Opinión / Columna
 
Hazael Ruíz Ortega 
Triada: impulsividad, frustración y demora
El Sol de México
28 de febrero de 2015

  La transformación personal depende fundamentalmente del individuo, mientras que, familia y colectivo se construyen con el pronombre nosotros. De igual importancia, los instrumentos que abonan al potencial de rasgos y características de personalidad.

En este sentido, alinear una jerarquía de cinco pasos: 1. Evaluación inicial ¿quién soy?, 2. Capacidades ¿qué soy capaz de hacer?, 3. Personalidad ¿cuáles son mis virtudes ocultas?, 4. Motivación ¿Qué deseo hacer?, 5. Evaluación posterior ¿Qué puedo llegar a ser?

En la vida laboral dentro del sistema penitenciario del Distrito Federal, he comprendido, que todo protocolo de apoyo a la construcción de la personalidad y reinserción social, inicia principalmente -de adentro hacia afuera- e incluye su pertinente catarsis en la transformación al cambio deseado.

Ahora, es de interés referir un caso de comportamiento antisocial que se inicio en la niñez y quizá pudo evitarse con una intervención oportuna. Se omite el delito, pero, si se menciona algunos de los datos duros (no en los términos de la criminología) de uno de mis primeros casos (año 1996) realizado a un hombre que ingresó a la cárcel:

Tarjeta del perfil: En su niñez, fue un "huracán" de la clase media de los años 70, actitud desobediente, liderazgo con compañeros de escuela en ocasiones agresivo, cautivaba a sus padres, hermanos mayores y abuelos a los cuales no les interesaba ver la realidad, creció con más libertad de lo pertinente, muy clara identidad de género, apoyaba en las tareas del hogar, un ser independiente, etc.... ya de joven, sus incidencias lo condujeron al delito y prisión. Recuerdo que teníamos la misma edad -25 años-.

Comprendí que las personas tomamos decisiones y acciones diferentes por múltiples causas, esa realidad de la diversidad humana, de los retos en la esfera del libre albedrío, de la importancia de potencializar capacidades para alcanzar objetivos, metas y superar las adversidades de la vida cotidiana (resilencia) en lo personal, en la familia y convivencia en el colectivo.

El caso marcó la mirada personal, la reflexión de superar obstáculos que impiden un pleno desarrollo. De la ventaja de utilizar en tiempo y forma, ese conjunto de tres elementos especialmente vinculados entre sí: control de impulsos, capacidad de demora y tolerancia a la frustración. Visibilicemos brevemente. Sin duda, en todas las edades es significativa su observancia.

1. Control de impulsos. Es considerado un rasgo de personalidad, se evalúa con pruebas proyectivas. Contiene dos perspectivas -social y clínica- , la primera trata de la conducta de riesgo, violencia y dificultad en la adaptación social. La teoría del aprendizaje refiere que la conducta impulsiva es resultado de la observación e imitación de un modelo agresivo que se concibe en la familia, escuela, comunidad. Lo deseable es un alto control de impulsos. Ejemplos y consecuencias del bajo control, son de dominio público.

2. Tolerancia a la frustración. La baja tolerancia niega que los deseos sean postergados, reacciona en los extremos de la ira y retraimiento. La alta tolerancia aprende a resolver limitaciones, respeta las leyes, cimenta hábitos, perseverancia, adaptación con el contexto sin claudicar.

3. Capacidad de demora. Especialistas dicen que es hija de la tolerancia a la frustración, permite posponer necesidades inmediatas a favor del logro de metas a mayor plazo.

En la historia de vida, pasan situaciones -esperadas, inesperadas, deseadas y no deseadas-. A la vez, puede generar "agenda vacía" que representa oportunidades y amenazas en control de impulsos, capacidad de demora y tolerancia a la frustración. Por ello, nunca es tarde la toma de conciencia de lo que es importante de la vida, para ejercer la eficacia y luchar por ella. No todo se obtiene a la primera.
 
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