Opinión / Columna
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El crecimiento humano
M. de los Angeles Ruiz Paredes
El supremo valor universal
El Sol de Morelia
7 de septiembre de 2009
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¿Dónde está el saber si no se sabe amar?.
¿Dónde la comprensión si no se comprende que el amor es el valor supremo universal que todo lo optimiza, satisface y perfecciona?.
¿Dónde el triunfo si no se sabe recrear, dignificar, embellecer, enriquecer, sublimar y trascender la propia existencia con el poder espiritual del amor?
¿Dónde la razón de nacer, el valor a tener y el sentido a seguir si no se llega a la felicidad por el camino del amor?
¿Dónde la riqueza si no se guarda amor en el bolsillo abierto del corazón?
¿Dónde Dios si no se encuentra en el amor verdadero?
El tiempo sigue transcurriendo, el espacio sigue reduciéndose y la distancia entre el ser humano y su destino sigue acortándose, sin que toda la gente encuentre las respuestas correctas prácticas a las interrogantes más valiosas de la vida: las del amor, salvación, satisfacción y perfección del ser.
No es obsesión, necedad o insistencia: si el ser humano no encuentra el amor conscientemente, llevándoles guardados en su propio espíritu, pierde los valores esenciales del ser, pierde la alegría, la dicha y la complacencia naturales, pierde la verdad, la vida y la existencia, pierde el paraíso, el cielo y Dios, aquí y ahora, en cuerpo y espíritu, porque Dios es el amor del ser vivo y latente. Por eso el amor es la energía perfecta que todo cuanto toca perfecciona pero hay que ganarle con la fe, la consciencia y la voluntad en juego.
La inconsciencia hace ver las cosas ciegamente, al revés y el ser humano inconsciente cree que así son normales hasta darse cuenta de su equivocación cuando les precede el daño, la destrucción, el sufrimiento y la muerte, para que se sepa que todo cuanto significa alteración, dolor y acabose no pertenece a la verdad, ni al amor, ni a la vida, ni a la felicidad.
Y el ser humano abnegadamente existe sin vivir y muere sin comprender, creyendo que el amor es el dolor, la salud es la medicina, la espiritualidad es la religión, la sabiduría es el conocimiento, la paz es la inercia, el alimento es la comida, la responsabilidad es la obligación, la riqueza es el dinero, la política es el gobierno, el hogar es la casa, la libertad es el libertinaje, la ética es la moral, la educación es la instrucción académica, la felicidad es la diversión o el amor a si mismo es el egoísmo.
No hay peor castigo para el malvado que serlo ni mayor pérdida para la gente que no amar. Por confundir el amor con lo que no es. Por no verle como la actitud espiritual interna que es por verle como lo exterior, lo relativo, los deseos y las cosas materiales, ignorando que podrían inventarse miles de mundos y millones de cosas mundanas y el amor no deja de ser la energía perfecta central que irradia su poder de dentro hacia afuera; el espíritu personal independientemente de la cosa material.
Sin madre no hay hijo; el amor es resultado de la consciencia; sin la consciencia no hay amor. Que la gente vea la vida prácticamente al revés, contrario a lo verdadero, constituye la gran diferencia entre la consciencia y la inconsciencia. La consciencia produce visión, claridad, precisión, enfoque correcto, apreciación exacta; inconsciencia todo lo contrario; la alteración, el conflicto, el daño, el sufrimiento, la muerte, la tragedia y el dolor corresponden a la inconsciencia. Véase cuánta es la inconsciencia que prevalece pululando por nuestro mundo mirando al amor, de cabeza.
Sin desarrollo espiritual, educación interior y labor de consciencia, el amor es manejado contrariamente a lo servible y la gente cree que amar es, querer, desear, posesionar, pedir, esperar, exigir, condicionar, obligar, dominar, amenazar, mientras amar sólo es dar, ofrecer, integrar, contribuir, aportar, corresponder, compartir, soltar, liberar.
El amor es hacer lo correcto e ideal, lo perfecto; entrar a la idea infinita, al pensamiento inteligente, al sentimiento noble, al criterio maduro, al estado de consciencia exacto, al corazón abierto, a la actitud elevada, a la divinidad individual, a la forma esencial de vida para que la relación con lo físico, existencial, material y económico, sea sólo efecto, consecuencia, añadidura, proyección y complemento.
El gran problema humano es ignorar lo que el amor puede hacer a entero favor individual y por el mundo si el libre albedrío humano lo comprende: apartar lo verdadero de lo falso, lo apto de lo inepto, lo útil de lo inútil, lo servible de lo inservible, lo benéfico de lo perjudicial, lo grotesco de lo sublime, lo burdo de lo sutil, por apartar el cielo del infierno.
****A****
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