Opinión / Columna
 
El Evangelio de Hoy 
Pbro. Jaime Hernández A. 
Y curó a muchos enfermos de diversos males..."
El Sol de Morelia
5 de febrero de 2012

  Cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos...

V DOMINGO ORDINARIO - MARCOS 1, 29-39

I.- La vida del hombre y el sufrimiento

El texto del Evangelio de San Marcos nos habla de la enfermedad de la suegra de Simón y de la multitud de enfermos que lo buscó al terminar el descanso sabático. ¿Alguien pudo dudar que la enfermedad sea una desgracia para quien lo padece? La Biblia nos habla de un mal único, si no de un mal típico en el que se incluyen "todos" los males que aquejan a la humanidad en su peregrinar por los caminos de la historia. Ahí podemos encarnar la enfermedad de cada persona, enfermedad física, mental, moral, etcétera y ahí podemos encarnar también las causas de esas enfermedades tales como los males sociales, como los errores de los sistemas políticos que no logran un proyecto para la paz, o para la producción de bienes y servicios suficientes siquiera para el desarrollo normal de la persona humana, o para la distribución justa y solidaria de todos los pueblos, tanto los que tienen en abundancia como los que mueren de hambre o se arrastran humillados por la violación de los derechos fundamentales del hombre o sufren las consecuencias de un desarrollo social, cultural, económico, etcétera.

II.- Los retos de Jesús ante los sufrimientos de la humanidad...

Jesús, Dios encarnado en el hombre, se hace presente siempre allí donde se da el acontecimiento del mal, cualquiera que sea, y trátese del mal personal o del mal social: cura enfermos, da de comer a quien tiene hambre, consuela al triste, enseña al que no sabe. Son cosas que Él hace personalmente pero que después establece como norma de conducta en el Sermón de la Montaña, cuando llama bienaventurados a quienes hacen lo mismo que Él hizo. Y no sólo esto, sino que llega a las mismas estructuras sociales, religiosas, civiles, culturales, escolares, para la salud, para el desarrollo económico, para las relaciones internacionales, etcétera, y denuncia los errores que causan el mal de los individuos, como cuando llama "ciegos y guías de ciegos" a los dirigentes de los pueblos que hoy habitan la tierra, o denuncia la corrupción de quienes gobiernan a las naciones, como lo que hacía Herodes en Israel.

Pero cuando Jesús se hace presente frente al mal, siempre actúa como el que "tiene poder", para vencer al mal, como el que "libera al hombre" del dolor y del sufrimiento, como el que "puede construir un mundo nuevo" para el hombre. Esto lo hace por dos caminos evidentes: "habla y cuando habla, anuncia y denuncia". Anuncia el Reino de Dios que es Reino de paz, de justicia, de amor fraterno: el reino del bien; y denuncia la existencia indebida del reino del demonio, que es el reino de la mentira, de la violencia, de la injusticia: el reino del mal. Pero, además, no solo habla, sino que también "actúa" para deshacer el reino del mal con acciones concretas, como dar de comer al hambriento, defender al oprimido, ayudar al desamparado, etcétera.

III.- Jesús y los seguidores de Jesús...

Todo esto nos lleva a "revisar" la presencia de Jesús en el mundo a través de sus seguidores. Y tal vez el cuestionamiento sea tan sencillo como preguntarnos si los que nos ven desde fuera identifican en nosotros a este Jesús que habla y actúa. Tendríamos que ser hombres que aceptan el mal y el sufrimiento que el mal produce.

Pero que nunca se conforman con él, sino que luchan por vencer el mal, y por vencerlo de la única manera que podemos lograrlo: desde la raíz. Eso significa que se debe rehacer la relación existencial "Dios-hombre" en Jesús el Salvador.

Queramos o no queramos, el hombre necesita inevitablemente de la bondad de Dios. Cuando se encierra en su propia soberbia, puede hacerse la ilusión impía de que se basta a sí mismo. Pero es sólo ilusión. El "signo" del dolor vendrá pronto a abrir en él una brecha para hacerle lugar al Evangelio, actualizando y activando salvíficamente la misericordia de Dios. Todos abrirán las conciencias al signo de la presencia de la Vida y la Resurrección del que es la vida.

Aun históricamente, la humanidad comenzó a reconocer al Emmanuel, cuando al inaugurar la vida pública, Jesús comenzó a enfrentarse con poderes divinos al problema del dolor, de la enfermedad, del sufrimiento y de la muerte de los hombres.

IV.- Y en la sociedad de todos los tiempos...

Desde algún punto de vista, toda sociedad humana está integrada por dos elementos. Uno es el conglomerado de hombres y mujeres que se congregan. El otro es el grupo de funcionarios y autoridades que gobiernan a esa comunidad. Pero ambos elementos están unidos por el mismo objetivo común: promover todo lo que constituye el bien de la comunidad y hacer que desaparezca lo que pueda llamarse el mal que daña a la sociedad. En esta tarea es indispensable que todos eviten lo que pueda confrontar a unos contra otros y, en cambio, que permanezcan unidos por el respeto y la fraternidad. Si vemos a los que gobiernan y a los partidos de donde surgen los mandatarios, cuántas envidias, cuántos intereses malsanos, cuántas ambiciones y abusos de autoridad sobre los demás podrían evitarse. Antes que llegar a proyectos de progreso y desarrollo, sólo se llegará al fracaso, a la violencia y a la injusticia, etcétera. Y si los ciudadanos que forman cada sociedad, se dividen unos contra otros y no hacen otra cosa que criticar y robar y arrebatar y dejarse dominar por la ambición del poder, todas las ilusiones terminarán en la nada.

¿Alguna vez han visto ustedes que quienes gobiernan, los partidos de donde surgen, los ciudadanos que son la fuerza de la sociedad, hayan unido brazos, capacidades, fuerzas, para olvidarse de toda clase de divisiones, y para compartir de verdad lo que saben y lo que pueden con quienes son sus contendientes para hacer fuerte y progresista la sociedad que está puesta a su cargo?... Como que ya es tiempo de lograrlo... ¿no? (L)
 
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