Opinión / Columna
 
Los Fantasmas 
Alejo Castillo 
Los pacientes al morir, ya como fantasmas se despiden de sus médicos
El Sol de Morelia
29 de noviembre de 2010

  Increíble, pero cierto. Es tanta la afinidad e interrelación que surge entre los médicos y sus pacientes, que se han dado experiencias dignas de llevar a estos relatos. Los pacientes, al momento de morir y justo después del deceso, han sido "capaces" de "viajar" en espíritu, convertidos en fantasmas, para despedirse de sus galenos.

Se los cuento:

Marco Antonio es un médico oncólogo que trabaja en el régimen de protección social federal y, cuando le queda tiempo, en su consultorio. Su especialidad le lleva a enfrentar de muchas maneras la fatal noticia que tiene que dar cuando se presenta esta enfermedad, considerada por los pacientes y sus parientes como mortal, cuando en realidad no lo es al cien por ciento.

No es lo mismo de otros doctores, como los neumólogos, cardiólogos, traumatólogos, etc, quienes encaran pacientes enfermos que generalmente saben que tras de una operación o de un tratamiento logran recuperar la salud. Para ellos la palabra muerte es ocasional. De ahí la diferencia.

Decir a un enfermo: "usted tiene cáncer" significa en la mente receptora del aquejado recibir el mensaje de "muerte", tarde que temprano, le provoca un shock. El oncólogo entonces se convierte en psicólogo y de inmediato define el camino a seguir, en el entendido de que el tratamiento, por muy doloroso que sea, busca mejorar la calidad de vida de los enfermos y de paso erradicar el daño.

Empero los procesos largos de tratamiento son tiempo propicio para que el enfermito cultive una esperanza, sembrada en su médico de cabecera, la que va en aumento en la medida en que se va ganando la lucha contra este terrible mal. De ahí podemos explicar que cuando se alcanza la salud queda esa liga tan estrecha y, cuando desgraciadamente fallece la persona, entonces han surgido historias muy extrañas, increíbles, que pueden ser relatos de ultratumba.

ALGO EXTRAÑO LE OCURRIO AL DOCTOR

El relato es real y ocurrió en esta ciudad.

Marco Antonio, su esposa y sus cuatro hijos habían tomado la decisión de salir de Morelia muy temprano para un viaje de compromiso el sábado. Tomaron rumbo a Guanajuato, enfilaron hacia su destino, pero desde que el médico se levantó, en realidad estaba muy extraño. Muy extraño.

En realidad el galeno es entusiasta, lleno de energía, responsable de sus actos, por lo tanto lo huraño, enfadado, irritable de esa mañana no coincidía con sus características.

Sin embargo, tomaron carretera, él conducía el automóvil, como siempre lo hace, sin embargo las cosas no funcionaban como de costumbre, manejaba muy alterado, frenaba de manera violenta, aceleraba imprudentemente, rebasaba peligrosamente. Su esposa se preocupó tanto que incluso le pidió que bajara velocidad y que en todo caso, si no tenía ganas de acompañarlos, era tiempo de que se regresara y ellos tomarían un camión de pasajeros.

Pero Marco Antonio no hizo el menor caso. Siguió huraño, enojado y violento. Muy extraño, como si alguien se le hubiera metido al cuerpo, dijo su esposa.

Sus hijos también le llamaron la atención y le pidieron que hiciera un alto para tomar algún refresco, a lo que accedió con gusto. El facultativo no tenía la claridad de sus actos, aunque llegó a reconocer que se sentía muy extraño. Muy extraño.

Sus manos le sudaban, su mente viajaba, estaba lejos peligrosamente, sus ideas estaban imprecisas y ahí estaba en la carretera, conduciendo su auto. Era de madrugada. El no podía explicar lo que sentía, porque no lo tenía preciso, mucho menos estaba en la razón de lo peligroso que representaba en esos momentos el viaje.

Marco Antonio sintió en un momento dado como si una energía estuviera cerca de él, le entrara en su cuerpo y esto increíblemente le llevara un poco de paz y mucha tranquilidad. Sudó, cambió su semblante, mientras que su familia lo observaba con atención.

Frenó la marcha de su vehículo, se paró a un lado de la carretera, aspiró bocanadas de oxigeno puro matinal y su cuerpo comenzó a sentir la propiedad de Marco Antonio. El cambio no sabía por qué, no entendía la razón.

Sin saber porqué sacó el celular de su bolsa y observó una llamada perdida, era de urgencias. Regresó el llamamiento. "sí, a sus órdenes, habla el doctor Marco Antonio, ¿se ofrece algo?... "Doctor -fue la respuesta-, su paciente Gloria Manríquez falleció hace unos minutos, se lo informamos, nos pidió que le llamáramos para despedirse de usted y le preguntamos qué hacer con el parte médico..."

Marco Antonio dio instrucciones y, tras concluir el llamado, se quedó viendo el espacio en su infinito antes de que naciera la luz del día. Gloria tenía en el galeno puestas sus esperanzas de ampliar su periodo de vida, ya no se podía, pero en su soledad había depositado su confianza y cariño en el facultativo.

De hecho cuando iba tan huraño su mente estaba puesta en el hospital y por su mente pasó la cara de Gloria, quien esa mañana ya no pudo mas, falleció, pero minutos más tarde pudo viajar en espíritu para llegar a despedirse de su médico.

Cuando lo contó a su familia, al momento de regresar al coche, quedaron sin palabra, aunque ellos saben que no es la primera ocasión que le ocurrían situaciones paranormales.

OTRAS VISITAS FANTASMAGORICAS

Su familia sabe que de vez en vez su papá, oncólogo, ha tenido experiencias muy cercanas a lo paranormal y que son reales.

Como le sucedió la noche del domingo de hace algunos meses mientras se encontraba dormido plácidamente en su cama. Refiere el cirujano que su cuerpo se le comenzó a paralizar, desde la punta de los pies le comenzó a subir una energía que lo atajaba. Quedó inmóvil. De nueva cuenta estaba de alguna manera conforme que esto la pasara, porque no era la primera vez que sentía este tipo de parálisis corpórea temporal.

Primero los pies, luego la cintura, el vientre, el pecho, el cuello y finalmente hasta la punta de los cabellos de su cabeza, quedó sin poderse mover. Abrió los ojos. No intentó hacer nada, empero su esposa pudo darse cuenta que estaba ocurriendo algo con su marido.

En ese momento cuando paulatinamente pudo recobrar sus movimientos, de nueva cuenta tuvo un cambo radical en su estado de ánimo. No hallaba su lugar, después de haber despertado. Como si algo malo hubiera pasado, como si alguien lo hubiera molestado. Ya no era el mismo.

Cerró los ojos y su mente corrió veloz hasta la casa donde pudo ver a Josefina, una de sus pacientes que estaba en fase terminal de su cáncer de mama. No quería pensar que se trataba de un desenlace, eran las cuatro de la madrugada y tampoco sería tan imprudente para hacer una llamada domiciliaria. No lo hizo.

Se levantó de la cama para tomar un poco de agua y justo en ese momento su celular sonó: "si diga", contestó el doctor. "Doctor, le informaron, hace unos minutos falleció su paciente Josefina, estaba muy inquieta desde las siete de la noche y en algunos momentos nos pidió que le habláramos a usted para consultar sobre su tratamiento. Nosotros creímos prudente no hacerlo, sin embargo ella nos pidió que le informáramos en caso de su muerte que ya se había ido. Que había dejado este mundo".

"Gracias, contestó, recen por ella y yo haré lo mismo. Lo siento y enviaré el certificado de defunción".

Pero una vez más se había quedado petrificado porque sintió como hasta su lecho llego esa paciente, le tocó su cara, lo inmovilizó, le cambio su estado de ánimo y cuando hubo fallecido lo liberó, como si con su muerte y despedida iniciara un largo camino sin el cuerpo dañado por la enfermedad. Libre al fin Josefina. Libre al fin Marco Antonio.

En otra ocasión el "contacto" fue mucho más allá: Fernando, afectado en su próstata por el cáncer, libró durante varios mese la lucha, poco a poco fue ampliando el tiempo y la calidad de vida, se integraron en el diálogo, el respeto y la confianza.

Marco Antonio ha dicho siempre que el cáncer puede ser detenido y hasta puede haber sanación, aun cuando los tratamientos son muy dolorosos. Algunos lo soportan con estoicismo y otros no los toleran y hay quienes, como algunas mujeres, lo primero que han preguntado es si el cabello se les caerá.

Fernando no pudo más y perdió finalmente la lucha, como un día todos las vamos a perder. Fue un fin de semana. Por lo tanto el doctor no estuvo presente en el hospital. No supo de su muerte al momento, aun cuando sabía que esto podría ocurrir de un momento a otro, puesto que el daño estaba ya muy avanzado.

Marco Antonio descansaba en su cuarto, era la siesta, sintió de pronto como le cambiaba la energía, sentía frío en su plexo solar, advertía que se acercaba alguna energía que estaría sobre él. No se equivocó. Se sintió paralizado, en un momento en que escuchó la voz de Fernando.

Se despidió con un "muchas gracias doctor. Muchas gracias por todo"...

Y así como terminó el mensaje, al mismo tiempo su cuerpo fue liberado de aquella parálisis. Sintió una gran angustia, porque sabía que Fernando había fallecido, y se despidió de él. No cabe la menor duda. No cabe que así fue.

El lunes cuando llegó al hospital le reportaron de la muerte de Fernando. Sintió un escalofrío en su cuerpo. Rezó brevemente por su eterno descanso. Una de las enfermeras le hizo entrega de una pequeña medalla, que le dejara el paciente.

Marco Antonio suspiró y fue a atender a oros pacientes.

Está seguro que volverá a sentirse muy incómodo cuando fallezca algún amigo, que cultivó durante el tiempo en que los atendió como pacientes. Esta seguro que lo visitan cuando mueren y des despiden. Está seguro de ello.

Mientras tanto Marco Antonio guarda las historias de "esa enfermera" que se "aparece" a algunos de sus pacientes en las noches. Ella les pone una inyección o les suministra un medicamento. No les ha dicho que esta "enfermera" no existe y que algunos de los enfermitos que son visitados por ella, mejoran o de plano encaran su muerte.

Ella es muy elegante. Y cuando sus pacientes se lo platican, Marco Antonio sonríe, pero no les dice la verdad. ¿Para qué?, si ella los cura y cuando mueren entonces les ayuda a bien morir. Es poco creíble, pero es la realidad. (A)
 
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