Opinión
T-Reto
Rocio González Santoyo
Quédate conmigo

El Sol de Morelia
9 de noviembre de 2008

LOS ACCIDENTES NO SE HACEN ESPERAR, las malas noticias están por todas partes y la misión de cada uno ahí está, sentada en un oscuro rincón, negada, relegada, descuidada, hasta desconocida... y un día entendemos que estuvimos errados, ciegos, quizás engañados por otros; no somos nosotros quienes le tenemos que decir a Dios cómo hacer su trabajo, sino es Él quien ya tiene planes para cada uno de nosotros...

Pero la voluntad es tan misteriosa y a veces tan poco la fortalecemos, más bien nos dejamos llevar por las pasiones. Los griegos tenían una teoría acerca de la felicidad que nada tiene que ver con la realidad de nuestra sociedad y el sentido cristiano que aún impera en muchos ámbitos, para buen funcionamiento de las relaciones.

Ellos decían que entre más placer se lograba, más feliz se era. De hecho, los seres humanos buscamos el placer, la comodidad, y digamos que son necesarios, sí, pero no indispensables o determinantes en la búsqueda, en el camino de la plenitud.

Sin embargo, muchas personas se han quedado en ese concepto y en esa dinámica, que no logra acomodarse del todo, pues al pensar que somos felices mientras tenemos placer, estamos programando nuestra mente en esta dirección y cuando no tenemos el placer, se empieza a vivir en la frustración, en el enojo por no poder ser feliz y quizás en la envidia, al ver que otros sí lo son.

Este podría ser tal vez el accidente que con más frecuencia se da: el de no aceptar la vida que nos ha tocado, no tener o alimentar el valor de cambiar de nuestra vida lo que podemos cambiar para mejorar y empezar a guardar sentimientos de odio hacia la vida y hacia los demás.

Hace falta más que buena voluntad; sin que ésta falte, es importante también pedirle a Dios que ilumine nuestra mente y ensanche nuestro corazón. De hecho, cuando más débiles nos sentimos, es cuando más Él nos tiende la mano para salir.

No es cuando estamos gozando, cuando estamos llenos de placer y lujos cuando Dios está al pendiente de nosotros, porque sabe que estamos ocupados y que cuando el placer se acabe, entonces miraremos hacia arriba para ver si Él todavía nos escucha.

Así es como pensamos y vivimos. A Dios lo solicitamos cuando nos conviene. Qué necios y duros de corazón somos. El placer se va a veces tan fácil, tan rápido, tan cruelmente, mientras que la felicidad perdura, aún en el dolor, en la tristeza, el sufrimiento, las injusticias, el hambre, la marginación.

Bien sabemos que si pudiéramos decirle a Dios: "Quédate conmigo", cuando ni siquiera nos ha interesado mirar las necesidades de los demás, ocupados en rezos y letanías, en compras y fiestas, en placeres mundanos, en acumular riquezas, en diversión y comida, Él nos hablaría fuerte, preguntándonos qué hicimos toda la vida para ganarnos un pedacito de cielo.

Pero en cambio, sí podemos decirle: "Quédate conmigo" y Él se quedará, si nos hemos acordado de hacer lo correcto y no lo que sabíamos estaba echándonos a perder.

No es Él quien se aparta como el enemigo, sino nosotros que lo apartamos, cuando Él es amigo; nadie puede vivir en una casa llena de polvo y no enfermarse, nadie puede respirar a gusto cuando el aire está tan contaminado y maloliente, nadie puede dormir tranquilo sabiendo que el ladrón está dentro de su casa.

¿O sí?

"Dios habita en el corazón del hombre que lo abre... mientras no quiera, Dios no irrumpirá a la fuerza". J.S.

Hasta siempre (I)

Que el Señor te Bendiga

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