Opinión / Columna
 
Los Fantasmas 
Alejo Castillo 
Carácuaro y Nocupétaro, sus fantasmas y leyendas
El Sol de Morelia
26 de abril de 2010

  Carácuaro y Nocupétaro son dos municipios de Tierra Caliente prácticamente engarzados en sus fantasmas, historias y leyendas, conservan el sabor de sus raíces históricas.

No puede olvidarse que José María Morelos estuvo como cura de Carácuaro, de donde partió para unirse al grupo insurgente que lucharía por dar independencia a nuestro país, logrando en anhelado plan libertario.

Pero estos dos municipios, cercano uno del otro, tienen historias, leyendas y fantasmas comunes, como es el caso de la leyenda del cerro Mariana Misteriosa que circula entre los habitantes de estos municipios de Tierra Caliente.

Como es sabido Michoacán tiene el mundo mágico de los paisajes carreteros, así como de los pequeños pueblos con los que cuenta nuestro Estado, funda su principal riqueza en aquellas particulares historias que marcan un lugar por el resto de su existencia.

Los más viejos de sus habitantes suelen contarnos leyendas vividas. Estamos hablando de las leyendas surgidas en los pueblos y las regiones michoacanas, en este caso en particular de las leyendas más importantes del cerro de Mariana, el cual en alguna ocasión fue escenario de los enfermizos celos paternos por proteger a una pequeña jovencita con este nombre, celos que, a decir de los vecinos, acabaron con los habitantes de dicho lugar. Sus fantasmas deambulan por el lugar.

Y es que, viajando por las cálidas regiones del sur de Michoacán, pasando por los pueblos de Nocupétaro y Carácuaro, se tendrá que atravesar el camino conocido como Loma Larga, donde desde cualquier punto se admira la imponencia del maravilloso Cerro de Mariana, una maravilla verdosa que muestra no solo lo grandiosa que puede ser la naturaleza, sino toda la magia que hay detrás de las diversas leyendas que los viejos la refieren.

Cuenta la historia de la pequeña Mariana, según Eloy García, cronista y cuentero -además de agricultor- avecinado en la sierra de Tacámbaro: que en el valle de Nocupétaro habitó en alguna lejana época el rey de los chichimecas y de los nahuatlacas, llamado Campincherán, quien vivía en una edificación gigantesca y rica ubicada en medio del valle.

Este señor contaba con un duro carácter, marcado por sus celos, y tenía una sola hija llamada Marili, con una hermosura coronada por su preciosa cabellera que le cubría hasta la cintura. Un día el rey se encontraba próximo a asistir a una reunión con sus colegas los mexicas y los señores aztecas, no sabía qué hacer con su hija mientras él estuviera fuera, ya que dudaba en llevarla consigo por miedo a que alguno de sus colegas pudiera enamorarla.

Fue por esto que, no teniendo otra opción, buscó a su amigo el "Satán", quien en otras ocasiones le había auxiliado. Como era de esperarse, y ante la belleza de la joven muchacha, el Satán no pudo decir que no a la petición del celoso padre, que le pedía la cuidara y protegiera de los hombres durante su ausencia.

El rey se fue confiado, dejando sus pertenencias, entre ellas la joven heredera, en manos del diabólico espíritu de aquel cornudo personaje, quien se comprometió a cuidarla sin haberle pedido permiso a sus superiores para hacerlo. Al retirarse Campincherán la preciosa dama pidió al Satán que se casara con ella: "Por los celos de mi padre nunca he conocido a ningún novio, ni siquiera un amigo. Ahora que él no se encuentra yo me siento enamoradísima y te ruego les pidas a tus superiores te dejen casar conmigo".

El joven diablo corrió a poner piedras y lodo encima de las pertenencias que el rey le había encargado, esto buscando protegerlas, y recostando a la muchacha encima de aquella pequeña montaña, solicitándole que no se moviera de ahí hasta su regreso.

Cuando el diablo llegó con su superior, el diablo mayor, lo único que consiguió fue una paliza porque jamás permitiría que un diablo tuviera un suegro tan celoso como lo era Campincherán, lo encerró bajo custodia para evitar que cometiera esa locura, razón por la cual nunca más volvió al lado de su princesa.

Las piedras y el lodo que puso encima se convirtieron en lo que hoy es el cerro de Mariana, quien sigue recostada esperando a su único amor para casarse, convertida en la verde naturaleza que muestra el cerro. En cuanto al padre, se cuenta que se volvió loco, convirtiéndose en un fuerte ventarrón que rodea el cerro en busca de su hija perdida.

Por otro lado, Felipe E. Calvillo cuenta que un humilde indígena de Nocupétaro sostiene la versión de que en tiempos muy lejanos llegó a la comarca el rico español Antonio X, quien como principal tesoro tenía una hija adolescente, la hermosísima y angelical Mariana, quien se enamoró de un apuesto doncel indio, viril y energético, resto de pasadas grandezas tarascas.

Pero don Antonio no podía consentir el perder su gran tesoro, por lo que un 2 de mayo subió al cerro, donde se encontró al diablo y con un grito desesperado aseguró: "¡Primero muerta Mariana, y todos los que me rodean, que ella de hombre alguno...!", el demonio aseguró recoger ese grito y la insistencia de don Antonio para evitar que Mariana se casara.

Al día siguiente, durante la Fiesta de la Santa Cruz el novio de Mariana le ofrendó a la hermosa jovencita una pequeña cruz fabricada con el oro de sus antepasados como símbolo de la unión de una raza heroica con otra raza de talento y nobleza sin igual. En ese instante se produjo un cataclismo espantoso; el cerro se desgajaba en moles inmensas, una atmósfera de fuego invadió el ambiente haciendo que la vida cesara en un instante en muchas leguas a lo redondo.

El diablo había cumplido la petición del celoso padre, "antes muertos que ver a Mariana casada". Se cuenta que solo algunos de los habitantes salieron con vida para transmitir de generación en generación la noticia de este suceso tan raro y formidable.

Hasta hoy se pueden ver los restos de la finca en la meseta del cerro de San Antonio, que también lleva el nombre de Mariana, y se cuenta que cada 3 de mayo en la fiesta de la Santa Cruz se aparece una joven hermosísima entonando una triste canción y besando una pequeña cruz de oro que cuelga de su pecho.

Existe una tercera historia contada por Nicanor Strozzi, quien asegura que después de aquel cataclismo Mariana regresa cada 3 de mayo para enamorar a algún ingenuo lugareño, quien hace caso a un sinfín de peticiones por parte de la princesa para conseguir su amor, y concluyendo los favores solicitados por la joven, la ve convertida en serpiente que busca ingresar a la tumba donde fue enterrada Mariana en el momento de su muerte.

Nadie sabe si es verdad que Mariana regresa cada 3 de mayo o no, es más ni siquiera sabemos si realmente existió, lo que sí sabemos es que este tipo de historias se mantienen vivas gracias a la creencia en la magia que tienen los lugareños de estos lugares.



LEYENDA DEL CHIVO ENCANTADO (PARACUARO)



Fue en el año de 1917 cuando un individuo de nombre Luis Gutiérrez, alias "El Chivo Encantado", tras un enfrentamiento con la gente del general Cenobio Moreno de manera personal, antorcha en mano, procedió a incendiar casa por casa la población de Parácuaro.

Los datos describen al Chivo Encantado como a un individuo por el que no se daba ni un cacahuate, era un tipo desaseado, complemente sucio, se dedicaba a matar cerdos, aves, tenía una tiendita sin chiste, casi vacía, continuamente se embriagaba y en ocasiones montaba un caballo flaco.

Este individuo llegó a Parácuaro porque lo trajo un amigo de nombre José Vizcaíno, originario del Estado de Jalisco, de quien se dice era una excelente persona, trabajadora, pero con muy mala fortuna. Se cuenta que en Parácuaro existen algunos hijos del Chivo Encantado, pero nadie se acuerda de él. En el libro Santo de palo, ¡pero milagroso!, se menciona que Luis Gutiérrez, El Chivo Encantado, fue uno de los iniciadores de la Revolución en Parácuaro.

Vivió y trabajó en la hacienda de Los Bancos, allá por los años 1913, en ese tiempo propiedad del muy rico Silviano Hurtado. Años más tarde El Chivo Encantado se convertiría en un revolucionario, pero sanguinario, pues lo consideran como un asesino, psicópata, temible de la muerte, gozaba viendo cómo brotaba la sangre de la yugular cuando colgaba a sus prisioneros; se consideraba un individuo terrible, pues disfrutaba violando a cuanta mujer le gustaba o se encontraba sola en los caminos o viviendas.

En muchas ocasiones les pedía ayuda a sus secuaces, que se las detuvieran, y una vez cometida su fechoría, en la mayoría de las veces asesinaba a sus víctimas. Precisamente por la rivalidad que tenía El Chivo Encantado con Bonifacio y su hermano Cenobio Moreno fue en el año de 1917 que El Chivo Encantado llegó con sus tropas a Parácuaro, mientras Bonifacio Moreno se encontraba en Uruapan.

El Chivo se comunica con Bonifacio diciéndole "no vayas a venir a atacarme, porque te quemo tu pueblo y no dejo piedra sobre piedra". El Chivo Encantado hizo la finta de que salía para Apatzingán, pero zorro como era, se dio cuenta que la gente de Bonifacio había salido a todo galope para atacarlo. Se regresó y se enfrentó a Bonifacio Moreno, que le arrimó una cueriza. El Chivo Encantado, tras ser derrotado regresó a Parácuaro quemando casa por casa, personalmente, con una antorcha, una por una. Ese incendio acabó Parácuaro.

Las muertes de las personas aún se pueden observar en fantasmas que de pronto salen en los pasillos de las casas. Eso cuentan los vientos de la región. (R)
 
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