resolvían todos los problemas del mundo". Si, porque "...trabajando el tiempo suficiente para reunir dinero --afirma Hernández Guzmán en su volumen muy a tino con las fechas-- y trasladarse a la capital de la República, donde inicia su espíritu emprendedor a desarrollarse, primero como asalariado y posteriormente con una pequeña empresa de taxis; vive la Decena Trágica, y poco a poco empieza a reunir un pequeño capital para comprar terrenos en la Colonia Condesa (famosa por su hipódromo y El Toreo yen la actualidad por sus cafés y restaurants con mesas sobre las aceras, aledaña a la añeja colona Roma flagelada por los sismos de 1985), iniciándose en el negocio de la construcción. Ya apara entonces satisfacía su afición taurómaca con las corridas que se celebraban en El Toreo". En la actualidad se localiza en ese predio un gran almacén, una manzana triangular dentro de las convergencias de las avenidas Durango, Oaxaca y la calle de Salamanca, vecino de la sede de la Federación Mexicana de Futbol (FEMEXFUT). Sobre Durango existió una casa, de arquitectura porfirista, como las que pululaban en esa zona del Distrito Federal, que regenteaba Graciela Olmos (cuyo nombre de pila fue Marina Aedo), mejor conocida por el alias de La Bandida. ¿Qué cómo dijo...?, no revelamos sus palabras. Con más del gallego don Andrés Piñeyro, evoca Dante Octavio, el fundador del Bachillerato Morelos, en su obra que reveló es una serie de reportajes en torno a la Fiesta de Fiestas "Sus negocios lo hicieron viajar varias veces por la provincia mexicana, principalmente por Veracruz; después de varios viajes a nuestra ciudad, toma la decisión de casarse con una orizabeña, la señorita María Cristina Córdova Ruiz, hija del contador general de la Cervecería Moctezuma y radica a partir de 1937 en Orizaba. Se dedica a comprar terrenos y entre ellos adquiere uno ubicado en la avenida Oriente Seis, entre Sur 23 y 25, y debido a que tiempo atrás su afición le había llevado a concebir la idea de construir un coso taurino majestuoso decide hacer uso de ese terreno para su edificación". El sueño iba a tomar forma "...se inició el tres de mayo de 1943, concluyéndose en el mes de diciembre de 1944. Fue inaugurada el 28 de enero de 1945 con un mano a mano hispano-mexicano; entre los diestros: Joaquín Rodríguez, "Cagancho", y Luis Castro, "El Soldado", con toros de San Mateo...". Y es vedad como asienta Dante Octavio que "A partir e esa fecha se inició la época de oro de El Toreo de Orizaba, continuamente desfilaban figuras de la talla de Lorenzo Garza, Arturo Álvarez, "El Vizcaíno", Manuel Rodríguez, "Manolete", Carlos Arruza, Antonio Velázquez, David Liceaga, Silverio Pérez, Luis Procuna, Alfonso Ramírez, "Calesero", Fermín Espinosa, "Armillita Chico", Fermín Rivera y Jesús Solórzano, entre otros". Es decir, que la afición de esta tierra de Aguas Saltarinas, tuvo la oportunidad a lo mejor de lo mejor de esa época. Por ello no está lejos de la verdad recordar que la Plaza de Toros El Toreo de Orizaba era la antesala de la Monumental Plaza de Toros México. Cartel que se presentaba en Pluviosilla, repetía en la capital de la República Mexicana. También por esa clase de festejos es que acudían al escenario orizabeño aficionados de otras latitudes. Es especial de la Ciudad de México, Veracruz, Xalapa, Puebla y Tlaxcala, además de Hidalgo y Tabasco. Ver en acción al regiomontano Lorenzo Garza, llamado con tino el "Ave de las Tempestades" por su regio carácter dentro y fuera de los ruedos, sus broncas fueron históricas en las plazas donde se plantó. Manuel Rodríguez, "Manolete", llamado también el "Monstruo de Córdoba", quien se presentó en México en la mencionada plaza El Toreo de la Condesa, donde fue alcanzado por su enemigo, es decir, tuvo un debut con sangre. Alternó con Luis Castro "El Soldado", y el "Berrendo de San Juan" Luis Procuna, en la corrida inaugural de la Plaza México. El maestro, como periodista, escritor, poeta y bohemio, además de padrino don Renato Leduc, discernía de todos los calificativos que le endilgaron a Manolete, sostenía que era un producto de la publicidad. Ramón Raya dijo de Manuel Rodríguez, según estableció otro maestro para quien esta líneas pergeña, don Pepe Alameda: "De Manolete se pude decir lo mismo que de Pastora Imperio, pus su ingenio tampoco parecería residir en lo que hacía, sino sencillamente en lo que era. Por eso el técnico razonante salía muchas veces de la plaza en donde acababa de torear Manolete, un tanto desilusionado, o, mejor, un tanto insatisfecho; sin Duda, cuando esperaba ver algo (al técnico razonante, es decir, al entendido, sólo le interesa el cuerpo, la corporeidad de la obra), no se le servía apenas nada y se lo mostraba, en cambio, un ser, un alguien nada más...". "Lo que hacía Manolete en el ruedo no creo que fuera muy distinto de lo que habían hecho otros o hacen otros, pero lo hacía en ese momento él, y aquello quedaba hecho carne ¡Lo que hasta entonces había sido un acto, una acción pura, una hazaña, ahora lograba ser una presencia... No creo que Manolete haya dado nada al arte del toreo, sino tan sólo prestado! Le presto su ser --que era claro, excepcional--, le prestó su persona única para que el toreo, el arte del toreo la luciese....". Carlos Arruza fue un gigante toreando tanto a píe como a caballo. Perdió la vida fuera de los ruedos, no entregado a su pasión que era lidia reses bravas, se fue al Descanso Eterno tras un fatal accidente automovilístico en la carretera México a Toluca, cuando esa arteria era llamada la Carretera de la Muerte, a la altura del centro Nocturno el Ro. Silverio Pérez, llamado "Faraón de Texcoco", tierra que le vio nacer y de donde fue dos veces presidente municipal y organizaba comidas inolvidables, donde reinaba el ambiente bohemio y el tequila llevaba cauce de río y caía como cascada sobre la garganta de los asistentes. Se afirma que nadie como el maestro de Saltillo, Fermín espinosa, "Armillita Chico". Todo un arte enfundado en el terno de luces, bien con el capote que con la muleta. Además de preparar la mejor paella en el ambiente taurómaco de México y otros lares. Don Andrés Piñeyro tuvo un gran colaborador para esta obra, a don Carlos Mora. Orizabeño de carácter indomable y voz extraordinaria. Dejó escuela como locutor y jinete de caballos briosos, además de tener cualidades para la Charrería. Fue gerente de la Plaza de Toros El Toreo de Orizaba, trabajo sin descanso al saldo de don Andrés. ¡Y, cmo dijo La Bandida...!. |
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