Opinión / Columna
 
Los Fantasmas 
Alejo Castillo 
Leyendas michoacanas
El Sol de Morelia
15 de marzo de 2010

  La abuelita Enriqueta recogió un poco sus amplias enaguas, en torno de ella la rodeaban los niños, quienes ávidos de escuchar relatos de miedo, no perdían detalle de cada una de las palabras que salían de la boca de aquella mujer de 75 años. Eran las siete de la noche y los relatos fluían con lujo de detalle.

Enriqueta conocía muchas leyendas de Michoacán porque en su tienda de abarrotes en el pueblo era visitada por vendedores, quienes llegaban de todos los rincones y mientras surtía los productos, les pedía que le contaran las historias y leyendas de terror de sus comunidades.

No solo vendía productos traídos de otros municipios, sino que también ofrecía yerbas para sanar y durante las fiestas del pueblo ofrecía juguetes, dulces, ropa y cuanta "cháchara" podía ofrecer. Era muy popular su forma de comerciar y por todo ello era que conocía las historias y las leyendas de Michoacán.

Los pequeñines se arremolinaban en torno de ella y les pedía que guardaran silencio para que escucharan el relato. Durante dos horas Enriqueta les contaba historias que al paso de los minutos minaban la tranquilidad de los "peques", quienes al final de la velada resultaban presas del miedo y del terror. Pero a los niños les encantaban esas dos horas.

¡Ptsssssss!... -se escuchó-. "Niños, voy a contarles las historias que me contaron, así que pongan mucha atención", los conminó y ellos abrieron más los ojos y agudizaron los oídos.

"Si no se ponen en paz les va a salir esta noche el padre sin cabeza de Ixtlán", advirtió.

"Cuéntenos abuelita", pidieron los niños

Miren, niños, quienes viven en el pueblo de Ixtlán de los Hervores contaban una leyenda sobre un sacerdote que hace muchos años vivía y daba misa en este pueblo. En el sitio que ahora se conoce como "el templo viejo".

"Se dice que un día el padre caminaba y, cuando pasaba bajo el campanario, iba muy distraído, de pronto la gran campana de la iglesia cayó sobre él, porque de manera muy extraña se desprendió de su eje y fue a dar precisamente en la humanidad del padre, quien al recibir la campana lo decapitó.

"El pueblo se vio muy apesadumbrado por el hecho, nadie lo podía creer, pero era cierto. Al paso de los días fueron olvidando este incidente, pero desde entonces mucha gente asegura que ha visto la silueta sin cabeza del padre vagar por los alrededores del 'templo viejo'. Son muchas las personas que han rezado por él, pero continúa vagando el espíritu de este padre y sobre todo se les aparece a los niños que se portan mal".

Juanito preguntó a la abuela si ella había visto al padre sin cabeza, a lo que ella le contestó que no, pero que tenía parientes que habían acudido a Ixilán de los Hervores, donde hay un geiser activo que resulta un atractivo turístico.

La duda quedó en el aire y las preguntas en las gargantas de los niños, que comenzaron a llenarse de miedo.



LA BARRANCA DEL DIABLO

"¡Ja, ja, ja!" Sonrió de manera diabólica Enriqueta cuando comenzó a relatarles la leyenda de la barranca del diablo, hechos ocurridos en Apatzingán.

Esas risotadas eran muy diabólicas, les contó.

"Se escuchan las tenebrosas risas que salen de aquella profunda barranca solitaria. Quienes las escuchan se distraen cuando conducen sus vehículos y debido a esto hay muchos accidentes en la carretera que va de Uruapan a Apatzingán".

"El demonio -les contó- permanece en el fondo de todas las barrancas y se dice que está custodiado por San Pedro para que no salga a dañar a las personas que pasan por esos lugares.

"Se cuenta que el demonio se la pasaba haciendo maldades y que San Pedro quiso darle un escarmiento. Lo buscó afanosamente hasta que lo encontró y empezó la lucha del bien contra el mal. Aquello era terrible".

La gente de allá cuenta que Satanás se encuentra más arraigado en las regiones de Tierra Caliente, debido a que él soporta más el calor que el frío. Fue así como San Pedro se lo encontró cerca de Lombardía, y éste, al percatarse de que san Pedro lo seguía, corrió a arrinconarse en el fondo del barranco. San Pedro, al pretender alcanzarlo, saltó y sus sandalias quedaron grabadas en una como especie de barda que se mira al pasar por la carretera a un lado de un puente que se encuentra saliendo de Lombardía".

"El Demonio pretende salir de ese lugar, enojado lanzaba bocanadas de fuego como si fuera dragón. A veces este quemante calor hace que los autos se calienten y algunos se llegan a quemar porque el aliento lanzado por Satanás es muy fuerte. Las llamaradas que salen de aquella barranca asemejan la cara espantosa del Demonio y de noche se nota más este espeluznante espectáculo".

"El Demonio le juró a San Pedro que secaría poco a poco toda aquella región hasta donde alcanzara lo cálido del aliento de su fétida boca. Este insoportable calor se extendía por distintos municipios michoacanos: Carácuaro, Huetamo, Churumuco, Huacana, Apatzingán, Turicato, Puruarán y otros".

La historia refiere que el Demonio no ha podido salir de la barranca, porque San Pedro dejó Angeles guardianes para que tengan sojuzgado al diablo mismo, pero este sigue lanzando llamaradas que llegan a calentar esa región de Michoacán".

"Abuelita, dijo Pedrito, y a nosotros no se nos va aparecer el diablo?, "no Pedrito, le contestó, pero si te portas mal podrías verlo y no te aconsejo que te portes mal, porque es muy horrendo. Da miedo".



LEYENDA DE LA NOCHE DE MUERTOS

Enriqueta les dijo que no solamente pueden ver al diablo, sino que en este mundo hay quienes pueden ver fantasmas y a los muertos. "Por eso les voy a contar lo que ocurre en la zona de Pátzcuaro, el Día de todos los Muertos, el 2 de noviembre

"El 1 y 2 de noviembre en México se celebra a los muertos, primero los niños o los santos inocentes, y el segundo día las campanas suenan para nuestros antepasados. Ese día el aire se llena de recuerdos y leyendas, que junto con los espíritus que vienen a visitarnos parece que se hiciera más denso"

"El ambiente es otoñal, sopla su viento en las caras, como suave caricia, consoladora de todos los que aún vivimos, sobre las lágrimas ya secas por el tiempo. Llega ésta ocasión de preparar platillos especiales, esos que le gustaban a nuestros difuntos. Tiempo de comprar flores, dulces y velas para la ofrenda. Se va a misa, se reza para pedir por las almas que han partido".

"En ésta noche, los muertos nos recuerdan y de un más allá desconocido, regresan a visitarnos para así mantener los lazos de amor renovados aún después de su partida. La va noche cayendo, los preparativos ya están listos, y mientras las sombras se alargan los fantasmas caminan levemente por todos los rincones".

"Es momento de los recuerdos y de las leyendas como la que ahora les cuento: La historia viene de una época remota, donde las memorias se han desvanecido tras el paso inexorable de los años. En ese entonces como ahora, el lago de Pátzcuaro impresionaba por su belleza, de aguas limpias como cristales fundidos en un mundo de sueños. Hoy, el lago ha envejecido sin perder su encanto, y en sus islas, especialmente en Janitzio, sus construcciones de blancas paredes y de teja roja sobresalen del verdor de las plantas y el reflejo de las aguas".

"En éste escenario, en noche de muertos, los fantasmas salen de las aguas, viejos espíritus guardianes de tesoros y de amores. Se cuenta que llorosa se ve a una joven deambulando sin sentido por la zona, es la sombra de Mintzita, hija del Rey Tzintzicha, que busca caminando hacia el lago, que ya refleja la luna y las estrellas, a su príncipe amado, Itzihuapa, hijo de Taré, heredero de Janitzio".

"Locamente enamorados, no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores españoles. El fiero Nuño de Guzmán había aprisionado al Rey, padre de Mintzita. La princesa quiso rescatarlo ofreciéndole al malvado, el fabuloso tesoro oculto bajo las aguas entre las islas de Janitzio y Pacanda. Fue así como su amado fue llevado sobre las aguas para extraer el tan codiciado tesoro".

"Remaron hasta el punto exacto marcado por el reflejo de las constelaciones estelares, y mientras afanoso se empinaba, fue atrapado por veinte sombras de los remeros que lo escondieron bajo las aguas y fueron sumergidos con él. Itzihuapa quedó convertido en el vigésimo primer guardián de tan fantástica riqueza, y Mintzita dejó éste mundo esperando a la orilla del lago".

"Pero, en ésta noche en que los muertos regresan, ella camina hacia el lago, buscando con ojos de lágrimas para consolarse ante la imagen de su amado que de las sombras del lago surge, subiendo la empinada cuesta de la isla. Así los dos príncipes espectros Mintzita e Itzihuapa, se musitan palabras cariñosas mientras se miran a la luz de las llamas inciertas de los cirios. Se ocultan de las miradas indiscretas mientras las estrellas fulguran y el lago gime como un alma en pena".

Enriqueta terminó el relató y de sus ojos cayeron dos lágrimas, como si en algún momento de su vida ella hubiera tenido el desafortunado y truncado amor, pocos sabían de su vida, lo único que ahora conocen es que vive solitaria y que tiene dos nietos, que nadie conoce, pero que ella comenta que se fueron del pueblo y sus nombres son Agustín y Juan.

Los niños se despidieron de la abuela y le pidieron continuar mañana con los relatos. Ella aceptó porque como vive sola quiere contar todo lo que sabe a los niños, aunque los llene de miedos y de terror.

Mañana continuará con sus relatos. Y nosotros daremos fe de dichas historias la próxima semana. (A)
 
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