Opinión / Columna
 
Los Fantasmas 
Alejo Castillo 
Lagos michoacanos
El Sol de Morelia
21 de junio de 2010

  Es muy común que los lagos michoacanos estén ligados a sus leyendas y fantasmas. La realidad es que en sus aguas han perecido ahogadas varias personas, y las historias refieren que estos fantasmas "regresan" de vez en cuando para seguir "penando" su triste final.

Hay quienes aseguran que las aguas tienen vida de minúsculos seres llamados "ondinas" y también señalan que cuando una persona tiene que entrar en sus entrañas debe pedir permiso para disfrutar y alejar cualquier peligro de morir.

Sea cual fuere este tipo de hechos, nos queda claro que, por ejemplo, en la presa de Cointzio han muerto decenas de personas ahogadas y no solamente eso, sino incluso ahí han aparecido hombres que ya sin vida fueron tirados en las aguas. Se ha vuelto un espacio de muerte, pero también de vida porque sus aguas llegan a nuestra ciudad para saciar la sed de las personas. El contrasentido de la vida.

Lo que sí es cierto es que andar por las riberas del Cointzio en la noche representa una aventura llena de adrenalina. Incluso aquí hemos contado historias de mujeres quienes abordan taxis y les piden que las lleve por ese rumbo. Cuando llegan al lugar desaparecen, flotan y dan la evidencia de que se trata de fantasmas.

Aún así ese lugar es utilizado por los morelianos para realizar días de campo, pero llegada la noche este lugar queda solitario, donde deambulan, dicen, las energías de tantas personas ahogadas. Es increíble lo que ahí acontece.

Dejemos a un lado lo que sucede en Cointzio y vayamos a contarles las historias que nuestros ancestros nos han relatado.

LEYENDAS DEL LAGO DE CAMECUARO

Cerca de Zamora hay un lago llamado Camécuaro. Se cuenta que hace mucho tiempo un español vino a México, aquí se enamoró de una joven muy hermosa. Pasaron algunos meses y el español se fue a la guerra dejando a su amada sola en ese lugar. Nunca regresó. La joven entristeció tanto que empezó a llorar hasta que con sus lágrimas formó un lago muy cristalino. El agua es muy fría. Ahí han muerto muchos bañistas porque las raíces de los árboles sirven de trampa. Algunos hombres afirman luego de estar a punto de ahogarse ver a una joven muy hermosa jalarlos de los pies hasta la profundidad del lago.

Pero otros han sido trenzados por las gruesas raíces que se ven por lo cristalino de sus aguas.

EL COYOTE DEL LAGO DE CAMECUARO

En tiempos en que el hombre no ponía todavía su pie sobre la tierra, cuando todo era un paraíso en donde los animales y plantas vivían felices en las orillas de la Meseta, había en el cerro de la Güizachera un hermoso coyote con su familia. El coyote tenía la piel color oro, amarillo dorado, su piel era suave y fina, su mirada era apacible. En verdad era hermoso ese animal con los ojos relucientes como perlas, paseando su majestad por entre las peñas y los güizaches del cerro, así como en los arroyos del lugar, constituyéndose como el príncipe y señor de los animales.

Por las noches, después de mirarse reflejado en el hermoso lago de Camécuaro, limpio y reluciente, lleno de vida que parecía un regalo de los dioses, el coyote estaba a gusto con su grandeza y aspecto, subía despacio a lo alto del cerro grande regodeándose de tanta vida y tanta belleza, con que los dioses habían socorrido aquel lugar, también disfrutaba por las noches el gran placer de sentarse sobre sus patas traseras pasándose horas y horas viendo a sus cabrillas y a su admirada luna (nana-cutzi) y a todas las estrellas que había en el firmamento azul e infinito.

Pero una noche el coyote observó atónito un puntito en el cielo nocturno, un puntito que noche a noche crecía y conforme crecía tomaba la forma de una serpiente de fuego que a veces tomaba forma de mujer con una cabellera larga, era tan bella que opacaba la belleza y el fulgor de nuestra amada nana-cutzi la luna; las cabrillas, hermosas y centellantes (las pléyades), coquetas como siempre, se sintieron ofendidas y opacadas, así como también el cazador del cielo que las perseguía eternamente y que ahora llamamos El Arado (Orión); todas las estrellas del firmamento se sintieron ofendidas y opacadas por la belleza de la recién llegada.

La luna comenzó a palidecer y a reflejar unas manchas oscuras en su antes limpia y bella cara, todos los astros nocturnos manifestaron su molestia y sus celos por la nueva intrusa, pues acaparaba las miradas de todos los habitantes de la tierra y del cielo.

El gran cazador del cielo, Orión, le dijo al coyote: "Hermano, tú que entiendes nuestro lenguaje, quiero decirte que no te preocupes, ni te asombres por la intrusa que apareció en el cielo, así como la ves de hermosa y ostentosa, además de vanidosa, su gloria será pasajera, pronto desaparecerá de los cielos, así como tantos otros cometas que aparecen y desaparecen y traen calamidades; ésta otra no tardará en irse por el otro lado de donde vino, y la paz de los cielos volverá a ser nuevamente nuestra costumbre de todas las noches".

"No obstante de las explicaciones del gran cazador del cielo nocturno, el coyote no quedó conforme, pues ya la tierra comenzaba también a dar señales de molestia por la nueva intrusa de los cielos nocturnos, las barrancas se hacían más grandes y profundas, otras desaparecían de la noche a la mañana, los cerros crujían y las aguas se evaporaban de las lagunas y otras se retiraban de las playas, nacían nuevos volcanes y los que estaban dormidos despertaban y lanzaban fumarolas de humo, de azufre y de lava hirviente, los animales tenían extraños comportamientos, andaban como espantados, como perdidos, muy lejos de sus entornos naturales; llegaban extraños animales de otras tierras y los de acá de la sierra estaban desapareciendo, pues subían a los cerros más altos dejando a su prole en el abandono".

Entonces el coyote subió al pico de Tancítaro, que es la cumbre más alta de Michoacán y retó a la nueva estrella diciéndole: "¿Quién eres tú que perturbas la paz y la armonía de estos nuestros cielos y también nuestros suelos, debes saber que has alterado la paz y el orden de los cielos y de la tierra, que cuentas con el desprecio de todos los cielos y sus habitantes, que has ofendido a nuestra madre nocturna, que es la luna, que era tan bella y ahora por tu culpa ella tiene unas manchas oscuras en su rostro, nosotros los animales no permitiremos que ofendas a nuestra madre y quiero que sepas que nunca te adoraremos como a ella nuestra querida y admirada nana-cutzi, así que acelera tu camino por estos nuestros cielos y desaparece ya de una vez por todas".

La bella estrella detuvo su marcha para mirar a quien le insultaba su belleza y osaba insultarla diciéndole así: "¿Quién eres tú, insignificante cuadrúpedo morador de los valles, cuevas y barrancas para hablarme así, escúchame bien testarudo y tarugo, cuadrúpedo, ni a los dioses del cielo les permito que me insulten como tú lo acabas de hacer, solo por eso nunca más volverás a hablar, de hoy en adelante sólo podrás aullar para pedir y buscar tu alimento".

Con lo último que le quedaba de voz al coyote le dijo a la estrella, que la señora luna y las otras estrellas eran sus amigas y que todas las noches conversaban, y la única reina del cielo nocturno era y seguirá siendo la señora luna, nana-cutzi.

"Pues debes saber miserable coyote que así como me ves de bonita, también soy cruel con los que me insultan, mi aparición en el cielo pronostica un sinnúmero de calamidades y sufrimientos, a partir de mí, la vida en la tierra y en el cielo ya no será igual, todo va a cambiar, para unas criaturas será su maldición, para otras será una bendición porque mi belleza no pasará desapercibida de ninguna manera, yo soy citlalmina (estrella con flechas)".

El coyote por esos días se refugió en las frías aguas de Camécuaro y desde entonces son muchos los hombres que han muerto en sus aguas, atrapados por las raíces. Dicen que cuando un hombre muere ahogado ahí, observan una mujer que llora, un coyote que observa y que no puede hablar. Es la maldición para algunos.

LEYENDA DEL LAGO DE ZIRAHUEN

A 20 kilómetros de Pátzcuaro está Zirahuén, comunidad de artesanos y pescadores. Su hermoso y profundo lago del mismo nombre en el corazón de la Meseta Purépecha, está rodeado de sitios ideales para el descanso y la recreación, la convierten en excelente opción para pasar días inolvidables.

Zirahuén quiere decir "Espejo de los Dioses", significado que explica la leyenda. Tras la caída de Tenochtitlán, entre los españoles recién llegados a Michoacán, un capitán quedó prendado de la princesa Eréndira, hija del rey purépecha Tangaxoán, a quien raptó y escondió en un precioso valle envuelto por montañas.

La bella mujer lloraba suplicando a sus dioses que la salvaran; los dioses Juriata y Jaratanga, le concedieron furia a sus lágrimas para con ellas formar un lago e hicieron de sus pies una cola de pez. Convertida en sirena se salvó del sufrimiento y pudo huir de aquel extranjero. Los lugareños cuentan que todavía vaga por esas aguas profundas y que a la víspera del amanecer emerge para encantar a los hombres de mal corazón.

En Zirahuén sus aguas frías han atrapado a hombres, sobre todo, quienes intentan cruzar sus aguas. Su profundidad, se dice, rebasa los 100 metros, es un reto para quien osan bañarse y sobre todo porque observan que una mujer sigue llorando presa de amor y su muerte. (A)
 
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