Opinión / Columna
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Diván
Nancy González Pico
Fantasías
El Sol de Morelia
8 de junio de 2009
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Un bebé succiona su pulgar para calmar su hambre. Una señora no puede conciliar su sueño porque está pensando. Un adolescente no se concentra en la escuela; le dicen que está en todos lados menos en clase. Un hambriento no para de imaginarse esa grande y jugosa hamburguesa. El enfermo sueña con la salud y todo lo que haría si estuviese bien. Es decir, todos ellos, están recurriendo a las fantasías para salir de su realidad externa. El primero fantasea el pecho materno que lo tranquiliza; la señora toda una serie de escenas donde ella dirá, el otro le responderá y entonces ella hará...; el chico quizá piense en una partida de basquetbol en la que gana; para el que sigue, su hamburguesa fantaseada le hace salivar; y el convaleciente imagina las energías que no tiene pero que las desea tal vez para estudiar una carrera universitaria. ¿Sus motivos? Su insatisfacción, su privación, su irrealización de deseos.
A todos se nos presenta una realidad a veces intolerable, a veces llevadera, pero que aún así preferimos "estar en otro lado" aunque estemos presentes. "Con los pies en la tierra y la cabeza en la luna". De cierta forma, estamos sacando la vuelta a eso que se nos impone y que no queremos sobrellevar. Ahora bien, si se imaginan a su amigo que acaba de ver pasar a una chica guapa, y éste se le queda viendo con la cara de: "Si supieras lo que me acabo de imaginar contigo", su excitación sexual sería la que no está resuelta. Las fantasías nos envuelven constantemente y la mayoría de las veces no les ponemos atención porque las tenemos en automático y porque sabemos que no son reales, que es mero ensueño e ideación. Y por supuesto que en este punto se pudiese complicar el asunto al considerarlas como verdaderos sucesos, pero ahí estaríamos hablando de delirios y alucinaciones. Sin embargo, la fantasía es fantasía porque se le reconoce como no real para otros. Solo ocurre en nuestro pensamiento. Algunas se comparten con los mejores amigos o la pareja. Y si bien dije líneas atrás que son para salir de la realidad externa, para escapar de ella, fugarse, también sirven para salir de la realidad interna que invade con el sufrimiento y miedos. Las fantasías procuran gratificación como defensa contra esta realidad que nos limita la satisfacción.
Los niños suelen tener un gran mundo de fantasías. Con éstas, el pequeño elabora sus teorías de cómo nacen los bebés, por qué mamá y papá se divorciaron o cómo es que bajará de peso porque está muy gordo. A través de su juego, en el que involucra este gran recurso, se permite mostrar sus temores, sus dudas, su enojo, o también cosas positivas. A veces no tiene las suficientes palabras para expresar todo esto anterior; tiene más imaginación y tiende más a recurrir a ella que a poner en palabras su sentir. Sus dibujos también lo demuestran. E incluso el niño sabe qué es fantasía y qué no lo es. Aunque para ellos salir de ésta les toma un poco más de tiempo, motivo para considerarles unos segundos para atraerlos a lo que ahora se les pide que hagan.
Esta explicación, hasta ahora, pudiera ser sobrante de su conocimiento. Es más, pudiese tomarla como una de un domingo más. Pero si nos detenemos a las escenas donde le dan ganas de golpear al que se metió en la fila de carros, gritarle a su hijo porque ya no lo aguanta, quitarse la vida o verse sentada todo el día viendo la televisión sin hacer nada, entonces ahora sí hablamos de fantasías que involucran el desahogo, la liberación del enojo, la impotencia y el agobio diario del quehacer. No es raro escuchar a un chico decir que quiere golpear y destruir todo pero que no puede porque no hay en dónde hacerlo. ¿Y aunque hubiese un lugar para hacerlo sería esperado hacerlo? No todo lo que se fantasea es lindo y con final feliz. Algunos no pueden dejar de pensar en que si no hacen ciertas actividades se robarán su auto, se infectarán o alguien morirá por su culpa, y tienen toda una imagen de ello. Escuchar y escucharse hablar sobre todas estas ideas que vienen a la cabeza abre un camino para saber de lo que se defienden en su interior o exterior. Para mostrar cómo se perciben. Para mostrar sus locas ganas de reventón, sexo, llanto, gritos y agresión. Puesto en fantasía uno es y hace lo que no se puede ser y hacer en la realidad, pero mientras no se hable, el paso a hacerlo cada vez es más corto. ¿Asustado de sí mismo? (I)
Lic. Nancy González Pico de la Rosa
nancygpr@hotmail.com
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