Opinión / Columna
 
Epiqueya  
Primitivo Sandoval 
Oscar Wilde y el arte
El Sol de Morelia
20 de febrero de 2010

  "El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido"

El autor: Oscar Wilde

Oscar Wilde nació en Dublín, el año de 1854. Escritor británico. Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.

Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del "arte por el arte" y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.

En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, quienes rechazaron el apellido paterno tras los acontecimientos de 1895. Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman's World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, EL PRINCIPE FELIZ, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas EL CRIMEN DE LORD ARTHUR SAVILLE.

El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. Así mismo, se reeditó en libro una novela publicada anteriormente en forma de fascículos, EL RETRATO DE DORIAN GRAY, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.

No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como SALOME (1891), escrita en francés, o LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.

El 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada BALADA DE LA CARCEL DE READING, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.

Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte en el año de 1900. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.



LA REFLEXION

Cuando nuestro gran maestro de literatura Ramón Martínez Ocaranza, durante el Bachillerato Unico, en el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, de la UMSNH, nos habló en su cátedra de Federico García Lorca, de su obra con una exquisita sensibilidad en sus composiciones, dándonos algunos ejemplos de sus obras, entre ellas, una de las más logradas composiciones dramáticas, en prosa, titulada: La casa de Bernarda Alba, que nos recomendó leer; nunca me imaginé que precisamente esa obra llevada al escenario por un grupo de estudiantes del Circulo Teatral en la Ciudad de México D.F., la vería el domingo pasado junto con mi esposa Graciela y mi hijo Julio, que realmente nos impresionó por el enfrentamiento de fuertes pasiones que hacen breve la hora y media continua de actuaciones de las ocho protagonistas (una de ellas varón, pero que igualmente hizo el papel femenino), todos en gran actuación, pero nosotros tres no perdíamos de vista sobre todo a Esperanza, sí, mi hija, nuestra hija y la hermana de mi hijo. Fuertes escenas, temperamentales actuaciones y todos en su papel como si ya fueran experimentados actores. No cabe duda de que el arte dramático teatral despierta diversos estados de ánimo, por lo que se hace y dice independientemente de la escenografía que a veces puede ser mínima o improvisada en forma certera como en este caso y el resultado en verdad es bueno y digno del buen aplauso que se les dio a los noveles actores y a su director que supo inducirlos con esa sensibilidad que le dio notoriedad a Federico García Lorca.

Alguna vez pensé que lo de mi hija solamente era un capricho pasajero, pero al estar ahí en ese pequeño teatro (pequeño en dimensiones, pero grande en calidad y sensibilidad humana), comprendo que realmente es su convicción, y por ello está luchando y venciendo dificultades y limitaciones para alcanzar sus propósitos. Pienso que esta obra que presentaron sus compañeros y ella, es difícil de llevar a escena y actuar, pero lo lograron exitosamente con trabajo, esfuerzo y perseverancia que se notó durante el desarrollo de toda la obra. En especial, gracias a su maestro y director Víctor Carpinteiro, por atreverse (con buenos argumentos de exigencia a sus alumnos), a preparar y presentarla con un puñado de jóvenes pero prometedores actores que aceptaron el reto de ser alguien en el arte de la actuación. Tal como lo expresa Oscar Wilde:

"EL ARTE ES LA FORMA MAS INTENSA DE INDIVIDUALISMO QUE EL MUNDO HA CONOCIDO". (A)
 
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